Sin votos para eliminar las PASO, el Gobierno recalcula su estrategia y las colectoras pierden impulso

La reforma política que imaginó la Casa Rosada comenzó a tropezar con la realidad parlamentaria. A pocos meses de que el Gobierno pretendiera avanzar con una profunda modificación del sistema electoral, la eliminación de las PASO aparece hoy como un objetivo lejano y la alternativa de habilitar listas colectoras, concebida como herramienta de negociación con los gobernadores, también empieza a diluirse.

En el Senado, donde el oficialismo necesita construir mayorías que todavía no posee, el panorama es adverso. La Libertad Avanza no logra reunir los votos suficientes para derogar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias y tampoco encuentra respaldo sólido entre los bloques que hasta ahora acompañaron buena parte de la agenda legislativa del Gobierno.

La resistencia no proviene únicamente del peronismo. También desde el PRO, la UCR y distintos espacios provinciales comenzaron a surgir cuestionamientos tanto al momento elegido para impulsar la reforma como al contenido de las modificaciones propuestas.

La contradicción de las colectoras

La principal carta que empezó a evaluar el oficialismo fue habilitar listas colectoras en cada provincia como mecanismo para atraer a gobernadores y dirigentes territoriales. Sin embargo, esa herramienta encierra una fuerte contradicción política.

Durante años, los principales referentes libertarios criticaron las colectoras por considerarlas una distorsión del sistema electoral y un mecanismo funcional a las estructuras tradicionales de poder. Hoy, frente a la necesidad de construir acuerdos, esa misma herramienta aparece sobre la mesa como posible moneda de cambio.

Las dudas también atraviesan al propio oficialismo. La ministra Patricia Bullrich admitió públicamente que las colectoras no representan el modelo electoral que considera ideal y las definió como un "retroceso", aunque luego relativizó esa posición al sostener que aún no existe una alternativa superadora capaz de garantizar los acuerdos necesarios.

Gobernadores con escaso entusiasmo

La estrategia tampoco encuentra demasiados socios en las provincias.

Varios gobernadores comenzaron a transmitirle al Gobierno que no están dispuestos a respaldar un esquema que altere las reglas electorales a pocos meses del inicio del calendario hacia 2027.

Entre quienes ya hicieron conocer sus reservas aparecen el tucumano Osvaldo Jaldo, el misionero Hugo Passalacqua y el chubutense Ignacio Torres, dirigentes con realidades políticas muy diferentes, pero coincidentes en rechazar las colectoras como mecanismo electoral.

El mensaje resulta claro: los mandatarios provinciales no están dispuestos a modificar sus propios sistemas de competencia únicamente para resolver un problema estratégico del oficialismo nacional.

El reloj legislativo juega en contra

Otro factor comienza a pesar cada vez más: el tiempo.

En los bloques dialoguistas recuerdan que el entendimiento original contemplaba discutir cualquier modificación electoral durante el primer semestre del año. Ese plazo ya quedó atrás y cada semana que transcurre reduce el margen político para avanzar con cambios de semejante magnitud.

La prioridad legislativa del Gobierno pasó a concentrarse ahora en otras iniciativas consideradas urgentes, como la negociación por el régimen de zonas frías y la ingeniería financiera necesaria para sostener otras leyes que deberán debatirse durante los próximos meses.

En ese contexto, la reforma electoral dejó de ocupar el centro de la agenda.

El Presupuesto 2027 condiciona la discusión

El calendario también impone una fecha decisiva: el 15 de septiembre.

Ese día el Poder Ejecutivo deberá enviar al Congreso el proyecto de Presupuesto 2027. Allí necesariamente deberá contemplar los recursos destinados a organizar las elecciones nacionales.

Si para entonces no existe una definición legislativa sobre la continuidad o eliminación de las PASO, el Gobierno estará obligado a presupuestar el sistema vigente, lo que implicaría asumir el costo político y económico de unas primarias que precisamente buscaba eliminar.

Esa circunstancia reduce considerablemente el margen de maniobra oficial y traslada cualquier eventual reforma hacia los últimos meses del año, cuando el debate presupuestario suele monopolizar la actividad parlamentaria y dificulta la aprobación de iniciativas complejas.

Una negociación abierta

En la Casa Rosada nadie da por cerrada la discusión. Continúan explorándose distintas alternativas: eliminar las PASO, transformarlas en voluntarias, restringirlas a los afiliados partidarios o modificar progresivamente su esquema de financiamiento estatal.

Sin embargo, todas esas opciones enfrentan hoy el mismo obstáculo: la falta de consensos políticos.

Lo que comenzó como una reforma presentada casi como una decisión tomada terminó convirtiéndose en una compleja negociación donde cada voto vale más que cualquier convicción doctrinaria.

Mientras tanto, el oficialismo deberá decidir si insiste con una reforma que hoy parece carecer de respaldo suficiente o si posterga la discusión para concentrarse en los desafíos económicos y presupuestarios que dominarán el segundo semestre. En política, como suele ocurrir, el calendario termina imponiendo condiciones incluso a quienes llegaron prometiendo cambiar las reglas del juego.