Cierre de Crucianelli: Schiaretti cuestionó a Milei y se tensó el cordobesismo
El cierre sorpresivo de la autopartista Crucianelli golpeó a la metalmecánica cordobesa y dejó en evidencia la fragilidad del sector. El episodio también reavivó la interna política entre Juan Schiaretti y Martín Llaryora frente al Gobierno nacional.“Sin previsibilidad no hay industria posible”: esa máxima, repetida durante décadas por empresarios y sindicalistas del complejo automotor argentino, vuelve a cobrar fuerza tras el cierre intempestivo de la autopartista Crucianelli en Córdoba, un episodio que expone con crudeza la fragilidad de la cadena metalmecánica y reabre tensiones dentro del cordobesismo.
Mientras los trabajadores encontraron los portones de la planta soldados y sin ninguna comunicación oficial de la empresa, Juan Schiaretti aprovechó el episodio para cuestionar el rumbo económico de Javier Milei, en contraste con la estrategia de acercamiento que Martín Llaryora viene ensayando con la Casa Rosada, potenciada desde la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete.
La autopartista, ubicada sobre avenida Armada Argentina de la ciudad de Córdoba, dejó a unos 20 operarios altamente capacitados sin trabajo. El impacto simbólico fue fuerte por la forma en que se concretó el cierre: los obreros llegaron a cumplir su jornada habitual y se toparon con la fábrica totalmente clausurada, con los portones soldados. Como se sabe, no se trata de una situación aislada.
En el Gobierno provincial admiten que el problema excede ampliamente a una empresa. La metalmecánica cordobesa acumula meses de caída de actividad, reducción de personal y establecimientos en procedimientos preventivos de crisis; una combinación agravada por la retracción del mercado interno, la apertura de importaciones y un dólar poco competitivo. En la industria automotriz y autopartista, estos factores suelen transmitirse con rapidez a proveedores, contratistas y talleres, porque la producción depende de volúmenes estables y márgenes ajustados.
El episodio, además, quedó rápidamente atravesado por la disputa política.
Schiaretti publicó un mensaje en redes sociales advirtiendo sobre el deterioro del aparato productivo. El exgobernador sostuvo que la automotriz es una “economía regional clave” que necesita “previsibilidad para su desarrollo”.
La industria automotriz sigue cayendo y las terminales produjeron 18,3% menos que en el primer semestre de 2025
En ese marco, pidió a La Libertad Avanza que prorrogue las leyes de “Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo” y de “Promoción de Inversiones Automotrices”. “Argentina se ubica en el cuarto lugar en la producción de pickups en el mundo, un logro que se alcanzó gracias al esfuerzo de todos”, señaló Schiaretti.
El planteo del exgobernador se produjo tras reunirse con el clúster automotriz de Córdoba, cuyo objetivo central es mejorar la competitividad de la cadena industrial automotriz de la provincia. Su publicación llegó 48 horas después de la foto de Llaryora con Santilli, un dato que en el oficialismo cordobés fue leído como otra señal de distanciamiento en el estilo político y en la estrategia de relación con la Nación.
La postura de Schiaretti no es nueva. El 24 de junio adelantó que no acompañaría el Súper RIGI porque, a su entender, “sólo beneficia a grandes corporaciones en detrimento de otras actividades productivas”. Antes, el 12 de junio, había pedido la salida de Manuel Adorni: “El Gobierno nacional no puede seguir sosteniendo una mentira más”, dijo entonces en X. Ese giro más confrontativo contrasta con su histórica impronta dialoguista, aunque en los últimos años fue endureciendo el tono frente a decisiones del poder central que, a su juicio, castigan a la producción del interior.
En paralelo, Llaryora viene profundizando un vínculo pragmático con Milei. La relación mejoró sensiblemente durante los últimos meses a partir de acuerdos fiscales, negociaciones por obras públicas y un diálogo permanente con la Casa Rosada que le permitió recuperar fondos nacionales y exhibir una imagen de cooperación institucional. Con la llegada de Santilli, el Gobierno de Córdoba espera profundizar el entendimiento de cara a las elecciones provinciales del año que viene.
Análisis y proyecciones: el caso Crucianelli condensa una tensión clásica de la economía argentina: la búsqueda de competitividad industrial en un contexto de volatilidad macroeconómica. Si continúan la caída del consumo interno, la presión importadora y la falta de incentivos de largo plazo, es probable que persistan los cierres, suspensiones y reestructuraciones en autopartistas y metalmecánicas. En sentido inverso, una agenda de estabilidad cambiaria, financiamiento productivo y reglas claras podría amortiguar el deterioro, aunque sus efectos suelen tardar en llegar y exigen coordinación entre Nación, provincias y sector privado.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, la industria automotriz cordobesa pasó de reclamar sostén para sostener el empleo a exigir medidas defensivas frente al deterioro del mercado. En ese recorrido, Llaryora priorizó una relación de cooperación con la Nación para preservar recursos y obras, mientras Schiaretti fue adoptando una posición más crítica hacia el Gobierno de Milei, especialmente cuando percibe riesgos para el entramado productivo provincial. El cierre de Crucianelli vuelve a mostrar que, más allá de las diferencias políticas, el problema de fondo sigue siendo la fragilidad de una industria que depende de previsibilidad, escala y demanda sostenida.
Por eso, en el oficialismo provincial procuran evitar cualquier confrontación directa con el Presidente, incluso cuando los indicadores económicos empiezan a encender alarmas entre empresarios y sindicatos. En ese contexto, el cierre de la autopartista Crucianelli vuelve a poner a prueba ese delicado equilibrio.




















