Aranceles de Estados Unidos tensan la previa electoral en Brasil

Flavio Bolsonaro pidió a Washington postergar un arancel del 25% contra Brasil hasta después de las elecciones, en medio de una fuerte disputa política con Lula. El presidente respondió con duras críticas y acusó a la familia Bolsonaro de actuar en favor de intereses externos.

«La historia de América Latina está marcada por tensiones recurrentes entre soberanía económica y presión externa», una vieja discusión que vuelve a escena en Brasil en plena campaña presidencial y con los aranceles de Estados Unidos como nuevo eje de disputa.

La novedad de los aranceles de Estados Unidos a Brasil y el rol de Flavio Bolsonaro abrieron un nuevo capítulo en la antesala de las elecciones presidenciales de octubre.

El candidato de la derecha brasileña envió un documento a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos en el que le pidió a Donald Trump que no aplique aranceles del 25% contra Brasil, al considerar que esa medida beneficiaría a Lula de cara a los comicios. Además, sugirió postergarlos para después del proceso electoral.

«Los aranceles propuestos recompensarían al actual gobierno brasileño precisamente por la estrategia que ha adoptado: obstaculizar las negociaciones serias, provocar represalias de Washington y luego transformar esas represalias en una victoria política interna», dijo Flavio, en un reclamo explícito de intervención de Trump en la campaña.

Lula le saca diez puntos a Flavio Bolsonaro y ganaría en segunda vuelta.

En ese contexto, Lula publicó en sus redes que «es inaceptable que la familia Bolsonaro, con su entreguismo, quiera someter a Brasil a los intereses de Estados Unidos, como queda claro en el documento enviado hoy por uno de sus integrantes al gobierno norteamericano».

Los aranceles propuestos recompensarían al actual gobierno brasileño precisamente por la estrategia que ha adoptado: obstaculizar las negociaciones serias, provocar represalias de Washington y luego transformar esas represalias en una victoria política interna

«Nosotros siempre vamos a dialogar de igual a igual con cualquier nación del mundo. Pedir que el tarifazo contra nuestro país sea pospuesto para después de las elecciones es una actitud más de traidores a la Patria», agregó.

El debate sobre aranceles y comercio exterior no es nuevo en Brasil: durante años, la discusión sobre apertura, proteccionismo y competitividad atravesó tanto a gobiernos de derecha como de centroizquierda, especialmente en sectores sensibles como la industria y el agro. En la última década, además, el Mercosur volvió a ocupar un lugar central por la negociación de acuerdos con grandes bloques y por las tensiones internas sobre cuánto ceder en nombre de la integración.

El líder brasileño sostuvo que «nunca ha habido ni hay ninguna justificación para un tarifazo ahora o después. Lo más absurdo es saber que el origen de todo esto fue motivado por la propia familia Bolsonaro, que defendió públicamente el aumento de tarifas contra los productos brasileños».

Nunca ha habido ni hay ninguna justificación para un tarifazo ahora o después. Lo más absurdo es saber que el origen de todo esto fue motivado por la propia familia Bolsonaro, que defendió públicamente el aumento de tarifas contra los productos brasileños

«Defender el fin del Mercosur, el bloque económico más importante de América Latina y que acaba de firmar un acuerdo histórico con la Unión Europea, es otro ataque al interés del pueblo brasileño», remarcó.

«Como si no bastara, quieren entregar el Pix a intereses extranjeros. No lo van a conseguir. El Pix es una conquista de Brasil y no vamos a renunciar a él. Nuestra Patria no está en venta. Nuestra soberanía es innegociable. Brasil es de los brasileños», concluyó.

En los últimos años, la postura de los actores principales fue endureciéndose: Lula volvió a poner el acento en la defensa de la soberanía económica y en la integración regional, mientras el bolsonarismo se alineó con una visión más liberal en comercio exterior y más cercana a Washington. Esa divergencia, que ya se expresó en debates sobre el Mercosur, ahora reaparece conectada con una campaña electoral altamente polarizada.

Análisis y proyecciones: el episodio puede reforzar dos tendencias a la vez. Por un lado, le permite a Lula posicionarse como defensor de la autonomía nacional frente a la injerencia externa; por el otro, expone a Flavio Bolsonaro al costo político de aparecer asociado a una eventual presión extranjera sobre la elección. Si la economía no muestra sobresaltos, la narrativa de soberanía suele ser electoralmente rentable en Brasil, especialmente cuando se la contrapone con la idea de subordinación. En ese escenario, cualquier señal de apoyo a medidas impopulares desde el exterior puede terminar profundizando la ventaja oficialista y complicando aún más la remontada opositora.

El apoyo de Flavio a los aranceles contra Brasil, sumado a la cercanía del hijo mayor de Bolsonaro con el banquero estafador Daniel Vorcaro, desplomó la intención de voto del candidato de la derecha, que según el último sondeo de Atlas está diez puntos abajo de Lula en la primera vuelta.