Milei y Kicillof reactivan la polarización rumbo a 2027

El oficialismo volvió a poner a Axel Kicillof en el centro de la disputa política y lo instaló como el rival más conveniente para Javier Milei en un eventual ballotage de 2027. En paralelo, el gobernador bonaerense también alimenta esa tensión y se prepara para una pelea de largo aliento.

“Los presidentes suelen buscar un adversario que ordene el tablero”, repiten en la política argentina desde hace décadas, y el nuevo capítulo de la tensión entre Javier Milei y Axel Kicillof parece seguir esa lógica. Con ese telón de fondo, el gobierno libertario reflotó la estrategia de polarizar con el gobernador bonaerense, al que considera el mejor rival para una eventual segunda vuelta en 2027.

En una acción coordinada, Diego Santilli, Martín Menem y Adrián Ravier salieron a cuestionar a Kicillof, mientras el mandatario provincial también elige a Milei como contrincante ideal. La disputa, que combina cálculo electoral y disputa ideológica, busca instalar desde ahora una narrativa de confrontación directa entre la Casa Rosada y el principal distrito del país.

“Kicillof es el peor gobernador de la historia de la provincia de Buenos Aires”, afirmó Santilli en su debut en una gira de entrevistas por medios oficialistas. “Y el peor ministro de Economía de Argentina”, añadió el jefe de Gabinete, quien además sostuvo que el gobernador bonaerense “no puede garantizar la seguridad en su provincia”.

Por su parte, Martín Menem sostuvo que Kicillof, “como economista, fue una catástrofe para la Argentina, el peor ministro de la historia”. El presidente de la Cámara de Diputados fue más allá y propuso proscribirlo: “tendría que estar inhabilitado para ejercer cargos públicos”.

En un tono más mesurado, el nuevo vocero afirmó que “Kicillof asusta a los mercados”. Ravier recordó incluso su etapa como alumno del actual gobernador y lo definió como “la mente maestra detrás de Cristina Kirchner a la hora de manejar la política económica”. También aseguró que “le está haciendo mucho daño a la provincia de Buenos Aires”, en línea con el libreto oficial.

Kicillof, por su parte, convocó a una cumbre y lanzó una definición que endurece el clima interno: “No hay sumisión, vamos a las PASO o internas”. La frase reavivó la discusión sobre el liderazgo opositor y sobre el rol que tendrá el peronismo en una posible reconstrucción electoral.

Hace tiempo, desde el entorno de Milei admitían cierta preocupación por el desgaste de Kicillof en las encuestas. En ese escenario, el gobernador aparecía como el único rival capaz de garantizarle al presidente un ballotage ordenado y relativamente cómodo en 2027. Pero el panorama cambió: la caída que le produjo a Milei el caso Adorni dejó un tablero más incierto, y algunos sondeos incluso ubican hoy a Kicillof por encima en intención de voto.

En el peronismo, además, creen que tienen más chances de competir con éxito en 2027 si Milei insiste con la reelección, antes que si el oficialismo se inclina por otra figura, como podría ser Patricia Bullrich. “Cuanto más chocado llegue Milei, mejor para nosotros”, resumen en la oposición, convencidos de que el desgaste del Gobierno puede ampliar el margen de disputa.

El problema para el presidente, señalan encuestadores, es que el deterioro económico ya está generando un núcleo de rechazo muy sólido que podría comprometerlo en un ballotage frente a cualquier adversario. “Milei tiene casi dos tercios en contra si no mejora el bolsillo, pierde el ballotage”, advierten.

Las mediciones que circularon esta semana también muestran que el descontento con la economía ronda el 60%, y ese malestar se traslada casi en bloque a la imagen del presidente y a su techo electoral, que hoy se ubica cerca de los 40 puntos. En ese marco, la polarización con Kicillof aparece no solo como una apuesta de campaña, sino como un intento de ordenar adhesiones propias y fijar con anticipación quién sería el rival más funcional para la pelea de 2027.

Análisis y proyecciones: La estrategia oficialista recuerda a otros ciclos de la política argentina en los que el Gobierno eligió al adversario que mejor consolidaba su identidad electoral. Si la economía mejora, Milei podría recuperar competitividad y transformar la polarización en una ventaja; si persiste el deterioro del ingreso y el empleo, el esquema puede volverse riesgoso, porque amplía el rechazo transversal. En ese contexto, Kicillof gana centralidad no solo por su volumen en la provincia de Buenos Aires, sino porque representa, para libertarios y peronistas, un punto de cristalización de la disputa sobre el rumbo económico del país.

Evolución reciente: En los últimos años, Kicillof pasó de ser visto por el oficialismo como un dirigente con techo electoral a convertirse nuevamente en una figura de referencia para el peronismo en la provincia más grande del país. Del lado de Milei, la postura también mutó: de una etapa inicial en la que el gobernador era útil como antagonista casi perfecto, se pasó a una lógica más defensiva, en la que el Gobierno busca anticiparse a un eventual deterioro económico y evitar que el rechazo al presidente se convierta en un límite estructural. Así, la relación entre ambos dejó de ser solo una confrontación discursiva y pasó a funcionar como un eje de ordenamiento del tablero político nacional.