Escándalo en el Pellegrini y el CNBA por difusión de imágenes íntimas
Un grave episodio sacudió a dos colegios secundarios dependientes de la UBA tras la circulación de imágenes íntimas reales y manipuladas de alumnas. Las autoridades activaron protocolos, hubo suspensiones y reclamos de familias y estudiantes.En 2006, el llamado “caso Megan” en Estados Unidos expuso cómo Internet podía convertirse en una herramienta de hostigamiento masivo entre adolescentes; casi dos décadas después, la irrupción de la inteligencia artificial amplificó ese riesgo y lo volvió más difícil de detectar. Esa tensión volvió a quedar en evidencia esta semana en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y en el Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), donde se denunció la circulación de imágenes íntimas reales y manipuladas de alumnas.
Según reconstruyó LA NACION, las estudiantes de segundo año del Pellegrini se enteraron del material cuando encontraron un drive con sus nombres, fotografías y el precio con el que sus compañeros las comercializaban. En algunos casos, se trataba de imágenes generadas o alteradas con inteligencia artificial; en otros, de fotos tomadas de redes sociales y luego manipuladas para desnudarlas.
Los chats de WhatsApp permitieron establecer, además, que también había estudiantes del CNBA involucrados. Entre ambos colegios —dependientes de la Universidad de Buenos Aires— habría compradores y vendedores. De acuerdo con lo que trascendió, se ofrecían diez fotos por $1000.
El domingo previo comenzaron a circular en redes sociales mensajes que denunciaban lo ocurrido y que encendieron la alarma en ambas comunidades educativas. “Ya ni en tus amigos podés confiar”, decía una de esas publicaciones.
Al regresar a clases el lunes 29 de junio, las alumnas del Pellegrini —que rondan los 14 años— rechazaron compartir aula con sus compañeros. Hubo ruidazos y sentadas para reclamar la intervención de las autoridades. Esa misma tarde, los alumnos señalados como autores no pudieron retirarse con normalidad: los esperaban afuera para agredirlos, les arrojaron huevos y terminaron siendo retirados por sus padres.
Por el momento, no se presentó una denuncia formal, según pudo saber LA NACION. Varias chicas no se animaron a contarlo en sus familias, por lo que todavía no se conoce la magnitud total de las víctimas. Hay muchas que aún no hablaron.
El martes siguiente, los alumnos involucrados no asistieron a clases. Después de una semana de reclamos, este lunes habrían regresado al establecimiento. En uno de los bancos apareció el mensaje: “Ustedes nos pueden delatar, pero no vamos a parar de desnudarlas y venderlas”.
Las alumnas afectadas exigen no compartir curso con el grupo señalado y piden que sean separados, e incluso expulsados.
Según pudo saber LA NACION, las víctimas pidieron de manera expresa que el tema se mantenga dentro de los colegios, razón por la cual, por ahora, no harán declaraciones públicas ni avanzarán con una denuncia penal.
La Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini habló de “usos indebidos de medios digitales” e informó que comenzó a recabar información mediante entrevistas con estudiantes y familias. La institución señaló que surgieron los primeros indicios de una posible vulneración de imágenes, así como de algún tipo de violencia entre estudiantes.
Desde el Centro de Estudiantes confirmaron a LA NACION que la escuela ya intervino y que existen protocolos vigentes. Según el comunicado institucional, la activación del dispositivo será trabajada de acuerdo con las presentaciones recibidas, que involucrarían situaciones de violencia digital, violencia de género, uso indebido de imágenes y otros episodios similares.
El Equipo de Conducción, añadieron, canalizará las presentaciones bajo las normas y protocolos vigentes, con acciones de protección y comunicación a los organismos que correspondan. También se reforzarán los espacios de diálogo con estudiantes y familias de los cursos más afectados para sensibilizar, concientizar y erradicar este tipo de prácticas.
La semana próxima están previstas reuniones con las familias.
“Toda la información que obtuvimos a partir de nuestras actuaciones fue puesta a disposición del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (CDNNyA) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Durante estos días algunos estudiantes fueron suspendidos. Una vez concluidos los informes y las averiguaciones, y teniendo en cuenta que parte de los datos y las pruebas están contenidos en teléfonos celulares de menores de edad, debemos actuar con responsabilidad. Cuando contemos con toda la información, la escuela, en consulta con el CDNNyA y el Ministerio Público Tutelar, adoptará las medidas que correspondan”, explicó a LA NACION Ana Barral, rectora de la institución.
La autoridad escolar también remarcó los límites de la intervención institucional, ya que se trata de hechos ocurridos en ámbitos privados pero con impacto directo en la convivencia escolar. “Continuamos trabajando para abordar esta problemática y garantizar el cuidado de nuestros estudiantes. Realizamos y seguimos realizando talleres y conversatorios sobre bullying, ciberbullying, uso indebido de redes sociales y masculinidades, entre otros temas. Además, contamos con un Consejo de Convivencia integrado por estudiantes y docentes, donde nos reunimos para tratar estas cuestiones que, evidentemente, afectan la convivencia, siempre resguardando la privacidad y los datos de todos los involucrados”, señaló.
El CNBA también difundió un comunicado, luego de conocerse inquietudes por la posible circulación de imágenes de estudiantes del establecimiento.
