Refaccionar o ampliar la cocina: cuánto cuesta y qué bancos financian la obra

Refaccionar una cocina estándar ya ronda los $9,65 millones, mientras que sumar el baño eleva el presupuesto a más de $18 millones. En paralelo, varios bancos volvieron a ofrecer líneas para remodelación y ampliación.

Hay una frase que atraviesa a los mercados cada vez que la obra vuelve a cobrar impulso: el ladrillo suele funcionar como refugio, pero también como un termómetro de los costos reales. En este caso, la cocina —corazón operativo de la vivienda— se convirtió otra vez en una de las decisiones más sensibles del hogar: renovar, ampliar o simplemente sostener el estándar actual exige cuentas muy precisas.

En un mercado inmobiliario que volvió a moverse, pero con costos de construcción todavía exigentes, ampliar o refaccionar una cocina en julio de 2026 implica tener en cuenta números importantes. La buena noticia es que los valores en dólares dejaron de escalar al ritmo de años anteriores. La mala, en cambio, es que en pesos el desembolso sigue siendo elevado.

Según el último relevamiento de Reporte Inmobiliario, refaccionar una cocina estándar de 5,6 m² demanda hoy una inversión de $9.650.287, a valores de mayo de 2026 —el último relevado—. La suba en pesos alcanzó el 16,55% en el mismo lapso y, en moneda estadounidense, no tuvo modificaciones.

El presupuesto incluye demolición, recambio completo de cañerías de agua y gas, nueva mesada de granito, muebles bajo mesada y alacenas, grifería monocomando, instalación eléctrica, revestimientos cerámicos, luminarias y pintura general.

Si la reforma suma también el baño, el desembolso por ambos espacios asciende a $18.453.373, unos US$12.904 según la cotización del dólar blue vendedor de inicios de mayo, cuando se hizo el relevamiento. En términos comparativos, la cifra es prácticamente la misma que la requerida hace un año.

Remodelación con ampliación

Cuando la obra deja de ser una refacción y pasa a ser una ampliación —es decir, cuando se ganan metros, se integran ambientes o se avanza sobre un patio—, la variable decisiva ya no es solo el equipamiento, sino el costo de construcción. Y allí el contexto cambia de manera notable.

En junio de 2026, el Índice del Costo de la Construcción (ICC) del Gran Buenos Aires elaborado por el INDEC aumentó 2,7% mensual y acumula una suba del 12,8% en lo que va del año.

En otras palabras, ampliar una cocina implica entrar de lleno en esa estructura de costos. Según la complejidad de la intervención, el presupuesto puede escalar entre 20% y 40% respecto de una refacción estándar.

Frente a este escenario, el crédito volvió a posicionarse como una herramienta clave para encarar una remodelación. De los bancos que hoy ofrecen préstamos hipotecarios UVA, siete cuentan con líneas específicas para refacción. El esquema es similar: plazos largos, tasas más competitivas que un préstamo personal y cuotas que, en general, no pueden superar el 25% del ingreso familiar.

Los bancos que tienen créditos para refacción

Banco Ciudad

La entidad porteña financia con un crédito personal hasta el 100% del presupuesto de obra, aunque ese monto no puede superar el 50% del valor de tasación del inmueble. El plazo máximo es de 10 años, con una tasa del 10,5% más UVA. La cuota no puede superar el 20% de los ingresos del solicitante. El monto máximo del préstamo es de $130.000.000.

Banco Nación

Otorga hasta el 75% del presupuesto de obra y el plazo del préstamo puede ser de cinco, 10 o 15 años, con un período de obra de hasta 12 meses. A su vez, el monto máximo a prestar es de 157.500 UVAs con una tasa del 6% o de 210.000 UVAs con una tasa del 12%.

Banco ICBC

El ICBC ofrece la línea de remodelación con financiamiento de hasta el 50% de la tasación de la propiedad y un tope de $200 millones. Para acceder, solicita la presentación del presupuesto de obra, planos y la firma de arquitectos. El plazo máximo es de 20 años, con una tasa del 6,9% para clientes con cuenta sueldo y del 9,9% para el resto.

Banco Supervielle

La entidad ofrece préstamos con un plazo de hasta 15 años y una tasa del 15%. El ingreso mínimo del solicitante debe ser de $5 millones y no tiene tope máximo a prestar, aunque financia hasta el 50% de la tasación del inmueble.

Banco Patagonia

El préstamo financia hasta el 25% del valor de la propiedad, con las mismas características que el crédito para adquisición. La tasa es del 9,25% y está disponible exclusivamente para clientes con cuenta sueldo en la entidad. Se puede devolver hasta en 30 años y otorgan hasta $140 millones.

