Congelan el subsidio a la tarifa social de colectivos y crece el rechazo
El Gobierno congeló la compensación del 55% para la tarifa social de colectivos bajo sistema SUBE. La medida ya genera rechazo en municipios y advertencias de provincias sobre el impacto en usuarios y cuentas públicas.“No es un cambio técnico, es una decisión política”, podría resumir la pulseada que vuelve a abrirse en el transporte público argentino, un sector atravesado por subsidios, tensiones fiscales y tarifas en disputa desde la crisis de 2001 y las sucesivas recomposiciones posteriores. Ahora, el gobierno de Javier Milei congeló la compensación a la tarifa social de colectivos bajo sistema SUBE y fijó el beneficio del 55% sobre la tarifa de referencia al 30 de junio, sin actualización al valor vigente del boleto.
Eso implica que, a partir de ahora, cuando las jurisdicciones dispongan nuevos aumentos, la Nación no aportará recursos adicionales para sostener ese beneficio en el mismo nivel. En otras palabras, el esquema deja de acompañar la evolución de la tarifa y pasa a quedar anclado en un parámetro histórico, con efectos directos sobre la distribución del costo entre el Estado, las provincias, los municipios y los pasajeros.
La resolución de la Secretaría de Transporte, oficializada este miércoles, provocó un inmediato rechazo en varios municipios. También encendió alertas en distintas provincias, que ya anticipan que no asumirán los baches que deje el retiro progresivo del subsidio nacional.
En el sector estiman que, ante una próxima actualización del boleto, el peso de la tarifa social podría caer del 55% al 43%, una merma que golpearía con fuerza a los sectores más vulnerables.
Fuentes empresarias consultadas por LPO señalan que, “para compensar” esa pérdida de recursos provenientes de Nación, los próximos aumentos del cuadro tarifario deberán contemplar ese faltante. En la práctica, eso trasladaría parte del ajuste al conjunto de los usuarios, diluyendo el impacto del beneficio social sobre quienes más dependen del transporte público.
Otra posibilidad que mencionan en el sector es un debilitamiento gradual de la gravitación de la tarifa social en el tiempo. Según esas proyecciones, la próxima actualización podría profundizar la caída del índice, con un impacto especialmente severo en jubilados, beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, la Asignación por Embarazo, Progresar, el personal de casas particulares, monotributistas sociales y veteranos de Malvinas, entre otros alcanzados por el esquema.
En paralelo, empresarios del rubro advierten que podría caer aún más el índice pasajero-kilómetro, una señal que históricamente anticipa deterioro en la oferta de servicios. Esa dinámica ya se observó en abril pasado, cuando numerosas empresas de colectivos del AMBA y de grandes centros urbanos del interior bonaerense redujeron frecuencias. En el transporte, cuando la ecuación tarifaria no cierra, la primera respuesta suele ser menos unidades en la calle, algo que termina afectando la regularidad y la calidad del servicio.
Las compañías de colectivos vienen reclamando subas de hasta 100% para retomar los servicios.
El malestar también se trasladó al plano político. “No es un cambio técnico, es una decisión política: el Estado Nacional se retira del transporte público del interior del país”, afirmó en su cuenta de X el intendente de Santa Rosa, Luciano Di Nápoli. El jefe comunal de la capital pampeana advirtió además que, de ahora en más, cada actualización tarifaria dejará una diferencia que deberán cubrir los vecinos o los municipios.
En la misma línea, un empresario del interior bonaerense explicó a LPO que “lo no abonado por el usuario de la tarifa social ni el Estado Nacional será abonado por el resto de los usuarios”, por lo que, según su lectura, el ajuste terminará trasladándose al resto del cuadro tarifario.
También surgieron señales de resistencia desde los gobiernos provinciales. Desde Mendoza, el subsecretario de Transporte de la gestión Cornejo, Luis Borrego, advirtió a LVDiez que la provincia “no va a poder hacerse cargo de estos subsidios nacionales que otorga Nación”.
Análisis y proyecciones: la decisión profundiza una tendencia que se consolidó en los últimos años: la reducción del peso relativo de los subsidios nacionales al transporte y una mayor presión sobre las jurisdicciones locales. Si ese sendero continúa, es previsible una mayor dispersión tarifaria entre regiones, más conflictividad entre Nación, provincias y municipios, y una posible caída de demanda por el encarecimiento del boleto. En términos políticos, el debate vuelve a dividir entre quienes priorizan el equilibrio fiscal y quienes advierten que el desfinanciamiento del sistema puede terminar deteriorando el acceso al transporte, especialmente en los sectores de menores ingresos.
Evolución reciente del tema: en la última etapa, el esquema de subsidios al transporte fue mutando desde un modelo fuertemente centralizado hacia otro cada vez más tensionado por la inflación, la segmentación tarifaria y la negociación permanente con las provincias. Con el nuevo enfoque de la administración Milei, la señal es más clara: Nación busca limitar su participación y dejar que las jurisdicciones definan cómo absorben el costo político y fiscal. Eso cambia el mapa de responsabilidades y anticipa un escenario de mayores discusiones por subsidios, frecuencias y tarifas en todo el país.
























