Argentina sufrió, resistió y reaccionó a tiempo: venció a Cabo Verde en un partidazo y se metió en octavos

La Selección Argentina selló su clasificación a los octavos de final del Mundial 2026 tras derrotar por 3-2 a Cape Verde en un partido electrizante, cargado de tensión, errores, reacción y carácter. En una noche de alta intensidad, el equipo de Lionel Scaloni mostró dos caras: por momentos, el fútbol asociado y la jerarquía que lo distinguen; por otros, desajustes defensivos y una fragilidad inesperada que permitió a los africanos llevar el duelo al límite.

La Albiceleste parecía encaminar el encuentro con autoridad desde temprano. Con el dominio de la pelota y una circulación precisa en el mediocampo, logró abrir el marcador a través de Lionel Messi, que volvió a aparecer en el momento justo. El capitán aprovechó una combinación rápida en tres cuartos de cancha y definió con su habitual precisión para el 1-0.

Sin embargo, lejos de replegarse, Cabo Verde respondió con valentía. Ordenado, intenso y apostando a la velocidad por las bandas, comenzó a incomodar a una defensa argentina que mostró grietas. En una de esas llegadas, los africanos encontraron el empate tras una desatención en el fondo argentino.

Lejos de bajar la intensidad, el partido se volvió de ida y vuelta. Argentina retomó el control y logró ponerse nuevamente en ventaja gracias a Lisandro Martínez, que capitalizó una pelota parada para empujar el balón al fondo de la red y establecer el 2-1.

Pero otra vez aparecieron las dudas defensivas. Cuando parecía que el conjunto nacional tenía el partido bajo control, una nueva desconcentración permitió a Cabo Verde volver a golpear. El 2-2 sorprendió a todos y obligó a Argentina a jugar con el reloj, la presión y el desgaste físico.

En el tiempo suplementario emergió el carácter competitivo del campeón del mundo. En un contexto de máxima tensión, Argentina encontró el gol decisivo a través de Cristian Romero. El defensor apareció en el área rival y, con un cabezazo letal, marcó el 3-2 definitivo que desató el alivio argentino.

Más allá de la clasificación, el partido dejó señales mixtas para el cuerpo técnico. En ofensiva, Argentina volvió a mostrar jerarquía, capacidad de asociación y variantes para lastimar. Pero defensivamente dejó interrogantes preocupantes, especialmente ante un rival que, en los papeles, aparecía varios escalones por debajo.

El balance final, de todos modos, es positivo: Argentina sigue en carrera y ya está entre los 16 mejores del torneo. En los octavos de final, la Albiceleste deberá elevar su nivel y corregir errores si quiere seguir alimentando el sueño de otro título mundial.

La victoria dejó una certeza: en el Mundial no hay rivales sencillos. Y Argentina lo comprobó de la manera más sufrida. Ganó, avanzó y sigue viva. Pero también entendió que, de aquí en adelante, cualquier distracción puede costar muy caro.