“Desde el Colegio abrimos de inmediato canales de escucha y acompañamiento en articulación con diferentes agentes de la comunidad: la Oficina de Género y Promoción de Vínculos Saludables, preceptores, tutores, orientadores, consejeros de convivencia, estudiantes y familias, para recibir información y ofrecer un espacio de diálogo y contención”, indicó la rectora Valeria Bergman.
La institución agregó que viene desarrollando acciones en salud mental, Educación Sexual Integral (ESI), ciudadanía digital, prevención de la violencia de género, grooming, bullying, ludopatía y construcción de vínculos libres, responsables y diversos, mediante talleres, jornadas de reflexión y capacitaciones docentes. “Continuaremos profundizando este trabajo en los próximos días. Sabemos que no es una tarea sencilla: requiere procesos sostenidos en el tiempo y el compromiso de toda la comunidad”, advirtieron.
“Consideramos que cualquier conducta de este tipo es repudiable y contraria a los valores que promueve esta institución. En ese marco, se adoptarán las medidas pedagógicas y reparatorias que correspondan, de acuerdo con el reglamento de convivencia y las normativas vigentes. Queremos remarcar la gravedad de estas situaciones y, por eso, creemos fundamental que también se reflexione y dialogue sobre ellas en el ámbito familiar”, agregó el comunicado difundido el 2 de julio.
Un día antes, familias autoconvocadas habían publicado un texto de respaldo y acompañamiento. “Cuidar a las víctimas, respetar los procesos institucionales y rechazar toda forma de violencia es una responsabilidad que compromete a toda la comunidad educativa. Queremos que sepan que no están solas”, señalaron.
Además, informaron que impulsaron una nota firmada por casi 1000 familias, en la que ofrecieron acompañamiento y pidieron a las autoridades la activación de los protocolos existentes.
Ese mismo día se pronunció la Comisión de Géneros del Centro de Estudiantes, que reclamó una investigación seria y exhaustiva.
“Resulta indignante y difícil de creer. Pero también nos lleva a pensar que ciertas conductas naturalizadas en la vida cotidiana hacen que enterarnos de casos así no sea algo tan impensado, sino una realidad palpable. La situación en nuestros colegios exige romper el silencio. Por eso exigimos que no se nos obligue a convivir diariamente con quienes integran estos círculos y participaron de la vulneración de la intimidad de estudiantes de este y otros colegios. Es aberrante que se naturalice tratar nuestros cuerpos como objetos de consumo y comercializar imágenes mediante redes de silencio virtuales”, expresaron.
La Comisión también llamó a no limitar la discusión a los autores directos, sino a revisar las conductas que sostienen estas prácticas. “Queremos interpelar no solo a quienes participaron activamente de la violencia, sino también a quienes la sostienen desde el silencio. Si sabés de alguien que difundió, comercializó, difunde o comercializa este tipo de material, denuncialo”, plantearon.
En su análisis, remarcaron que no se trata de un episodio aislado, sino de un problema más amplio. “Quizás este sea también el momento de preguntarnos qué discusiones dimos por saldadas demasiado rápido. Más de una vez, en jornadas como las del 3J, hablar de consentimiento, autonomía sobre nuestros cuerpos, privacidad, respeto y violencia de género parecía volver sobre algo ‘obvio’. Lo ocurrido demuestra que esos consensos no pueden darse por sentados”, sostuvieron.
Y cerraron: “Nada de esto puede entenderse como un hecho aislado, sino como una manifestación de la violencia de género que atraviesa a toda la sociedad y que también está presente en nuestras escuelas”.
Análisis y proyecciones: el caso expone una combinación especialmente delicada: adolescencia, violencia de género, exposición digital e inteligencia artificial. En términos educativos, estos episodios suelen acelerar revisiones de protocolos, fortalecer intervenciones de convivencia y empujar a las instituciones a trabajar más la ciudadanía digital. También dejan en claro una tendencia que se consolidó en los últimos años: la frontera entre lo privado y lo escolar se volvió mucho más difusa por el peso de las redes sociales y los grupos de mensajería. En ese marco, la respuesta institucional suele oscilar entre el resguardo de las víctimas, la necesidad de garantizar debido proceso para los señalados y la urgencia de frenar la circulación del material. A futuro, si se comprueba la participación de más estudiantes, es probable que el impacto no se limite al plano disciplinario, sino que alcance también debates más amplios sobre consentimiento, violencia simbólica, educación sexual integral y el uso de herramientas de IA para vulnerar intimidades.
Evolución del tema: en los últimos años, el debate sobre violencia digital en escuelas cambió de escala. Antes se concentraba sobre todo en el ciberbullying, la difusión de fotos sin permiso o la viralización de capturas; hoy se suma la posibilidad de fabricar contenidos falsos con apariencia real, lo que incrementa el daño potencial. Tanto el Pellegrini como el CNBA, como otras instituciones educativas de grandes centros urbanos, venían profundizando talleres sobre ESI, grooming, vínculos saludables y uso responsable de redes. Sin embargo, este episodio muestra que el foco dejó de estar solo en prevenir la agresión entre pares y pasó también por entender cómo se comercian imágenes, cómo operan los silencios grupales y cómo se normaliza la humillación en entornos digitales. La reacción de familias, centros de estudiantes y autoridades evidencia una mayor sensibilidad social que años atrás, aunque también deja en claro que las respuestas siguen siendo complejas y requieren trabajo sostenido más allá de la coyuntura.























