Quiulacocha: subasta pública para remediar un pasivo minero histórico

Activos Mineros lanzó la primera subasta pública del Proyecto Quiulacocha para sumar inversión privada a la remediación ambiental en Cerro de Pasco. La iniciativa apunta también al reaprovechamiento económico de los residuos acumulados durante décadas.

“La minería deja huellas que duran más que los ciclos económicos”, repiten desde hace décadas los especialistas ambientales en la región andina. En ese marco, Activos Mineros S.A.C. (AMSAC) anunció el inicio de la primera subasta pública del Proyecto Quiulacocha, una iniciativa orientada a atraer inversión privada especializada para la remediación ambiental en Cerro de Pasco.

La medida propone un enfoque innovador para atender uno de los pasivos ambientales mineros más antiguos de Perú, combinando recuperación ecológica con posibilidades de desarrollo económico local. En términos de política pública, este tipo de esquemas mixtos suele aparecer cuando el Estado busca acelerar procesos complejos que exigen capital, tecnología y continuidad operativa.

Un depósito de residuos con casi nueve décadas de historia minera

La relavera Quiulacocha es un símbolo de la problemática minera peruana. Durante casi 90 años recibió residuos de las operaciones de la zona y hoy concentra entre 70 y 75 millones de toneladas de desechos químicos.

Ese volumen ha generado contaminación del agua, el suelo y el aire, con un impacto directo en la calidad de vida de las comunidades cercanas a Cerro de Pasco. Como parte del FONAFE, AMSAC es la empresa pública encargada de conducir los procesos de limpieza y recuperación de este depósito, considerado uno de los más complejos del país.

La historia de este tipo de relaves remite a un problema extendido en América Latina: la acumulación de residuos de larga data en zonas altoandinas, donde el cierre de minas y la remediación han avanzado más lentamente que la explotación extractiva. Por eso, Quiulacocha se ha convertido en un caso testigo para medir hasta dónde puede llegar la política de remediación en el Perú.

Un modelo de recuperación ambiental con inversión privada

La propuesta de AMSAC habilita que operadores privados asuman el desarrollo del proyecto por su propia cuenta y riesgo. Quienes resulten adjudicatarios deberán cumplir con las obligaciones ambientales, sociales, técnicas y legales fijadas en las bases de la subasta.

Dante Aguilar, gerente general de la empresa, sostuvo que “Quiulacocha representa una oportunidad para demostrar que es posible enfrentar un pasivo ambiental histórico con soluciones innovadoras que articulen la participación del Estado y la inversión privada”.

La entidad estatal aclaró además que la subasta no implica una renuncia del Estado a su responsabilidad de remediación. AMSAC conservará la supervisión y el control institucional, mientras que el adjudicatario deberá tramitar todos los permisos y garantías exigidos por la normativa ambiental vigente.

Reaprovechamiento económico de los residuos

El mecanismo de subasta pública apunta al reaprovechamiento económico de los residuos acumulados en Quiulacocha. La intención es transformar un foco de contaminación en una oportunidad potencial de inversión y empleo local.

Según la visión de AMSAC, el proyecto podría convertirse en un precedente nacional sobre cómo reconvertir pasivos ambientales mineros en alternativas de sostenibilidad y desarrollo territorial. En esa línea, la iniciativa busca movilizar recursos y generar beneficios concretos para las comunidades ubicadas en el área de influencia de Cerro de Pasco, con impacto en el empleo y la inversión regional.

Supervisión estatal y rol institucional

AMSAC seguirá ejerciendo la supervisión del proceso y velará por el cumplimiento de las normas de protección ambiental y social. El adjudicatario estará obligado a presentar y ejecutar los instrumentos de gestión ambiental requeridos, además de constituir las garantías que respalden su actividad.

El esquema mixto entre Estado y sector privado busca sumar más recursos y capacidades técnicas, sin perder la tutela estatal sobre los pasivos ambientales. Si logra resultados favorables, este modelo podría servir como referencia para otros procesos de remediación minera en el país.

Análisis y proyecciones: la subasta de Quiulacocha puede leerse como una respuesta a una tendencia que se consolidó en los últimos años en la región: el intento de pasar de la mera contención del daño a la recuperación con valorización de residuos. En el corto plazo, el éxito del proyecto dependerá de tres factores clave: la viabilidad técnica de extraer o tratar materiales acumulados durante décadas, la aceptación social en Cerro de Pasco y la capacidad de asegurar estándares ambientales estrictos. Si el modelo funciona, podría abrir la puerta a nuevas iniciativas de remediación con participación privada; si falla, reforzaría la idea de que los pasivos mineros históricos requieren mayor intervención directa del Estado y plazos más largos de ejecución.

Evolución reciente del tema: en los últimos años, el debate sobre pasivos ambientales mineros se ha movido desde una mirada centrada solo en la limpieza hacia otra que incorpora economía circular, sostenibilidad y recuperación de valor. En ese contexto, la postura estatal ha tendido a flexibilizar mecanismos de gestión para atraer capital y tecnología, mientras las comunidades exigen que cualquier proyecto priorice la salud pública, la transparencia y la reparación efectiva. Quiulacocha se inscribe justamente en ese cambio de enfoque: de un problema heredado de la vieja minería a un posible laboratorio de soluciones para la nueva agenda ambiental.

AMSAC: misión y funciones

Activos Mineros S.A.C. (AMSAC) tiene como misión principal la remediación de pasivos ambientales mineros de alto riesgo en Perú.

Además de descontaminar y recuperar zonas afectadas por la minería antigua o inactiva, la entidad promueve la inversión privada y supervisa contratos de transferencia de concesiones estatales.

También gestiona proyectos y encargos especiales asignados por el Estado peruano, consolidando su papel en la gestión ambiental del sector minero-energético.