Cierre de Crucianelli tensiona al cordobesismo y expone la crisis

El cierre sorpresivo de Crucianelli dejó a unos 20 trabajadores sin empleo y volvió a exhibir el deterioro de la industria metalmecánica cordobesa. El episodio también reavivó las diferencias internas en el cordobesismo frente al gobierno nacional.

“El tiempo de producir ha llegado”, decía Juan Domingo Perón al impulsar la industrialización sustitutiva en la Argentina de posguerra. Ocho décadas después, el cierre repentino de la tradicional autopartista Crucianelli, en Córdoba, vuelve a mostrar que la industria sigue siendo un termómetro decisivo del humor económico y político del país.

El episodio no solo dejó al descubierto la profundidad de la crisis que atraviesa la metalmecánica cordobesa, sino que también abrió un nuevo frente interno en el cordobesismo. Mientras los trabajadores encontraron los portones de la planta soldados y sin ningún aviso oficial de la empresa, Juan Schiaretti aprovechó la situación para cuestionar el rumbo económico de Javier Milei, en contraste con la estrategia de acercamiento que Martín Llaryora viene sosteniendo con la Casa Rosada, reforzada desde la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete.

La autopartista, ubicada sobre avenida Armada Argentina, dejó sin empleo a unos 20 operarios altamente capacitados. El impacto simbólico fue fuerte por la forma en que se produjo el cierre: los obreros llegaron a cumplir su jornada habitual y se encontraron con la fábrica completamente clausurada, con los portones soldados. No se trata, además, de un caso aislado.

En el Gobierno provincial reconocen que el problema excede ampliamente a una sola firma. La metalmecánica cordobesa arrastra meses de caída de la actividad, reducción de personal y empresas sometidas a procedimientos preventivos de crisis, en un contexto golpeado por la retracción del mercado interno y la apertura de importaciones con un dólar poco competitivo. En provincias industriales como Córdoba, ese combo suele traducirse con rapidez en suspensiones, recortes y pérdida de turnos, porque la cadena automotriz y autopartista depende de niveles de demanda y certidumbre regulatoria mucho más estables que los del consumo masivo.

El episodio, además, quedó rápidamente atravesado por la disputa política. Schiaretti publicó un mensaje en redes sociales para advertir sobre el deterioro del aparato productivo. El exgobernador sostuvo que la automotriz es una “economía regional clave” y que necesita “previsibilidad para su desarrollo”.

La industria automotriz sigue cayendo y las terminales produjeron 18,3% menos que en el primer semestre de 2025

En ese marco, reclamó a La Libertad Avanza que prorrogue las leyes de “Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo” y de “Promoción de Inversiones Automotrices”. “Argentina se ubica en el cuarto lugar en la producción de pickups en el mundo, un logro que se alcanzó gracias al esfuerzo de todos”, afirmó Schiaretti. Su mensaje buscó combinar defensa del entramado industrial cordobés con una crítica al esquema económico nacional, en una línea que en la política provincial suele traducirse en presión por reglas claras, incentivos a la inversión y protección del empleo calificado.

El pedido llegó después de una reunión de Schiaretti con el clúster automotriz de Córdoba, cuya meta central es mejorar la competitividad de toda la cadena industrial de la provincia. El posteo fue realizado 48 horas después de la foto de Llaryora con Santilli.

En sus intervenciones previas, Schiaretti ya había dejado señales de distancia con la Casa Rosada. El 24 de junio avisó que no votaría el Súper RIGI porque, según su visión, “sólo beneficia a grandes corporaciones en detrimento de otras actividades productivas”. Antes, el 12 de junio, había pedido la cabeza de Manuel Adorni: “El Gobierno nacional no puede seguir sosteniendo una mentira más”, había dicho en X. Esa secuencia muestra un posicionamiento más confrontativo frente al oficialismo nacional, en contraste con la hoja de ruta de Llaryora, que busca sostener puentes de negociación aun en medio de diferencias.

En paralelo, Llaryora viene profundizando un vínculo pragmático con Milei. La relación mejoró sensiblemente en los últimos meses a partir de acuerdos fiscales, negociaciones por obras públicas y un diálogo permanente con la Casa Rosada que le permitió recuperar fondos nacionales y exhibir una imagen de cooperación institucional. Con la llegada de Santilli, el Gobierno de Córdoba espera profundizar ese entendimiento de cara a las elecciones provinciales del año que viene.

Análisis y proyecciones: el caso Crucianelli condensa una tensión clásica de la economía argentina: cuando cae la actividad, el impacto se siente primero en las pymes industriales y en las cadenas de valor más intensivas en mano de obra. Si la demanda interna no se recupera y continúan las presiones por la competencia importada, es probable que aumenten los procedimientos preventivos de crisis, las suspensiones y los cierres parciales o definitivos en rubros vinculados a la metalmecánica. En términos políticos, la situación también puede agrandar la diferencia entre un peronismo cordobés que busca preservar margen de negociación con Nación y un sector más duro que pretende capitalizar el descontento empresario y sindical. Esa dualidad, que ya se observó en otros ciclos de recesión industrial, suele intensificarse cuando el empleo formal empieza a deteriorarse.

Por eso, en el oficialismo provincial procuran evitar cualquier confrontación directa con el Presidente, incluso cuando los indicadores económicos encienden alarmas entre empresarios y sindicatos. En ese contexto, el cierre de Crucianelli vuelve a poner a prueba ese delicado equilibrio y refleja cómo la crisis industrial puede convertirse, al mismo tiempo, en un problema productivo y en un factor de reordenamiento político dentro de Córdoba.

Evolución del tema en los últimos años: en la etapa reciente, la política industrial cordobesa osciló entre pedidos de competitividad, defensa del entramado autopartista y reclamos por estabilidad macroeconómica. Durante los años de mayor protección interna, el sector encontró cierto sostén en la demanda local y en la integración con terminales automotrices; luego, con las sucesivas crisis de consumo, inflación y falta de divisas, se acentuaron los problemas de costos y financiamiento. En 2024 y 2025, la discusión volvió a girar en torno a la apertura comercial, el régimen de inversiones y la necesidad de sostener empleo calificado. En ese recorrido, Schiaretti tendió a endurecer su discurso frente a la Nación, mientras Llaryora consolidó una posición más negociadora, enfocada en obtener recursos y obras sin romper la interlocución con el gobierno central.