Eleonora Wexler recorrió el Festival de Mérida y mostró sus escenarios romanos
La actriz argentina compartió postales de su paso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, en una edición marcada por la convivencia entre patrimonio romano y puesta en escena contemporánea. Sus imágenes recorrieron algunos de los íconos históricos de la ciudad extremeña.“Toda gran ciudad lleva sus ruinas como un texto abierto”, escribió alguna vez un historiador del mundo clásico para describir la fuerza simbólica de lugares como Mérida. Y pocas postales ilustran mejor esa idea que la de Eleonora Wexler recorriendo, en pleno verano español, los escenarios milenarios del Festival Internacional de Teatro Clásico, que este año celebra su edición 72.
La actriz argentina viajó a España para formar parte del encuentro teatral y compartió en Instagram una serie de historias desde distintos puntos de la ciudad extremeña, lo que permite reconstruir su itinerario por uno de los festivales de teatro clásico más antiguos de Europa. La particularidad del evento es que se desarrolla en espacios arqueológicos romanos aún integrados a la vida urbana, un rasgo que le da al festival una identidad única y, al mismo tiempo, refuerza la proyección internacional de Mérida como capital cultural del patrimonio escénico.
Su primera parada fue el puente romano sobre el río Guadiana, una de las estructuras romanas mejor conservadas del mundo. Wexler lo retrató de día, con el cielo azul de Mérida como telón de fondo y los banderines del festival alineados a lo largo del recorrido. En los postes se repiten los retratos de los artistas que participan de la edición 72, convirtiendo el puente en una galería al aire libre que anticipa la programación. La perspectiva elegida, tomada desde el inicio del puente hacia el horizonte, deja ver la amplitud de la obra y el curso del río, quieto y verdoso bajo el sol del verano.
Desde allí, el paseo continuó hasta el Templo de Diana, otro de los monumentos romanos que definen la fisonomía de Mérida. La imagen que eligió en esa parada muestra la fachada del templo a plena luz del día: las columnas corintias en primer plano y, al pie de la estructura, la cartelería naranja del festival con la leyenda “72 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida 2026” claramente visible.
El templo, que data del siglo I antes de Cristo y recibió su nombre popular en la Edad Media —sin que los arqueólogos hayan determinado con certeza a qué deidad estaba consagrado—, aparece integrado al tejido urbano de la ciudad moderna. Detrás de las columnas se distinguen edificios y una calle en uso, una escena que resume la convivencia cotidiana entre la Mérida actual y su legado romano. Esa superposición entre pasado y presente explica buena parte del magnetismo del festival, que desde hace décadas utiliza el patrimonio como escenario vivo y no como pieza de museo.
El destino final fue el Teatro Romano, epicentro del festival y uno de los espacios escénicos más emblemáticos del mundo hispano. Wexler lo fotografió de noche, con el frente escénico iluminado y dos figuras sobre un escenario vacío, en lo que parece un ensayo o una función en curso. Las columnas y los arcos de piedra aparecen recortados sobre el cielo oscuro de la noche extremeña, mientras los focos proyectan una luz cálida sobre el piso del escenario.
La magnitud del teatro se advierte con claridad en esa toma nocturna: las dos figuras humanas se ven diminutas frente a la altura del frente escénico, que conserva casi intactos sus tres cuerpos de columnas y arcos. El contraste entre la piedra milenaria y la tecnología de iluminación teatral moderna define la estética singular que convirtió al Festival de Mérida en una experiencia sin equivalente dentro del circuito teatral en español. Esa combinación, además, explica por qué el evento sigue siendo una referencia para actores, directores y compañías que buscan dialogar con textos clásicos en un marco de enorme densidad histórica.
La imagen que más atención generó entre sus seguidores fue la que muestra a Wexler sobre ese mismo escenario, esta vez de día. La actriz posa con un vestido blanco largo de tirantes finos y los brazos completamente abiertos, con el frente escénico del Teatro Romano detrás. La postura —brazos extendidos y cuerpo erguido en el centro del escenario— establece un diálogo directo con la arquitectura que la rodea y potencia la sensación de estar frente a un espacio pensado para la representación desde hace más de dos mil años.
En otra toma del mismo momento, aparece de perfil, con el vestido moviéndose levemente y los técnicos trabajando en las alturas de la estructura al fondo. Los equipos de producción —focos, cables y andamios— contrastan con la piedra antigua y ubican la escena en plena preparación de una función. En el nivel superior del frente escénico, varios trabajadores ajustan la iluminación mientras Wexler permanece en el centro del escenario, sola frente a las filas de butacas vacías.
Análisis y proyecciones: La persistencia del Festival de Mérida durante más de siete décadas confirma una tendencia que en los últimos años se consolidó con fuerza en Europa: la revalorización del patrimonio histórico como plataforma cultural y turística de alto impacto. En un contexto en el que los públicos buscan experiencias “sitio-específicas”, la combinación entre arqueología, teatro clásico y producción contemporánea ofrece una ventaja competitiva difícil de replicar. A la vez, este tipo de eventos plantea desafíos de conservación, logística y accesibilidad, ya que el uso intensivo de espacios antiguos exige una administración cuidadosa para equilibrar visibilidad internacional con preservación material. En esa tensión entre difusión y cuidado patrimonial reside buena parte del futuro de propuestas como la de Mérida.
Evolución reciente: En los últimos años, el festival y la ciudad reforzaron una identidad que ya no se limita a la puesta en escena de clásicos, sino que articula turismo cultural, memoria histórica y presencia digital. Las redes sociales de artistas como Wexler amplifican ese efecto y acercan el patrimonio a públicos que quizá no asistirían al teatro de manera tradicional. Al mismo tiempo, el prestigio del encuentro se sostuvo precisamente en no perder su rasgo distintivo: representar obras en espacios romanos auténticos, con una puesta en valor que combina tradición, programación internacional y una estética fuertemente ligada a la historia de Mérida.
Así, el paso de Eleonora Wexler por la ciudad extremeña no solo dejó postales de una visita personal, sino también una muestra de por qué el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida continúa siendo, edición tras edición, una de las celebraciones culturales más reconocibles del calendario teatral europeo.




















