El Niño se consolida: es tiempo de observar, informarse y prepararse
Cuando el río Iguazú supera los 40 metros, las decisiones importantes ya llegan tarde. Los informes de los principales centros meteorológicos internacionales permiten seguir la evolución del fenómeno con anticipación. Informarse, organizarse y prepararse no significa anunciar una catástrofe: significa actuar con responsabilidad frente a un escenario que todavía está en desarrollo.
Desde comienzos de enero, en esta columna de Identidad Correntina, decidimos compartir con nuestros lectores el seguimiento del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO).
En aquel momento todavía predominaban condiciones cercanas a La Niña y las proyecciones sobre un futuro calentamiento del Pacífico estaban rodeadas de incertidumbre.
No pretendíamos anticipar una creciente, anunciar una inundación ni ocupar el lugar de los meteorólogos, climatólogos o especialistas en hidrología. Mucho menos sembrar temor.
La intención era mucho más sencilla: observar las señales, compartir los datos publicados por instituciones de reconocido prestigio internacional y comprender cómo distintos procesos oceánicos y atmosféricos podían comenzar a conjugarse.
Seis meses después, aquellas señales iniciales merecen una nueva actualización.
El Pacífico confirma la tendencia
Los últimos informes de la Oficina Australiana de Meteorología (BoM) y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) coinciden en que El Niño continúa fortaleciéndose.
El índice Niño 3.4, utilizado para medir la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial, ya supera ampliamente los valores considerados compatibles con un episodio de El Niño.
Pero más importante que el número es la tendencia.
Desde abril hasta hoy el calentamiento fue sostenido. Los modelos climáticos internacionales indican que este proceso podría continuar durante el invierno austral y proyectarse hacia la primavera.
Las ondas Kelvin y los vientos alisios
Desde esta columna también seguimos la evolución de las ondas Kelvin cálidas, enormes masas de agua caliente que viajan por debajo de la superficie del Pacífico y que favorecen el aumento de la temperatura del océano.
Al mismo tiempo, los vientos alisios comenzaron a debilitarse, permitiendo que esa masa de agua cálida avance hacia las costas de Sudamérica.
Los especialistas explican que, cuando el océano y la atmósfera comienzan a reforzarse mutuamente, el fenómeno adquiere mayor consistencia.
Eso es precisamente lo que hoy observan los principales centros internacionales.
La atención vuelve a las grandes cuencas
Mientras el Pacífico continúa calentándose, los modelos meteorológicos muestran nuevos episodios de lluvias y tormentas sobre amplios sectores del centro y sur de Sudamérica.
Para Corrientes interesa especialmente lo que ocurra en las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay, Iguazú y Uruguay.
Los ríos no responden solamente a la lluvia que cae sobre nuestra provincia.
También dependen de las precipitaciones registradas cientos de kilómetros aguas arriba, en Brasil, Paraguay, Bolivia y en toda la extensa Cuenca del Plata.
Por eso cada frente de tormenta merece ser observado con atención.
No porque anuncie una inundación, sino porque forma parte de un escenario climático que continúa evolucionando.
La primavera será una etapa clave
Los antecedentes muestran que los efectos más importantes de El Niño sobre nuestra región suelen manifestarse durante la primavera y el verano.
Sin embargo, ningún episodio es exactamente igual a otro.
Intervienen numerosos factores atmosféricos y oceánicos que pueden modificar la intensidad, la distribución y el comportamiento de las lluvias.
Por esa razón, sería irresponsable afirmar hoy que ocurrirá una gran creciente.
Pero también sería un error ignorar que los organismos internacionales observan un fortalecimiento sostenido del fenómeno y que las probabilidades de un escenario más húmedo aumentan para los próximos meses.
Informar para ganar tiempo
En tiempos donde la información circula a una velocidad extraordinaria, resulta fundamental distinguir entre los datos objetivos y las especulaciones.
Los pronósticos climáticos no son profecías.
Son herramientas científicas que permiten anticipar escenarios probables para que la sociedad, las instituciones y los organismos responsables puedan prepararse.
Informarse no significa alarmarse.
Prepararse no significa afirmar que una catástrofe ocurrirá.
Significa aprovechar el tiempo que brindan la ciencia y la tecnología para tomar mejores decisiones.
Porque cuando el río Iguazú supera los 40 metros, las decisiones más importantes ya deberían haber sido tomadas.
Una columna que comenzó en enero
Cuando iniciamos este seguimiento, el calentamiento del Pacífico era apenas una posibilidad.
Hoy, seis meses después, los principales centros meteorológicos del mundo coinciden en que El Niño se está consolidando.
No tuvimos una bola de cristal.
Simplemente seguimos, semana tras semana, los informes científicos disponibles.
Y eso mismo seguiremos haciendo.
Con prudencia.
Con datos.
Sin alarmismo.
Pero también sin esperar que el agua llegue a la puerta para comenzar a preguntar qué está pasando.
Porque la prevención siempre empieza mucho antes de la emergencia.






















