Llaryora, De la Sota y Massa tensan el peronismo cordobés
La relación entre Martín Llaryora y los sectores delasotistas y massistas suma tensión en Córdoba, en medio de la discusión por las PASO y la reconfiguración de alianzas con la Casa Rosada. Mientras tanto, el gobernador intenta sostener su base propia y capitalizar una oposición fragmentada.“La política, como el ajedrez, consiste en anticipar varios movimientos antes de que el rival entienda qué está pasando”, suele decirse en la jerga de la negociación. En Córdoba, esa lógica vuelve a escena: Martín Llaryora quedó en el centro de una pulseada que mezcla poder territorial, alianzas nacionales y la disputa por el control del peronismo mediterráneo.
Natalia de la Sota ya no oculta su malestar con el gobernador. La posibilidad de una confrontación abierta comienza a ganar volumen, empujada por el acercamiento cada vez más visible entre Llaryora y la Casa Rosada. El escenario se vuelve más sensible ahora que el jefe de Gabinete es Diego Santilli, con quien el mandatario cordobés mantiene una relación de larga data, forjada hace más de un cuarto de siglo, cuando ambos transitaban el “orteguismo”, el breve proyecto político de Ramón Ortega para llegar a la Presidencia.
En el Frente Renovador también crece una lectura similar a la del delasotismo: hay que marcarle límites a Llaryora, especialmente para dejarlo expuesto si el gobernador termina alineándose con la estrategia del Gobierno nacional de suspender o eliminar las PASO. En esa mirada, un movimiento del cordobés en contra del peronismo nacional sería un punto de no retorno.
En esa línea, Tania Kishakevich, referente del Frente Renovador en Córdoba, sostuvo: “El gobernador debe decidir si quiere priorizar los intereses de Córdoba por encima de cualquier alineamiento automático con la Nación y de cualquier especulación electoral”. Del lado delasotista, el diagnóstico es todavía más duro: “Llaryora es el que se alejó del peronismo”.
Una encuesta de Carlos Sichhar realizada en junio, sobre 1070 casos y encargada por el propio Gobierno, muestra que Llaryora no consiguió expandirse más allá de su núcleo duro: 34,5%, un 8% por debajo del registro de junio de 2023. Ese dato refuerza la idea de que una ruptura del peronismo podría complicar seriamente al gobernador.
Llaryora confía en que la oposición no logrará ordenar una estrategia común de cara al año próximo. Una sospecha similar tiene Luis Juez. Aunque el jefe del Frente Cívico sostiene su entendimiento con La Libertad Avanza, también recuerda que el PRO de Mauricio Macri nunca quiso destronar al peronismo cordobés. En ese contexto, la pertenencia de Santilli al PRO y su amistad con Llaryora alimentan la hipótesis de una oposición nuevamente dividida en 2027.
“Presiento que la oposición va a ir dividida en tres; y en ese punto, a los tres les va a convenir que la única reelección posible la gane Llaryora”, afirma un ministro, en plena guerra psicológica por dos frentes: contra la oposición y contra el polo De la Sota-Massa. En ese escenario hipotético, el sello del PJ que conserve Llaryora sería suficiente para retener el núcleo duro y sostener su proyección electoral.
La llegada de Santilli al poder abre, además, una nueva expectativa para el mandatario cordobés en dos planos clave: la llegada de fondos nacionales y la autorización para tomar préstamos. Ambos aspectos resultan decisivos para ordenar una gestión condicionada por la crisis de las cuentas de la Municipalidad, un frente en el que Llaryora también carga con responsabilidades por haber postergado el pago de la deuda en dólares tomada por el radical Ramón Mestre. Ese pasivo externo sigue acorralando a Daniel Passerini.
“La política es importante, pero la gestión será la clave: si la gestión está aprobada, el votante pendular acompañará”, es la lectura que domina en El Panal, con las encuestas sobre la mesa y una diferencia mínima que, además, depende de la fragmentación opositora. La ecuación reproduce una lógica clásica del peronismo cordobés: sostener la administración, evitar la fuga del voto moderado y llegar competitivo a la elección.
Respecto de qué hará Llaryora cuando se debata la eliminación de las PASO, el antecedente histórico juega en contra de una alianza automática con la Nación. El peronismo de Córdoba rechazó durante años ese mecanismo de selección interna de candidatos, y una definición favorable a su supresión podría ser leída como una concesión difícil de justificar para buena parte del peronismo bonaerense. Allí se cruza una discusión de fondo: cómo compatibilizar la autonomía provincial con la necesidad de sostener acuerdos nacionales en un contexto de fuerte reordenamiento político.
Análisis y proyecciones: el cuadro abre varios caminos posibles. Si Llaryora profundiza su cercanía con la Nación, podría ganar margen financiero y político en el corto plazo, pero también arriesgar un desgaste con sectores peronistas que lo acusan de correrse del espacio. Si, en cambio, endurece su postura, preservaría identidad partidaria, aunque con menos capacidad de gestión frente a la necesidad de recursos. En la historia reciente del peronismo cordobés, la tensión entre autonomía provincial y articulación nacional ha sido constante, y suele resolverse en favor de quien logra mostrarse como “gestor eficaz” más que como portavoz orgánico. Por eso, la evolución del vínculo entre Llaryora, De la Sota y el massismo será clave para saber si el oficialismo provincial consigue ampliar su base o si termina encerrado en su voto duro.
Evolución del escenario político: en los últimos años, el peronismo cordobés pasó de una hegemonía sostenida por liderazgos provinciales fuertes a una etapa más expuesta a la fragmentación y a las negociaciones con actores nacionales. En ese recorrido, las alianzas dejaron de ser únicamente ideológicas para volverse funcionales a la gestión y a la supervivencia electoral. Llaryora heredó parte de esa lógica: necesita mostrar autonomía para no perder identidad local, pero también requiere acuerdos para sostener recursos, obra pública y gobernabilidad. Ese equilibrio, cada vez más frágil, explica por qué hoy cualquier definición sobre las PASO o sobre la relación con la Casa Rosada puede tener efecto directo en la interna peronista de Córdoba.























