Una tucumana al mando de la investigación del FMI
Silvana Tenreyro asumirá el 10 de agosto como consejera económica y directora del Departamento de Investigación del FMI. Su llegada combina un perfil académico de primer nivel con una historia familiar atravesada por la dictadura en Tucumán.En 1976, la economía argentina se hundía entre la violencia política y el derrumbe institucional, mientras en la otra punta del sistema académico global se formaban quienes décadas después definirían buena parte del debate económico mundial. En ese recorrido aparece Silvana Tenreyro, tucumana, graduada de la Universidad Nacional de Tucumán, doctora en Harvard y ahora designada para uno de los cargos técnicos más influyentes del Fondo Monetario Internacional.
Tenreyro asumirá el 10 de agosto como consejera económica y directora del Departamento de Investigación del FMI, en reemplazo de Pierre Olivier Gourinchas. El organismo la presentó en Washington con los atributos habituales de la alta tecnocracia: excelencia académica, liderazgo intelectual y trayectoria en política económica. Kristalina Georgieva la describió como una globally respected economist y destacó su paso por bancos centrales, universidades e instituciones internacionales.
El puesto no es menor. Desde allí se organiza la lectura técnica del Fondo sobre inflación, crecimiento, deuda, comercio, crisis externas y programas de estabilización. Por eso su designación adquiere una relevancia especial en un contexto sensible para la Argentina, país que sigue discutiendo los costos y alcances de la relación con el organismo multilateral.
Su recorrido académico y profesional es amplio. Se recibió de economista en la Universidad Nacional de Tucumán en 1997. Luego cursó una maestría en Harvard en 1999 y obtuvo el doctorado en 2002, con Alberto Alesina, Robert Barro y Kenneth Rogoff como directores. Tras graduarse, se instaló en Massachusetts; de hecho, la crisis de 2001 la encontró afuera, observando desde Harvard el colapso de la convertibilidad y la crisis argentina.
Antes de ese salto internacional, había estudiado en el colegio Santa Rosa de Tucumán y trabajado como asistente de investigación de Víctor “Turco” Elías, uno de los economistas tucumanos más reconocidos. En 2017, cuando fue designada en el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, La Gaceta la definió como una “chica 10” tucumana y recordó que había tenido uno de los mejores promedios en la UNT y experiencia previa en bancos centrales.
Su carrera después tomó escala global. Fue economista de la Reserva Federal de Boston entre 2002 y 2004. En 2004 se incorporó a la London School of Economics, donde pasó por los rangos de lecturer, reader y profesora, y desde 2025 ocupa la cátedra James E. Meade. También integró el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra entre 2017 y 2023, fue miembro externo del comité del Banco Central de Mauricio entre 2012 y 2014, visitó académicamente el Banco Central Europeo y desde 2023 formó parte del grupo asesor externo de la directora gerente del FMI.
Su hoja de vida también acumula reconocimientos. Fue presidenta de la European Economic Association entre 2021 y 2022, es fellow de la British Academy, de la Econometric Society y de la Royal Economic Society. En 2023 recibió la distinción de Comandante de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la economía. Antes obtuvo el premio Yrjö Jahnsson en 2021, el Birgit Grodal en 2022 y el Bernhard Harms en 2025. Entre sus áreas de trabajo aparecen la política monetaria, el comercio internacional, la volatilidad, el desarrollo, el Brexit, la dominancia del dólar, la fragmentación comercial y la inflación.
Su producción académica se aparta de la mirada más rígida de la disciplina. Uno de sus aportes más citados se centra en cómo la política monetaria se transmite a la economía real: es decir, de qué modo una tasa de interés impacta sobre empleo, salarios, producción y demanda. En una entrevista con Martín Kanenguiser en Infobae, explicó que su interés era entender justamente ese mecanismo. También sostuvo que las rigideces salariales ayudan a explicar por qué una baja de tasas puede impulsar empleo y producción.
En otra definición que hoy cobra mayor peso, defendió la apertura al comercio internacional como una forma de diversificar los shocks internos. Según su mirada, las economías más abiertas y ricas suelen ser menos volátiles porque cuentan con más compradores, más proveedores y una base tecnológica más amplia. Asimismo, planteó que ante una crisis las políticas monetarias y fiscales óptimas deberían ser contracíclicas, con expansión fiscal y monetaria cuando la actividad se hunde.
La propia Tenreyro contó alguna vez por qué eligió estudiar economía: quería trabajar en políticas para combatir la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la inflación. En ese mismo relato dejó una frase que resignifica su trayectoria familiar: “mi abuelo, desaparecido en el 76, era también economista”. Se refería a Juan Eduardo Tenreyro, funcionario del gobierno peronista de Amado Juri en Tucumán.
