Caputo presentó un plan de deuda con foco en el mercado local
El Gobierno expuso la hoja de ruta para cubrir vencimientos por más de USD 51.600 millones entre 2026 y 2027. El esquema se apoya en organismos multilaterales, préstamos bancarios, colocaciones en el mercado local y privatizaciones aún en definición.“La historia de la deuda argentina está hecha de renegociaciones, canjes y apuestas a último momento”, suele resumirse en el debate económico local, y la nueva hoja de ruta presentada por Luis Caputo vuelve a colocar ese clásico en el centro de la escena. Con un vencimiento inmediato de USD 4.400 millones y compromisos por USD 51.600 millones hasta 2027, el Gobierno expuso su estrategia para atravesar el tramo más exigente del calendario financiero sin volver, por ahora, a los mercados voluntarios de deuda.
El programa fue presentado en una conferencia de prensa de Caputo junto al viceministro José Luis Daza y al secretario de Finanzas, Federico Furiase, en el Palacio de Hacienda. Según explicó el equipo económico, el plan no contempla un regreso inmediato a la emisión internacional tradicional, ya que el ministro afirmó que no convalidará las tasas que, según señaló, hoy exige Wall Street.
La foto oficial dejó además un vacío relevante: la deuda del Banco Central no fue incluida en la hoja de ruta del Tesoro. Ese punto no es menor, porque en Argentina la coordinación entre Hacienda y el BCRA suele ser decisiva para sostener cualquier programa financiero. En este caso, el gran frente omitido vuelve a ser el swap con China, un instrumento que en los últimos años se transformó en una pieza clave para reforzar reservas y administrar tensiones externas.
La lectura inicial del mercado fue ambivalente. Por un lado, el esquema parece factible; por el otro, depende de múltiples condiciones que no están completamente bajo control del Gobierno. No se trata de una apuesta temeraria, pero tampoco de un sendero despejado. El propio equipo económico admitió que el financiamiento descansará sobre “fuentes alternativas” a los mercados voluntarios: organismos multilaterales, préstamos directos de bancos internacionales, privatizaciones todavía sin valuación definitiva y, sobre todo, bonos en dólares que Economía espera colocar en el mercado local.
Caputo, además, apeló a una lectura contable para mostrar una reducción de USD 20.000 millones en la deuda externa. En esa misma línea, sostuvo: “Volver a los mercados para nosotros es simplemente una opción más, no es un objetivo. El objetivo es refinanciar vencimientos a la menor tasa de interés posible”.
Lo más urgente es el pago del 9 de julio por USD 4.400 millones. Economía señaló que lo afrontará con los fondos que el Tesoro tiene depositados en el Banco Central, casi USD 3.900 millones, y con un préstamo de bancos extranjeros respaldado por garantías del Banco Mundial y del BID. Sin embargo, todavía no se informaron cuáles serán esas entidades financieras, cuál será la tasa final ni en qué momento exacto llegará el desembolso. En el mercado descuentan que el dinero aparecerá en las próximas horas, aunque la ansiedad se mide minuto a minuto.
Para respaldar ese crédito, Argentina presentó garantías obtenidas de organismos multilaterales. El Banco Mundial aprobó una cobertura por USD 2.000 millones y el BID aportó una garantía por USD 550 millones. Furiase agregó que trabajan por otros USD 1.000 millones adicionales. En el Gobierno calculan que esas coberturas podrían habilitar montos incluso superiores a los anunciados inicialmente.
La fuente que más pesa, de todos modos, es el mercado local en dólares. Allí el Tesoro busca captar los billetes que permanecen fuera del sistema o en cuentas, y convertirlos en financiamiento del sector público. Hasta ahora lo hizo con los bonos AO27 y AO28. La próxima jugada sería lanzar un AO29 en la licitación de la semana próxima, con un monto máximo total de USD 2.000 millones, sin el tope de colocación que regía hasta ahora.
Para lo que resta de 2026, Economía presentó necesidades por USD 19.200 millones. De ese total, USD 9.300 millones corresponden a vencimientos de capital y USD 8.900 millones a intereses. Dentro del capital figuran USD 1.100 millones con el FMI, USD 2.400 millones en Bonares, USD 3.000 millones en Globales y USD 2.700 millones con organismos internacionales, sin contar al Fondo. También se registra una capitalización del Banco Central por USD 1.000 millones.
