Cuando los gigantes se ponen nerviosos... el Jagua levanta la cabeza

Por Jagua Arandú – Identidad Correntina

El Jagua siempre dice que no sabe de balances, de ganancias por acción ni de esos gráficos de Wall Street que parecen electrocardiogramas. Para eso están los economistas y los analistas.

Pero hay algo que los años enseñan. Y es que, cuando uno ya vio pasar unas cuantas crecientes y unas cuantas secas, aprende que antes de que cambie el paisaje... primero cambia el ruido del monte.

En estos días muchos hablan de la fuerte caída de las acciones de IBM. Los especialistas encontrarán razones técnicas. Que ganó menos de lo esperado. Que el mercado esperaba otra cosa. Que la inversión en inteligencia artificial. Todo eso seguramente es cierto.

Pero el Jagua se hace otra pregunta.

¿Qué están viendo los grandes inversores de aquí a cinco o diez años?

No tengo la respuesta. Apenas la curiosidad.

El recuerdo de las primeras computadoras

Permítanme contar una historia.

A principios de los años ochenta tuve la suerte de vender algunas de las primeras computadoras XT y, después, las AT. Eran tiempos en que recién aparecían las redes informáticas y había que explicar para qué servía una computadora.

Uno hablaba de controlar el stock, hacer balances, emitir listas de precios, ordenar la administración.

Las empresas que estaban sólidas económicamente compraban IBM y software original. Era mucho más caro que las máquinas "compatibles" que llegaban desde Taiwán.

Con el tiempo, cuando me tocaba hacerles el servicio técnico, descubrí algo que me hizo pensar.

Muchas de aquellas computadoras tenían componentes fabricados justamente... en Taiwán.

Entonces entendí que IBM no vendía solamente una computadora.

Vendía confianza.

Vendía tranquilidad.

Vendía la seguridad de que el empresario podía dormir tranquilo porque había elegido la marca que representaba el liderazgo tecnológico de aquella época.

Y ganó toda la plata que quiso.

Ningún gigante es eterno

La historia, sin embargo, enseña otra cosa.

Hubo empresas que parecían eternas.

Kodak dominó la fotografía.

Nokia parecía invencible en los teléfonos celulares.

BlackBerry era sinónimo de comunicación empresarial.

Y, sin embargo, el mundo cambió.

No porque hicieran malos productos.

Sino porque apareció una tecnología distinta que modificó las reglas del juego.

Hoy nadie puede afirmar que IBM vaya por ese camino. Sería irresponsable decirlo.

IBM sigue siendo una empresa enorme, con clientes en todo el mundo, con investigación, con inteligencia artificial, computación cuántica y décadas de experiencia.

Pero cuando una empresa de ese tamaño transmite cierta preocupación por el ritmo de los cambios, el Jagua, por lo menos, presta atención.

Tal vez no esté cambiando una empresa.

Tal vez esté cambiando una época.

Y ahí aparece la inteligencia artificial.

No como una moda.

Sino como una transformación que todavía nadie termina de comprender.

Quizá los grandes fondos de inversión ya no estén mirando únicamente el balance del próximo trimestre.

Tal vez estén intentando imaginar quién dominará el negocio dentro de diez años.

No lo sé.

Pero esa posibilidad merece ser pensada.

Mirar más allá de IBM

Tal vez IBM sea apenas un ejemplo.

Basta observar lo que ocurre en la industria automotriz.

Durante décadas hubo marcas que parecían inalcanzables.

Hoy los fabricantes chinos comenzaron a disputar el liderazgo mundial con vehículos eléctricos, baterías y nuevos modelos de producción.

Hace apenas unos años parecía imposible.

Hoy forma parte de la realidad.

El ruido del monte

El Jagua no pretende dar lecciones.

Al contrario.

Cuanto más pasan los años, más preguntas aparecen.

Pero aprendí una cosa.

Cuando los gigantes empiezan a moverse de manera diferente...

Cuando los mercados reaccionan con tanta fuerza...

Cuando empresas centenarias hablan de inteligencia artificial como prioridad absoluta...

Tal vez no estemos viendo solamente una caída de acciones.

Tal vez estemos presenciando el nacimiento de un nuevo ciclo tecnológico.

Y la historia demuestra que esos cambios no suelen anunciarse con bombos y platillos.

Empiezan casi en silencio.

Como ese ruido extraño en el monte que hace levantar la cabeza al Jagua.

Porque el que vive en el campo sabe que, antes de que aparezca el animal, primero cambia el viento.

Y, a veces, entender ese cambio vale mucho más que mirar el precio de una acción.