Colectoras y reelección: la nueva ingeniería electoral con la que Milei busca ampliar su poder sin perder el control

La política argentina vuelve a discutir las reglas del juego. Mientras el Gobierno impulsa la eliminación definitiva de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en los despachos de la Casa Rosada comenzó a tomar forma una alternativa que podría modificar el mapa electoral de 2027: un sistema de listas colectoras adaptado a la Boleta Única de Papel.

Detrás de la discusión técnica se esconde una decisión profundamente política. El oficialismo ya no piensa únicamente en las elecciones legislativas. La mirada está puesta en la continuidad del proyecto libertario y en la reelección de Javier Milei.

La estrategia refleja, además, un cambio significativo respecto de los primeros meses de gestión. El Gobierno que llegó prometiendo romper con "la casta" hoy necesita construir acuerdos con gobernadores, dirigentes territoriales y partidos tradicionales para sostener su mayoría legislativa y ampliar su base de sustentación política.

La pregunta ya no es si habrá alianzas. La pregunta es bajo qué condiciones se construirán.

El desafío de contener sin ceder

La Libertad Avanza enfrenta un dilema que atraviesa a todos los oficialismos cuando comienzan a consolidarse como fuerza de poder.

Necesita sumar dirigentes con estructura territorial, experiencia electoral y capacidad de movilización, pero al mismo tiempo procura evitar que esos socios adquieran un peso suficiente como para disputar el liderazgo interno.

Es allí donde aparece el sistema de colectoras.

La propuesta permitiría que partidos como el PRO, sectores de la UCR o fuerzas provinciales acompañen la candidatura presidencial de Milei conservando listas propias para competir por bancas legislativas.

En otras palabras, el Presidente concentraría los votos nacionales mientras cada aliado defendería sus intereses locales sin romper la coalición.

Es una arquitectura pensada para ampliar la alianza sin diluir la conducción.

El fin de las PASO cambia toda la lógica

Durante más de una década, las PASO funcionaron como un mecanismo para ordenar las internas partidarias y legitimar candidaturas.

Su eventual eliminación obligaría a construir un nuevo instrumento que evite fracturas dentro del espacio oficialista.

Las colectoras aparecen como esa válvula de escape.

Permitirían canalizar las diferencias sin trasladarlas a una primaria abierta, preservando la unidad alrededor de la figura presidencial.

Desde la óptica libertaria, además, significan un ahorro económico y una simplificación del calendario electoral.

Para la oposición, en cambio, podrían convertirse en una herramienta que fortalezca al oficialismo y concentre aún más el poder político alrededor del Presidente.

El delicado equilibrio de Karina Milei

Si Javier Milei representa la conducción política del proyecto, Karina Milei se consolidó como la principal arquitecta del armado electoral.

Su prioridad consiste en evitar que la incorporación de nuevos aliados termine reproduciendo las viejas disputas internas que caracterizaron a otras coaliciones de gobierno.

La experiencia de Juntos por el Cambio funciona como un espejo que el oficialismo observa con atención.

La competencia permanente entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica terminó debilitando la autoridad política del espacio.

En La Libertad Avanza buscan evitar ese escenario.

La idea es abrir la puerta a nuevos socios, pero mantener bajo control el diseño de las candidaturas nacionales.

Los gobernadores, otra vez en el centro de la escena

Ninguna reforma electoral puede prosperar sin acuerdos políticos.

Y esos acuerdos pasan inevitablemente por las provincias.

Los gobernadores necesitan preservar sus liderazgos locales y sus bloques legislativos.

El Gobierno necesita sus votos en el Congreso y su respaldo institucional.

Las colectoras aparecen entonces como una herramienta de negociación.

Cada mandatario podría mantener su identidad política provincial mientras acompaña la candidatura presidencial libertaria.

El beneficio sería mutuo.

La Casa Rosada ampliaría su base electoral.

Las provincias conservarían autonomía.

Una jugada con riesgos

La ingeniería electoral nunca es neutral.

Modificar las reglas puede producir efectos inesperados.

Si el oficialismo habilita demasiadas listas, corre el riesgo de dispersar el voto legislativo.

Si restringe excesivamente las colectoras, muchos aliados podrían exigir lugares asegurados dentro de las listas oficiales.

Existe además un desafío constitucional, especialmente en la elección de senadores, donde la fragmentación podría terminar favoreciendo a la oposición.

Toda reforma deberá encontrar un delicado equilibrio entre competitividad, representación y gobernabilidad.

El verdadero debate

Más allá de las discusiones jurídicas, el debate de fondo es político.

El oficialismo parece haber comprendido que para gobernar y proyectarse hacia un segundo mandato no alcanza con la legitimidad presidencial ni con el respaldo de la opinión pública.

También hacen falta organización territorial, dirigentes propios, acuerdos parlamentarios y una coalición suficientemente amplia para sostener el poder.

Paradójicamente, el Gobierno que irrumpió prometiendo terminar con las viejas prácticas de la política hoy diseña una sofisticada ingeniería electoral para administrar alianzas, distribuir poder y contener intereses diversos.

No implica necesariamente una contradicción. Puede interpretarse, más bien, como la evolución natural de un movimiento que dejó de ser una fuerza de protesta para convertirse en un proyecto de gobierno que piensa en el largo plazo.

La batalla que comienza no será solamente por los votos de 2027. También será por las reglas con las que esos votos se transformarán en poder político. Y en esa discusión, el oficialismo intenta llegar con la iniciativa antes que sus adversarios.