Terremoto, intervención de EE.UU. y la pulseada por Venezuela

La tragedia sísmica abrió una nueva disputa política en Venezuela, con Estados Unidos afianzando su presencia en la zona afectada y la oposición intentando capitalizar el vacío de poder. La situación humanitaria, además, profundizó la desconfianza hacia la gestión chavista.

“Los terremotos no destruyen ciudades; revelan instituciones”. La frase, atribuida al urbanista y sociólogo estadounidense Charles Abrams, vuelve a cobrar sentido en Venezuela, donde la emergencia sísmica expuso con crudeza la fragilidad del Estado, la magnitud del colapso social y una nueva pulseada entre Washington, el chavismo y la oposición.

CARACAS.– Las imágenes de soldados estadounidenses compartiendo momentos con vecinos de la llamada zona cero, selfies incluidas, fueron recibidas con entusiasmo por sus mandos en Washington y por el centro de operaciones desplegado en territorio venezolano. No se trata, claro está, de una escena comparable con la euforia parisina que recibió a las tropas aliadas tras la liberación de Francia, pero sí de una señal que en la Casa Blanca leen como un indicador del clima social, muy lejos de la felicidad que Donald Trump proyecta desde Washington.

Estados Unidos ha llegado al área de desastre para quedarse, al menos hasta que concluya la reconstrucción. Ese es el objetivo, según adelantaron a LA NACION fuentes vinculadas con la cooperación del país norteamericano. Washington considera que cuenta con la tecnología y la capacidad financiera necesarias para llevar adelante la reconstrucción de La Guaira, la franja costera más próxima a Caracas, frente a las severas limitaciones del gobierno aliado encabezado por Delcy Rodríguez.

Las cifras oficiales indican que hay 885 edificios afectados y 189 colapsados, con un cálculo preliminar de más de 15.000 personas sin vivienda. En las últimas horas también cedió parte del Colegio San Judas Tadeo, en Caracas. Hasta el momento ya se registraron 890 réplicas.

La propia debilidad del chavismo, visible desde las 6.04 pm del Día de San Juan, ha facilitado que Estados Unidos capitalice la tragedia y refuerce su influencia en el país, después de la captura del dictador Nicolás Maduro el 3 de enero. “La administración Trump está únicamente centrada en continuar avanzando en nuestros esfuerzos en respuesta a los devastadores terremotos”, dijo un portavoz del Departamento de Estado. Incluso Marco Rubio considera que no es el momento para otra cosa.

En ese contexto se inscribe la resistencia de Washington al regreso de María Corina Machado a Venezuela, pese a que la dirigente democrática sostiene exactamente lo contrario: “En un momento de ausencia total del Estado, mi presencia estabiliza”, afirmó ante un grupo de periodistas.

Distintas versiones circularon en los últimos días sobre los dos intentos fallidos de regresar a Caracas. Pero, según fuentes políticas citadas por este diario, en el primero de ellos, cuando Machado intentaba viajar desde Virginia, Estados Unidos, hacia Curazao, no fue la aerolínea la que dispuso el regreso del vuelo cuando ya llevaba una hora en el aire. Fue un funcionario del gobierno estadounidense quien presionó a la empresa para que la aeronave volviera a su punto de salida.

La decisión expresa el nivel de suspicacia que Washington mantiene sobre el eventual retorno de Machado a un país que no sólo atraviesa un duelo nacional por la tragedia, sino también una indignación creciente por lo que se percibe como una gestión muy deficiente del chavismo 3.0.

Una encuesta realizada por AtlasIntel para Bloomberg confirma ese deterioro: la desaprobación sobre los hermanos Rodríguez por su manejo desde el doble terremoto aumentó más de 20 puntos desde febrero y llegó al 65,4%. La aprobación de Delcy se ubicaría en 24%, aunque todavía supera por un punto a la de las fuerzas armadas, también cuestionadas tras el desastre.

