Europa bajo fuego: el rayo en la Torre Eiffel y la ola de calor que ya deja más de 1.000 muertos en Francia
Un rayo iluminó la Torre Eiffel en una noche de tormenta sobre París, pero el verdadero impacto está en la ola de calor que bate récords en Europa. En Francia, las autoridades ya hablan de un exceso de mortalidad de al menos 1.000 personas en apenas tres días.
Cuando el meteorólogo francés Urbain Le Verrier estudió en el siglo XIX la relación entre tormentas y atmósfera, todavía era imposible imaginar que un rayo sobre la Torre Eiffel terminaría convirtiéndose en la imagen más simbólica de una crisis climática y sanitaria. En la noche del sábado, el icónico monumento parisino fue alcanzado por un relámpago mientras una tormenta eléctrica descargaba sobre la capital francesa, en medio de días de temperaturas sofocantes.
El episodio, captado y difundido en redes sociales, ocurrió en el momento más intenso de la ola de calor que azota al continente y que ya dejó en Francia un exceso de mortalidad de alrededor de 1.000 personas la semana pasada.
La agencia nacional de salud pública francesa precisó que el impacto se concentra sobre todo en los mayores de 65 años y remarcó además que se registró un incremento del 40% en las muertes ocurridas en el domicilio.
En ese contexto, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que Europa es hoy el continente que más rápido se calienta y que, por lo tanto, necesita hacer más para proteger a su población.
Récord y amenaza para Francia
Las cifras oficiales dan cuenta de la magnitud del episodio: el miércoles se contabilizaron más de 1.200 muertes, cuando Francia atravesaba sus temperaturas más altas jamás registradas. Esa cifra se elevó a más de 1.400 muertes en cada uno de los dos días siguientes, según Salud Pública Francia. Antes de la ola de calor, entre abril y mayo, la tasa de fallecimientos en el país oscilaba entre 900 y 1.000 por día, indicó el organismo.
Con esos datos, la agencia concluyó que Francia registró un exceso de mortalidad total de al menos 1.000 personas solo en esos tres días, aunque advirtió que la estimación probablemente crecerá a medida que se incorporen más registros, incluidos los fallecimientos ocurridos en el hogar.
Philippe Juvin, jefe del servicio de urgencias del Hospital Pompidou, uno de los principales centros hospitalarios de París, sostuvo el domingo que el balance tras el fin de semana probablemente será “muy, muy grave”.
El médico señaló que desde el lunes las empleadas domésticas y los cuidadores de ancianos volverán a trabajar y temió que se encuentren con personas “en muy, muy mal estado en sus casas, que no han bebido desde hace tres días, que están expuestas al calor o que fallecieron”.
El aumento de muertes fue más pronunciado en las zonas sometidas a alertas rojas por calor extremo, explicó. Esas advertencias llegaron a cubrir cerca de tres cuartas partes del país en el pico de la ola. La agencia también detalló que el 85% de las muertes correspondió a personas de 65 años o más.
Para el lunes, ningún departamento francés quedará bajo alerta roja, aunque 22 continuarán en nivel naranja, un alivio parcial para millones de personas que atravesaron noches tórridas, con temperaturas superiores a los 20 °C.
Inédita ola de calor en Europa
La ola extrema también desató récords de temperatura en otros países europeos. En Alemania, el calor provocó incendios forestales y obligó a la policía de Berlín a recurrir a cañones de agua para refrescar a la multitud.
El país marcó un récord por tercer día consecutivo con 41,7 °C en Neissemünde, cerca de la frontera con Polonia. República Checa también vivió su jornada más calurosa jamás registrada, con 41,1 ºC.
Un nuevo estudio de World Weather Attribution, una colaboración de científicos con sede en Europa, señaló el viernes que el calor y la humedad récord de esta semana no habrían sido posibles sin el cambio climático.
Ese tipo de episodios encaja con una tendencia ya bien documentada: en las últimas décadas, Europa ha experimentado un aumento más acelerado de la temperatura media que otras regiones, mientras que las olas de calor se vuelven más frecuentes, más intensas y más prolongadas. Los expertos llevan años advirtiendo que, en ciudades densamente pobladas y con infraestructura pensada para climas más templados, el riesgo sanitario crece de forma exponencial.
El estudio rápido concluyó además que un calor de estas características habría sido prácticamente imposible hace apenas cinco décadas y que hoy es 200 veces más probable que hace 20 años.
“Europa es el continente que se calienta más rápido en la Tierra, calentándose al doble del promedio mundial”, dijo el domingo en X el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Ahora mismo 150 millones de personas viven bajo calor extremo, cientos han muerto, las escuelas están cerradas, las redes eléctricas están cediendo”, agregó.
Impulsada por el cambio climático y el calentamiento global, la ola de calor que antes era “una vez por generación” ahora ocurre casi todos los años, estimó Tedros, y añadió que desde el 21 de junio se han registrado más de 1.300 muertes en exceso vinculadas a las altas temperaturas en Europa.
“El estrés por calor a menudo se llama el ‘asesino silencioso’, y los hogares, lugares de trabajo y escuelas europeos no fueron construidos para estas temperaturas”, advirtió el funcionario, al pedir a los países del continente que implementen planes de acción.
También sostuvo que las prioridades deben centrarse en la preparación, la prevención y respuestas más sólidas de los sistemas de salud.
El lunes, la ola de calor se desplazaba lentamente hacia las zonas orientales del continente.
Análisis y proyecciones
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una tensión que se repite cada verano en Europa: la combinación de temperaturas extremas, población envejecida y ciudades poco adaptadas multiplica el impacto sanitario. En términos de salud pública, el mayor riesgo no proviene solo de los golpes de calor directos, sino también de la deshidratación, la descompensación de enfermedades previas y el deterioro de la atención en viviendas, hospitales y residencias.
De cara a los próximos años, los especialistas suelen coincidir en que la respuesta más eficaz requerirá tres frentes: alertas tempranas mejor calibradas, rediseño urbano para reducir islas de calor y planes específicos para mayores de 65 años, que son el grupo más vulnerable. Si las tendencias climáticas actuales persisten, las olas de calor dejarán de ser eventos excepcionales para transformarse en una amenaza estructural de salud y de infraestructura.
Cómo cambió el escenario en los últimos años
En la última década, la discusión dejó de centrarse solo en si el calor extremo estaba aumentando y pasó a enfocarse en cómo prepararse para él. Tanto la OMS como redes científicas de atribución climática han endurecido sus advertencias, mientras gobiernos europeos incorporaron con mayor frecuencia planes de contingencia, centros de enfriamiento y mensajes de prevención. Sin embargo, la velocidad del calentamiento y la intensidad de los episodios siguen superando, en muchos casos, la capacidad de adaptación de hospitales, sistemas eléctricos y servicios de asistencia social.
Agencias AP y AFP





















