Cómo mantener la casa cálida en invierno sin gastar de más

El frío se instala y la casa puede convertirse en la primera aliada para conservar el calor. Especialistas explican qué materiales, orientaciones y hábitos ayudan a mejorar el confort sin disparar el consumo energético.

“En los castillos, como no había calefacción, todas las paredes tenían tapices para mantener el calor”. La frase resume una idea tan antigua como vigente: antes de que existieran los sistemas modernos de climatización, el diseño interior ya era una herramienta para combatir el frío.

Con las bajas temperaturas en alza, especialistas en interiorismo y arquitectura coinciden en que la decoración, la orientación de la vivienda y el tipo de materiales elegidos pueden marcar una diferencia concreta para conservar el calor dentro de la casa.

¿La decoración ayuda?

“Es importante absorber el calor y mantenerlo a través de los materiales porosos”, asegura la diseñadora de interiores Fátima Bandeira, fundadora de FA Interiores. Según explica, estos elementos funcionan como trampas de aire: retienen el calor y operan como un buen aislante térmico.

La lógica, agrega, es la misma que se aplica en la estructura de paredes y techos. Pero también alcanza a los elementos decorativos. “Cuanto más porosos son y más celdas de aire tengan, más cálido va a ser el espacio”, señala Bandeira. En ese sentido, ejemplifica que, cuando se prende una estufa, el calor se mantiene en alfombras, almohadones, telas de las cortinas, tapizados de sillas, pisos de madera, empapelados, entelados y paredes, entre otros materiales.

La especialista recuerda que las chimeneas cumplían un papel central para calefaccionar en otros tiempos, pero también lo hacían los grandes tapices y alfombras que decoraban las casas. En la historia de la arquitectura, esos recursos no eran sólo ornamentales: ayudaban a retener la temperatura en ambientes sin sistemas de calefacción central.

¿Conviene abrir las cortinas durante el día?

Además de contar con ventanas con doble vidriado hermético (DVH) y marcos de PVC o aluminio con rotura de puente térmico, Bandeira sugiere usar cortinas térmicas y aprovechar bien las persianas para conservar el calor durante la noche. “Conviene cerrar cuando el sol ya no calienta y se va terminando el día, para mantener la temperatura acumulada”, remarca.

En viviendas de climas fríos, este tipo de decisiones cotidianas puede impactar tanto como una mejora menor en el aislamiento: dejar entrar el sol durante el día y resguardar el interior por la noche ayuda a reducir pérdidas de energía y a sostener el confort térmico.

¿La ubicación de la casa influye?

La orientación solar de la vivienda es clave para la arquitectura de la casa. “Es fundamental para lograr maximizar el confort y la eficiencia energética desde una etapa temprana. Sabemos que la mejor orientación es hacia el norte, ya que, de esta manera, la vivienda recibe la mayor cantidad de luz solar durante el día”, señala Gabriel Joga, director y arquitecto de Grupo 8.66.

Desde ese enfoque, explican que las áreas de uso común del departamento, como el living y la cocina, se ubican en el sector que recibe más luz solar, mientras que los ambientes de menor uso, como baños y lavaderos, se colocan en las zonas más sombrías. Así, si se instalan grandes ventanales hacia la dirección del sol, en los espacios más frecuentados ingresará más luz y calor natural durante el invierno. En cambio, conviene que las ventanas del lado sur sean más chicas, porque recibirán menos sol y más viento frío.

Además, y en línea con lo planteado por Bandeira, proyectan desde el diseño la utilización de materiales de alta masa térmica, como hormigón, ladrillo o piedra, en áreas expuestas a la luz solar directa, ya que almacenan calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche.

También explican que el color de las paredes influye en la conservación del calor. Desde Grupo 8.66 indican que en interiores se usan colores claros para reflejar el calor y la iluminación, mientras que en las caras donde se necesita absorber y retener calor se prefieren tonos más oscuros.

¿Cuáles son las zonas de la casa donde más se escapa el frío?

“Es necesario examinar cuidadosamente techos, muros y pisos para garantizar un aislamiento térmico eficiente y, así, ganarle a las bajas temperaturas”, asegura Federico García Zuñiga, consultor técnico de Andima, Asociación Nacional de Industrias de Materiales Aislantes.

Desde la entidad advierten que el techo es la zona de la casa por la que se pierde la mayor parte del consumo energético: por allí se escapa el 40% del calor, ya que es la superficie más expuesta al clima exterior. Por ese motivo, sostienen que es el sector donde hay que redoblar los esfuerzos para aislar térmicamente la vivienda.

Las paredes explican otro 30% de la pérdida de calor. “Normalmente no están aisladas térmicamente y traspasa al interior la temperatura exterior; por ejemplo, en invierno, cuando tocamos las paredes notamos que están heladas y también visualizamos muchas veces condensación en paredes y ventanas”, agregan desde la Asociación.

Por último, el piso representa el 10% de la pérdida de calor. Se trata, además, de una superficie especialmente sensible porque está más cerca del cuerpo, sobre todo en el caso de los chicos que juegan y pasan más tiempo allí.

Existen materiales específicos que permiten mejorar la aislación térmica de la vivienda: lana de vidrio, poliestireno expandido y poliuretano son, según Andima, opciones ideales para evitar que se escape el calor durante el invierno. La asociación concluye que, con una aislación térmica eficiente, es posible ahorrar hasta un 35% en el consumo total de energía y hasta un 70% en las facturas de luz y gas destinadas a climatizar un hogar.

Análisis y proyecciones

La discusión sobre cómo conservar el calor en casa ganó relevancia en los últimos años por la combinación de tarifas energéticas, mayor conciencia ambiental y cambios en los hábitos de consumo. En ese marco, la vivienda eficiente dejó de ser un lujo asociado a proyectos de alto presupuesto y pasó a ser una necesidad práctica para hogares que buscan reducir gastos sin resignar confort.

La tendencia apunta a que, cada vez más, el aislamiento térmico, la orientación solar y la selección de materiales se integren al diseño desde el inicio de cada obra. A mediano plazo, esto puede traducirse en menos consumo de gas y electricidad, menor dependencia de sistemas de calefacción intensivos y una mejor calidad de vida en invierno. También es esperable que crezca el interés por soluciones pasivas —las que aprovechan el clima y la arquitectura— frente a respuestas exclusivamente basadas en artefactos de calefacción.

Evolución del tema

Durante décadas, la conversación doméstica sobre el frío se centró casi exclusivamente en estufas, calefactores y consumo de energía. Sin embargo, en los últimos años fue ganando terreno una mirada más integral: ya no alcanza con calentar el aire, también importa evitar que el calor se escape. En ese cambio influyeron tanto el avance de materiales aislantes como la difusión de criterios de arquitectura bioclimática y eficiencia energética.

Hoy, arquitectos, diseñadores y especialistas coinciden en que el confort térmico se define mucho antes de encender una calefacción. La ubicación de los ambientes, el tamaño de las aberturas, la calidad de los cerramientos y hasta la textura de los materiales decorativos forman parte de una estrategia más amplia para atravesar el invierno con menos pérdidas y mayor ahorro.