Paredes salvó a Argentina y empezó la remontada ante Egipto

Un corte defensivo de Leandro Paredes a los 90 minutos fue tan decisivo como un gol y mantuvo con vida a Argentina en un final electrizante ante Egipto. La Albiceleste terminó dando vuelta un 0-2 para clasificarse a cuartos de final.

“Los partidos se ganan también sin la pelota”, suele repetirse en el fútbol moderno; en Atlanta, Argentina lo confirmó con un cierre de alto dramatismo y una intervención defensiva que pesó tanto como una definición. A los 90 minutos, cuando el 2-2 parecía amenazado por otro contraataque de Egipto, Leandro Paredes apareció con un cruce providencial para sostener el empate y darle aire a la Albiceleste.

En el duelo ante Egipto por los octavos de final del Mundial 2026, con el marcador igualado 2-2 y siete minutos de adición por delante, Paredes ejecutó un cierre salvador que evitó que los Faraones volvieran a ponerse en ventaja. Argentina había perdido la pelota en ataque y el rival encontraba espacios para una transición rápida, una de las fórmulas que más complicaciones le había generado durante gran parte de la jornada. El volante de Boca Juniors leyó la jugada con precisión y realizó el corte clave que mantuvo con vida al equipo de Lionel Scaloni.

Ese rescate defensivo fue el prólogo de una remontada memorable. Tres minutos después, a los 93, Enzo Fernández marcó de cabeza tras un centro de Lautaro Martínez y sentenció el 3-2 definitivo, resultado que clasificó a Argentina a los cuartos de final del torneo. El equipo nacional había llegado a estar 2-0 abajo frente al conjunto africano y, además, había desperdiciado un penal en el camino.

La reacción argentina se construyó en la recta final del encuentro disputado en Atlanta. Primero, Cristian Romero descontó de cabeza tras un centro de Messi, a los 79 minutos, para poner el 2-1. Cuatro minutos más tarde, el capitán de la Selección tomó un rebote dentro del área y definió para establecer el 2-2. Finalmente, el tanto de Fernández en el tiempo de descuento completó la remontada y desató la celebración albiceleste.

Messi también había fallado un penal durante el partido, pero aun así resultó determinante en los dos primeros goles del equipo: asistió en el descuento de Romero y luego convirtió el empate parcial. Su influencia volvió a quedar en evidencia en un contexto donde Argentina necesitó combinar jerarquía individual, paciencia y una presión emocional muy alta para revertir el trámite.

Argentina ahora espera al ganador del cruce entre Suiza y Colombia para conocer a su rival en los cuartos de final del Mundial 2026. En torneos de eliminación directa, los cierres de partido suelen definir campañas enteras: un despeje, un quite o una lectura táctica pueden cambiar el destino de un equipo tanto como un gol. En ese marco, la acción de Paredes se inscribe en la tradición de las jugadas defensivas decisivas, especialmente valoradas en selecciones que aspiran a sostenerse en fases de máxima exigencia.

Análisis y proyecciones: la victoria refuerza una idea que viene consolidándose en la Selección en los últimos años: Argentina no depende solo de su capacidad ofensiva, sino también de la solidez mental y del trabajo sin balón para sobrevivir en partidos cerrados. Bajo la conducción de Scaloni, el equipo ha mostrado una evolución hacia un bloque más equilibrado, capaz de alternar posesión, presión y repliegue según el contexto. Si mantiene esa versatilidad en la siguiente ronda, tendrá mayores chances de competir de igual a igual ante rivales que castiguen errores en transición, como ocurrió por pasajes frente a Egipto.

Evolución reciente del equipo: en los últimos años, la Selección fue consolidando una postura más pragmática y madura, apoyada en la lectura táctica del cuerpo técnico y en la experiencia acumulada por futbolistas de peso como Messi, Paredes, Romero y Fernández. La remontada ante Egipto muestra esa transformación: un seleccionado que ya no solo busca dominar desde el inicio, sino que también sabe resistir golpes, corregir sobre la marcha y resolver en los minutos finales. Esa capacidad de competir hasta el último segundo se ha vuelto una de las principales señas de identidad de la era Scaloni.

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