Irán dice que atacó 85 bases de EE.UU. en el Golfo

Teherán aseguró haber lanzado 85 ataques con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en el Golfo Pérsico. La ofensiva se presentó como respuesta a bombardeos previos de Washington y reavivó la tensión en torno al estrecho de Ormuz.

“La guerra es demasiado seria para dejarla en manos de los militares”, advirtió alguna vez Georges Clemenceau; más de un siglo después, la frase vuelve a cobrar sentido en Medio Oriente, donde la escalada entre Irán y Estados Unidos volvió a colocar al Golfo Pérsico en el centro de la crisis regional.

Irán reivindicó este miércoles 85 ataques contra bases de Estados Unidos en países del Golfo Pérsico, en respuesta a la ofensiva que Washington lanzó horas antes contra la República Islámica por sus supuestos ataques a embarcaciones que navegaban por el estrecho de Ormuz.

Según la Guardia Revolucionaria iraní, sus fuerzas navales y aéreas emplearon misiles y drones contra “importantes instalaciones militares estadounidenses”. Hasta el momento, no se informó un balance oficial de daños, aunque en este tipo de episodios suele instalarse primero la batalla narrativa y recién después la confirmación de impactos concretos a partir de fuentes militares, satelitales o testimonios locales.

Irán dijo que atacó bases de Estados Unidos en Baréin y Kuwait

De acuerdo con la agencia estatal IRNA, la Guardia Revolucionaria afirmó que los ataques alcanzaron la base de la Quinta Flota estadounidense en Baréin y la base aérea Ali Al-Salem, en Kuwait.

El cuerpo militar iraní sostuvo que se trató de una “respuesta inicial” a lo que consideró una “violación clara” del acuerdo de alto el fuego pactado con Estados Unidos hace tres semanas.

Por ahora, los altos mandos de EE.UU. no hicieron comentarios públicos sobre la ofensiva iraní, una cautela habitual en momentos de alta tensión, cuando las autoridades buscan verificar daños, proteger a sus tropas y evitar una escalada verbal que complique cualquier canal diplomático abierto.

En paralelo, el Ejército de Kuwait informó a través de X que interceptó misiles en su espacio aéreo y notificó varias explosiones, aunque sin precisar la ubicación. En Baréin, el Ministerio del Interior pidió a la población mantener la calma y dirigirse al refugio más cercano, después de que se activaran las sirenas de emergencia durante la madrugada.

La referencia a Baréin y Kuwait no es menor: ambos países alojan o respaldan instalaciones clave de Washington en la región, lo que los convierte en piezas sensibles de cualquier enfrentamiento entre Teherán y la red militar estadounidense desplegada alrededor del Golfo.

La tensión vuelve a crecer por el control del estrecho de Ormuz

La nueva escalada se produjo después de que Estados Unidos anunciara ataques contra más de 80 objetivos iraníes. Según Teherán, esa ofensiva dejó varios heridos en el sur del país.

La Guardia Revolucionaria vinculó los bombardeos con el cortejo fúnebre del difunto líder supremo iraní, Alí Jameneí, asesinado en el primer día de la guerra. El cuerpo militar sostuvo que la Casa Blanca buscaba eclipsar el “acontecimiento histórico” que se desarrolla en Irak, donde miles de seguidores del ayatolá participan de su funeral.

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En las últimas semanas, las tensiones entre Washington y Teherán volvieron a agravarse con ataques iraníes contra buques y bombardeos estadounidenses sobre objetivos militares en la costa sur de Irán. El foco del conflicto está puesto en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que, en tiempos de paz, circula buena parte del comercio mundial de energía.

Análisis y proyecciones: el estrecho de Ormuz ha sido, durante décadas, el principal punto de presión geopolítica del Golfo: por allí pasa una porción decisiva del petróleo y del gas que consume el mundo. Cada escalada en esa zona eleva el riesgo de afectación sobre el transporte marítimo, presiona los precios internacionales de la energía y obliga a los socios regionales de Washington a reforzar su defensa antimisiles y la seguridad de sus puertos e instalaciones. Si la confrontación se prolonga, lo más probable es una combinación de ataques limitados, mensajes disuasorios y negociaciones indirectas para evitar una guerra abierta, un patrón que ya se observó en otras crisis entre Irán y EE.UU. desde la ruptura del acuerdo nuclear y el aumento de las operaciones en la sombra en el Golfo.

Evolución del conflicto: en los últimos años, la relación entre ambas capitales pasó de una tensión contenida a una lógica de represalias sucesivas. Primero dominaron las sanciones, luego los incidentes marítimos, más tarde los ataques a instalaciones y finalmente la militarización de la disputa en torno a rutas y bases estratégicas. En ese marco, Irán ha intentado exhibir capacidad de disuasión mediante drones y misiles, mientras Estados Unidos reforzó su presencia regional y buscó sostener la libertad de navegación. Hasta la fecha de esta nota, la disputa muestra un patrón claro: cada acción se interpreta como respuesta a la anterior, y eso reduce el margen para una desescalada rápida.