Del lado de las fuentes, el Gobierno anotó USD 22.900 millones. El cálculo incluye USD 6.700 millones por compras de dólares al Banco Central, USD 800 millones por rollover intra sector público, USD 4.000 millones en préstamos con garantía de organismos internacionales, USD 1.900 millones de desembolso del FMI, USD 2.800 millones de otros organismos, USD 6.000 millones en emisiones locales y USD 800 millones por privatizaciones. Con esa combinación, Caputo proyecta un excedente de USD 3.700 millones como colchón para 2027, un año todavía más exigente con vencimientos cercanos a USD 25.000 millones.
Las privatizaciones aparecen como uno de los capítulos más frágiles del plan. En la hoja oficial figuran USD 800 millones para este año. Caputo mencionó a AySA, a las termoeléctricas Belgrano y San Martín y a las “hidroeléctricas restantes, que serían concesionadas”. Luego moderó la expectativa al señalar que se trata de un número conservador y que, entre los dos años, el rango podría ubicarse entre USD 500 millones y USD 1.000 millones. También admitió que todavía no cuenta con las valuaciones de las empresas públicas.
Para 2027, la cuenta vuelve a escalar con fuerza. Los vencimientos llegan a USD 24.900 millones. La primera fuente sería el colchón de USD 3.700 millones que Economía prevé dejar este año. A eso se sumarían USD 4.900 millones de compras al Banco Central, USD 1.800 millones de rollover intra sector público, USD 1.700 millones de desembolsos del FMI, USD 4.200 millones de organismos internacionales, USD 5.000 millones de emisiones locales, USD 1.500 millones por privatizaciones y USD 2.000 millones de otras fuentes de financiamiento.
El equipo económico también mencionó para el año electoral una fuente bilateral por USD 2.000 millones que viene negociando desde hace meses, aunque no precisó qué país podría aportar esos fondos. En paralelo, Caputo descartó el regreso al mercado voluntario de deuda y recordó que, según dijo, le ofrecieron emitir USD 5.000 millones a diez años al 12,5%, mientras que con su diseño consigue financiamiento al 6% a diez años.
En la City, la reacción osciló entre el alivio y el escepticismo. Algunos operadores celebraron que exista una hoja de ruta definida, aunque advirtieron que el plan depende de múltiples piezas móviles: bancos que presten, organismos que garanticen, privatizaciones que avancen y ahorristas dispuestos a comprar deuda en dólares. En otras palabras, el éxito del programa está atado a que distintas fuentes de financiamiento se activen al mismo tiempo.
En paralelo, el gran ausente de la conferencia fue la deuda del Banco Central. Allí reaparece el swap con China, cuyo acuerdo marco equivale a más de USD 19.000 millones y vence este año. Además, existe un tramo activado de alrededor de USD 5.000 millones y un remanente de uso que el BCRA redujo de manera significativa durante 2025 y comienzos de 2026, hasta ubicarlo en poco más de USD 2.200 millones. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dijo que no hay plan para desactivar el swap y que buscará renovarlo por otros tres años, pero ese capítulo quedó fuera del programa del Tesoro.
Análisis y proyecciones: el esquema presentado por Caputo busca ganar tiempo y credibilidad en un contexto en el que Argentina arrastra una larga historia de restricciones externas. La fortaleza del plan reside en que ordena vencimientos y explicita fuentes; su debilidad, en cambio, es que depende de condiciones financieras, políticas y cambiarias muy sensibles. Si el mercado local responde y los bancos desembolsan a tiempo, el Gobierno podría atravesar 2026 con mayor holgura. Pero si alguna de esas piezas falla, el margen de maniobra se achica rápido. En términos más amplios, el programa apuesta a una descompresión gradual del riesgo país, a mejorar la señal de repago y a evitar una vuelta prematura a una financiación externa demasiado cara.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, la estrategia argentina frente a la deuda osciló entre canjes, reestructuraciones, controles cambiarios y acuerdos parciales con organismos multilaterales. En esa transición, el peso del mercado local en dólares ganó protagonismo como válvula de escape, mientras que el financiamiento externo tradicional quedó condicionado por tasas elevadas y desconfianza. En esta etapa, el Gobierno pasó de depender casi por completo de señales de emergencia a intentar construir una narrativa de financiamiento más previsible, aunque todavía apoyada en instrumentos transitorios y en una arquitectura de apoyos que sigue siendo frágil.
La escena final, entonces, es clara: Caputo consiguió armar un relato ordenado para la deuda, algo valioso en un mercado acostumbrado a mirar el calendario con desconfianza. Pero el programa descansa sobre un equilibrio muy fino: bancos que efectivamente presten, organismos que sostengan garantías, privatizaciones que encuentren comprador, el Banco Central que acompañe con dólares y ahorristas que acepten financiar al Tesoro.






