Banco Comafi

Banco Comafi financia hasta el 50% del valor de la vivienda permanente, con un tope de $350 millones y plazos de 5 o 10 años. La entidad exige planos de obra, presupuesto y cronograma suscripto por un profesional. La tasa es de 9,5% y 11% para quienes no cobren el sueldo en la entidad. Se debe acreditar un ingreso mínimo neto de $5.000.000.

Las medidas ideales para renovar una cocina

Especialistas en interiorismo y arquitectura coinciden en que una cocina bien resuelta no se improvisa: se proyecta en función del uso real y de quienes la habitan. Esa mirada responde a una tendencia que viene consolidándose desde hace años: la cocina dejó de ser un espacio meramente de servicio para transformarse en un área central de reunión, diseño y vida cotidiana.

Antes de definir materiales o colores, es necesario analizar la superficie total disponible y la altura real del techo. A partir de esos datos se diseña el espacio teniendo en cuenta las instalaciones, desde las tomas eléctricas, el gas, los desagües y la ventilación. La experiencia muestra que una obra bien planificada reduce costos imprevistos y evita reformas futuras por errores de distribución.

Las medidas estándar siguen siendo una referencia clave. El bajo mesada suele ubicarse a 90 centímetros de altura y 60 centímetros de profundidad, proporciones que permiten trabajar con comodidad. En cuanto al zócalo, se recomienda que tenga entre 10 y 15 centímetros, mientras que las alacenas tradicionales se resuelven entre 70 y 90 centímetros de ancho y 30 centímetros de profundidad para dejar libre el espacio de mesada y poder trabajar cómodamente.

La fluidez en los pasillos es otro aspecto central. La cocina requiere espacios circulatorios despejados y el paso mínimo funcional es de 90 centímetros.

Los especialistas recomiendan, además, dejar al menos 40 centímetros libres junto a la heladera para apoyar elementos y facilitar la descarga de compras. Son previsiones simples que, incorporadas desde la etapa de proyecto, optimizan la dinámica diaria.

Por otra parte, en términos de disposición funcional, la llamada “regla del triángulo” continúa siendo un principio organizador. Se trata de vincular tres zonas: almacenamiento —alacena o heladera—, preparación —mesada y bacha— y cocción —anafe o cocina—. Cada lado del triángulo debería contar con al menos 120 centímetros, lo que garantiza recorridos cómodos y eficientes.

Aunque las tipologías actuales incorporan islas y configuraciones abiertas, la lógica del triángulo persiste como base para asegurar fluidez. La integración con el living comedor, cada vez más habitual, no elimina la necesidad de una estructura funcional clara; por el contrario, la vuelve más necesaria.

El cambio cultural derivó en una transformación paulatina de este espacio, que hoy es protagonista. La cocina dejó de ser un ámbito oculto para convertirse en parte del área pública del hogar. Las islas, por ejemplo, se consolidaron como un recurso que facilita la conversación y el encuentro, tanto familiar como social; se integra al estar y se incorpora la TV o el área de sillones. Esa integración favorece también la adopción de materiales más sofisticados y detalles asociados al confort.

En los últimos años, esta evolución acompañó una tendencia global: la cocina como espacio social, visible y multifuncional, donde conviven trabajo, reunión y ocio. Ese cambio explica por qué las reformas ya no se piensan solo en términos de funcionalidad básica, sino también de valor percibido, estética y eventual reventa del inmueble.

En ese marco, cada metro cuadrado nuevo se analiza como una inversión. Y la cocina, hoy, es uno de los activos más visibles dentro de la casa.

Análisis y proyecciones: si la inflación de costos de construcción se mantiene por encima de la evolución del poder adquisitivo, la ampliación de cocinas seguirá concentrándose en segmentos de ingresos medios y altos, o en hogares con acceso a financiamiento. En cambio, las refacciones parciales —cambio de muebles, mesadas o terminaciones— pueden ganar terreno como estrategia de actualización gradual. La reaparición de líneas bancarias para obra, especialmente atadas a UVA, puede impulsar decisiones postergadas, aunque persiste un riesgo estructural: que la cuota, aunque inicialmente accesible, se tensione si el ingreso familiar no acompaña la evolución de los precios. Por eso, en este tipo de proyectos, la planificación técnica y financiera se vuelve tan importante como el diseño mismo.

Evolución reciente del tema: durante los últimos años, la reforma de cocinas acompañó el corrimiento de la vida doméstica hacia espacios más integrados. La pandemia aceleró la valorización del hogar como ámbito de trabajo, encuentro y permanencia, y desde entonces la cocina ganó centralidad. A la vez, el mercado inmobiliario osciló entre períodos de retracción y recuperación parcial, lo que reforzó la idea de que mejorar la vivienda propia puede ser una mejor alternativa que mudarse. Con la estabilización relativa de algunos precios en dólares y la persistencia de costos altos en pesos, la decisión entre refaccionar, ampliar o comprar ya no depende solo del gusto: también responde a la ecuación financiera de cada familia.