¿El Tío Donald sigue siendo el Cherubicha Guazú?

Yo no lo sé.

Y cuando uno no sabe, lo mejor es dejar de gritar y empezar a mirar.

Eso intenta hacer este viejo Jagua Arandú desde hace varios meses.

Mientras muchos andan entretenidos con la pelea del día, hay señales que aparecen en distintos rincones del mundo y, aunque parezcan desconectadas, comienzan a formar un mismo dibujo.

Me preocupa Europa soportando olas de calor cada vez más intensas.

Me preocupa la evolución del ENSO 3.4 y las proyecciones climáticas que vienen difundiendo especialistas como el ingeniero Eduardo Sierra, junto con centros meteorológicos brasileños.

Me preocupa observar mapas que muestran lluvias muy abundantes sobre las cuencas del Alto Paraná, del río Paraguay, del Pilcomayo y del Bermejo.

Me preocupa seguir diariamente los niveles de los embalses de las grandes represas, desde el Brasil hasta Itaipú y Yacyretá.

Y, sobre todo, me preocupa una escena que no aparece en ningún informe científico.

En los esteros, en las lagunas y en los bañados, el bicherío parece saber antes que nosotros cuándo algo está cambiando. Carpinchos, ciervos, zorros, aves y hasta los reptiles empiezan a buscar con tiempo los lugares altos.

Los que vivimos cerca de la naturaleza aprendimos a respetar esas señales.

Al mismo tiempo, el mundo también parece moverse hacia terrenos desconocidos.

Estados Unidos intenta mantener un liderazgo que ejerció durante décadas. China avanza en tecnología e industria. Rusia continúa desafiando el equilibrio militar. Medio Oriente vuelve a convertirse en un foco permanente de tensión. La carrera por los semiconductores, la inteligencia artificial, la energía y los minerales estratégicos ya forma parte de una nueva disputa global.

Entonces vuelve la pregunta.

¿Sigue siendo Donald Trump el "Cherubicha Guazú" del mundo?

No tengo la respuesta.

Lo que sí creo es que estamos entrando en una época donde ningún líder, por poderoso que sea, puede controlar al mismo tiempo el clima, la economía, la energía, la tecnología y las tensiones geopolíticas.

Por eso prefiero observar los datos antes que los discursos.

Porque cuando el río cambia de color, cuando el monte se mueve y cuando el bicherío empieza a buscar las lomadas, el hombre prudente presta atención.

Después podrá venir la creciente... o no.

Pero ignorar las señales nunca fue una buena estrategia.