IA y medicina de precisión: el cambio que ya llegó
La inteligencia artificial se consolidó como una de las grandes promesas de la medicina moderna y, según especialistas, ya está cambiando la forma de diagnosticar, investigar y tratar enfermedades. En el país, la innovación avanza con experiencias concretas en hospitales y con foco en los pacientes.
“La medicina siempre avanzó cuando aprendió a leer mejor sus señales”, podría resumir el espíritu de una transformación que hoy encuentra en la inteligencia artificial uno de sus motores más potentes. En ese marco, la IA no solo promete diagnósticos más rápidos y exactos, sino también el desarrollo de tratamientos cada vez más personalizados, adaptados a las necesidades de cada paciente.
La inteligencia artificial marca así el inicio de un nuevo paradigma dentro de la medicina. Su rápido avance permite no solo obtener diagnósticos rápidos y precisos, sino también desarrollar medicamentos cada vez más personalizados y adaptados a las necesidades de cada paciente. En el marco del Capítulo 12 del Summit de Innovación, organizado por LA NACION, Patricia Biolchi, directora médica de AstraZeneca Cono Sur, conversó junto a la periodista Carla Quiroga sobre de qué trata esta transformación que ya está ocurriendo en nuestro país.
Para Biolchi, la innovación en salud es mucho más que una herramienta: “Es una transformación de cómo generamos conocimientos, cómo diseñamos nuevos medicamentos, pero además cómo esta tecnología se integra en el sistema para que le llegue a los pacientes”.
En este sentido, la experta afirmó que la IA ayuda a acortar los tiempos en el desarrollo de medicamentos. “En la primera etapa, la IA nos ayuda a analizar enormes cantidad de datos y podemos entender las enfermedades y sus mecanismos desde otro lugar. De esa manera, entendemos qué terapéutica va a ser mejor para ese grupo de población o paciente en particular”.
Luego, en lo que refiere a la etapa de estudios clínicos, la tecnología ayuda a los profesionales a hacer las preguntas correctas y entender cómo dividir las poblaciones. “Podemos pensar estudios clínicos que se adapten más a la realidad de los pacientes y del sistema de salud”, precisó.
Cada uno de estos aspectos conduce a la “medicina de precisión”. “La IA ayuda a los médicos a diagnosticar de manera más precisa en menos tiempos. Si combinamos medicamentos y diagnósticos tempranos, con el paciente en el centro, tenemos la definición de medicina personalizada”, señaló Biolchi.
Bajo esa línea, AstraZeneca trabaja sobre diferentes áreas terapéuticas, como oncología y enfermedades cardiovasculares y respiratorias, y dedica el 80% del desarrollo e investigación de estas moléculas en medicina de precisión. “Son las enfermedades que más impacto o carga generan en el sistema de salud”, dijo la experta.
Por otro lado, Biolchi subrayó que el rol de la tecnología debe ser complementar al profesional de la salud: “La medicina no es solo datos. La IA no puede entender la humanidad de las personas y no es responsable de tomar decisiones clínicas”.
A su vez, hizo mención a un acuerdo con el Ministerio de Salud de Córdoba. Se trata de una iniciativa en la que se integró en el Hospital Córdoba un software de IA dentro de una máquina de radiografía de tórax. “La herramienta ayuda al médico a hacer una segunda revisión y analizar a qué pacientes hay que prestar una atención diferente”, explicó. Desde la implementación del software, los profesionales lograron detectar en cuatro pacientes nódulos pulmonares en etapas tempranas y curativas.
Esta clase de experiencias refleja una tendencia que viene ganando velocidad en los últimos años: el uso de algoritmos para asistir en imágenes médicas, patología, seguimiento clínico y diseño de fármacos. A medida que mejoran la capacidad de cómputo y la disponibilidad de datos, la IA se vuelve más útil para detectar patrones difíciles de ver a simple vista y para priorizar casos en sistemas sanitarios cada vez más exigidos.
Análisis y proyecciones: el principal desafío no está solo en la potencia tecnológica, sino en su adopción segura y equitativa. La literatura médica suele coincidir en que la IA puede reducir errores, optimizar recursos y acelerar procesos, pero su impacto real depende de la calidad de los datos, la validación clínica y la capacitación de los equipos de salud. En el corto plazo, su expansión podría aliviar la carga asistencial y mejorar la detección temprana; en el mediano, empujar modelos más personalizados de prevención y tratamiento. Sin embargo, su despliegue también exigirá marcos regulatorios claros, resguardos éticos y una integración cuidadosa para evitar sesgos o decisiones automatizadas mal interpretadas.
La evolución del debate en torno a la IA en salud también muestra un cambio de postura entre los actores del sector. Hace algunos años, la conversación se concentraba en si la tecnología podía realmente aportar valor clínico; hoy, el eje pasó a ser cómo implementarla sin perder de vista la mirada humana. Las farmacéuticas, los hospitales y los ministerios de salud comenzaron a moverse desde proyectos piloto hacia soluciones concretas, aunque persiste la necesidad de demostrar resultados, escalabilidad y seguridad en contextos reales.
“Esta tecnología le tiene que llegar a la gente en el momento correcto. Hay que trabajar para prevenir, intervenir antes y alivianar la carga del sistema”, enfatizó la experta.
En ese sentido, sostuvo que la medicina de precisión “ya está pasando en el día a día”. “Si al tratamiento correcto se le suma todo el conjunto, el momento correcto y el contexto para ese paciente, vamos a tener una mejor calidad de vida”, concluyó.




