Por encima de esa disputa aparece Machado, que consolidó una imagen positiva del 53% entre los encuestados. Fuentes consultadas por este diario dan por hecho que la Nobel de la Paz no se conformará con los dos intentos fallidos —el segundo, desde Panamá— y que buscará “todas las opciones posibles para entrar cuanto antes”. La pulseada con Washington sigue abierta y el equipo opositor explora vías de entendimiento para conseguir vía libre hacia Venezuela.

La dirigente opositora cuenta además con un capital humano considerable sobre el terreno, incluidos los 600.000 voluntarios que trabajaron durante las elecciones para resguardar el voto y difundir en el país y en el exterior la amplia derrota electoral que el diplomático Edmundo González Urrutia propinó a Maduro. Hoy, en el que fue su comando de campaña, ya funciona un centro de acopio, coordinado por Henry Alviárez, su mano derecha en Vente Venezuela y antiguo preso político.

En Caracas, el gobierno revolucionario intentó usar la tensión entre Washington y su principal adversaria para apuntalar a la menor de los Rodríguez mediante una conferencia de prensa internacional, pero la jugada le salió mal. Las pruebas mostradas por los reporteros terminaron por alimentar el enojo de la jefa del gobierno de facto, que volvió a recurrir a las manoseadas “matrices mediáticas generadas en laboratorio” para justificar la acumulación de fallas y desidia.

La presidenta encargada del gobierno de facto intentó convencer, sin éxito, de que la administración reaccionó con rapidez y eficacia ante ambos terremotos, y de que los protocolos se activaron de inmediato junto con los organismos del Estado, fuerzas armadas incluidas, en auxilio del pueblo venezolano. Sin embargo, miles de testimonios recopilados por ciudadanos y difundidos en redes sociales muestran una realidad muy distinta.

En materia de víctimas, la sociedad venezolana tampoco cree la cifra que el gobierno libera de manera fragmentaria cada día. La última actualización elevó el saldo a 2645 muertos y 12.666 heridos, aunque cálculos forenses y mensajes intercambiados por fuerzas de seguridad del Estado elevan el número de fallecidos al menos a 10.000.

“La retransmisión de la noche del jueves nos mostró a una presidenta incapaz de reconocer los errores de la gestión, una activista que añoraba los modales autoritarios y una líder incapaz de establecer una conexión emotiva real con las víctimas. Fueron a una defensa de tesis de grado y se encontraron con el rencor de la gente recogido por corresponsales extranjeros”, observó para LA NACIÓN el sociólogo Gianni Finco, especialista en propaganda revolucionaria.

Análisis y proyecciones: La crisis abre una etapa de consecuencias políticas y humanitarias de largo alcance. En escenarios de desastre, la historia latinoamericana muestra que la capacidad de respuesta del Estado suele convertirse en un factor decisivo para la legitimidad de los gobiernos. Cuando esa respuesta falla, crecen la dependencia externa, la centralidad de las redes de asistencia y el peso de las figuras opositoras con llegada territorial. En Venezuela, eso parece estar ocurriendo a la vez: Estados Unidos consolida un rol operativo que puede prolongarse durante la reconstrucción, mientras Machado y la estructura cívica vinculada a su liderazgo intentan transformar el capital social acumulado en poder político efectivo. Si la percepción de ineficiencia oficial persiste, el chavismo podría enfrentar no sólo mayor desgaste interno, sino también una pérdida de iniciativa frente a actores externos con capacidad material y narrativa.

Evolución reciente del conflicto político: En los últimos años, el tablero venezolano pasó de la confrontación clásica entre el oficialismo y la oposición a una dinámica más compleja, marcada por sanciones, mediaciones fallidas, disputas por la legitimidad electoral y una sociedad cada vez más organizada en redes de apoyo. Machado, que durante mucho tiempo fue una figura de oposición dura, se consolidó como referente de amplitud electoral y capacidad de movilización. El chavismo, por su parte, profundizó su lógica de control político y comunicación defensiva, pero la tragedia sísmica acentuó la percepción de agotamiento institucional. Así, la emergencia no sólo dejó en evidencia el deterioro material, sino también un cambio en la correlación de fuerzas simbólicas dentro del país.