Los registros de organismos de derechos humanos lo ubican como detenido desaparecido. El Parque de la Memoria consigna que fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en San Miguel de Tucumán, que tenía 64 años y que era contador público nacional. La Comisión Bicameral de Tucumán lo menciona como secretario de Hacienda de Amado Juri. En otros términos, integraba el poder constitucional provincial que la dictadura encabezada por Antonio Domingo Bussi arrasó.
La Comisión Bicameral describió la represión contra el gobierno justicialista tucumano como una ofensiva directa contra las autoridades constitucionales. Amado Juri permaneció detenido casi tres años y funcionarios, legisladores y dirigentes fueron encarcelados, torturados, perseguidos o desaparecidos. Entre los nombres mencionados figuran Dardo Molina, Juan Eduardo Tenreyro, Guillermo Vargas Aignasse y José Chebaia. No fue solamente una persecución ideológica: también significó la demolición de un elenco político completo.
En noviembre de 2003, el fiscal federal Emilio Ferrer acusó al exgobernador Antonio Bussi por el secuestro y la desaparición de Juan Eduardo Tenreyro. Bussi ya estaba detenido por la desaparición del exsenador peronista Guillermo Vargas Aignasse. Ferrer sostuvo que la responsabilidad penal del militar era “fuera de toda discusión y duda” y también pidió la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final por inconstitucionales.
El operativo contra Tenreyro ocurrió en la madrugada del golpe. Según el expediente, fue secuestrado en su casa de avenida Mitre 224. Quienes llegaron primero se identificaron como policías y se movilizaban en un Ford Falcon. Minutos más tarde apareció personal del Ejército bajo las órdenes del mayor Capitán, con la excusa de cumplir una orden de detención. Para el fiscal, aquel grupo no había ido a detenerlo: había ido a comprobar que la misión se hubiera cumplido.
Juan Gelman sumó una versión todavía más oscura en una contratapa de Página/12 publicada a fines de los años noventa, titulada “Revisiones”. Allí retomó el testimonio de Andrés Francisco Valdez, un preso por delitos comunes que dijo haber actuado como asesor de inteligencia. Gelman escribió que Valdez había sido enviado a Tucumán por el Batallón 601 y que quedó bajo las órdenes del coronel Ramón Fernández.
En esa columna, Gelman citó la declaración de Valdez sobre Chebaia, Vargas Aignasse, Dardo Molina y Tenreyro. Según ese relato, Tenreyro fue interrogado el 27 de marzo en la Jefatura de Policía. Valdez sostuvo que la orden había salido de Bussi y que luego fue “muerto y fondeado”. Gelman también señaló una confusión llamativa: Valdez hablaba del dique “El Acheral”, aunque en Acheral no existe un dique. La referencia real, escribió, conducía al Cadillal.
Gelman agregó otra hipótesis todavía más incómoda: en Tucumán era “secreto a voces” que Chebaia y Tenreyro habían sido secuestrados por tierras en Taco Ralo que terminaron en manos militares. La represión, entonces, no sólo disciplinaba cuerpos, partidos e instituciones; también avanzaba sobre propiedades y negocios.
Análisis y proyecciones: la llegada de Tenreyro al FMI refuerza una tendencia visible desde hace años: el organismo privilegia economistas con perfiles técnicos muy sólidos, experiencia comparada y capacidad para influir en la conversación global sobre inflación, deuda y estabilidad financiera. En el caso argentino, su designación puede ser leída como una señal de que el Fondo seguirá otorgando centralidad al enfoque de credibilidad macroeconómica, pero con una mirada más sofisticada sobre el vínculo entre tasas, actividad y empleo. En el debate internacional, sus trabajos sobre rigideces salariales, comercio e inflación la ubican dentro de una corriente que no se limita a la ortodoxia más dura, sino que incorpora fricciones reales de la economía y efectos distributivos.
Evolución del tema: en los últimos años, el FMI pasó de una etapa fuertemente asociada a programas de ajuste y condicionalidad a otra más matizada, en la que el discurso sobre crecimiento inclusivo, protección social e inflación adquirió mayor peso. En paralelo, Tenreyro también fue ampliando su influencia: del trabajo académico en macroeconomía y comercio pasó a ocupar espacios de decisión en bancos centrales y, luego, en el propio ecosistema del Fondo. Su historia familiar agrega una dimensión simbólica: mientras en los años setenta el poder provincial y militar tucumano persiguió y desapareció a funcionarios constitucionales como su abuelo, hoy una descendiente de aquella familia ocupa una de las oficinas que más incidencia tiene sobre la política económica internacional.
Ahí está el pliegue de la historia: la nieta de un funcionario peronista desaparecido por Bussi llega a la jefatura económica del FMI. La institución que durante décadas habló a la Argentina de equilibrio, disciplina y reformas tendrá como principal voz técnica a una tucumana cuya biografía familiar remite al costado más brutal del poder político y militar.
























