Venezuela: continúan los rescates entre réplicas, ruinas y una cifra de víctimas en aumento

Tres días después de los sismos que arrasaron el norte venezolano, la prioridad sigue siendo encontrar sobrevivientes entre los escombros. Las réplicas, la destrucción de infraestructura y la falta de coordinación complican cada vez más la respuesta.

“Las primeras 72 horas pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte”: esa máxima de los equipos de rescate vuelve a cobrar fuerza en Venezuela, donde tres días después de los dos terremotos que devastaron el norte del país la búsqueda de sobrevivientes continúa entre escombros, réplicas y un panorama humanitario cada vez más complejo.

La emergencia sigue atravesada por la destrucción de infraestructura, la angustia de miles de familias y la incertidumbre sobre el paradero de personas que aún figuran como desaparecidas. En ese contexto, vecinos, voluntarios y brigadas internacionales sostienen buena parte del operativo, mientras las organizaciones humanitarias insisten en que la asistencia debe ordenarse mejor para concentrarse en una sola prioridad: salvar vidas.

Continúan los rescates mientras crece el balance de víctimas

Las autoridades informaron que el saldo oficial de fallecidos asciende a 1450 personas, en tanto que los heridos ya superan los 3150. Además, se calcula que unas 50.000 personas continúan desaparecidas, una cifra que podría variar a medida que avancen las tareas de búsqueda y se actualicen los relevamientos en las zonas más afectadas.

A ese escenario se sumó una nueva réplica, que reactivó el temor entre los habitantes de las áreas golpeadas y obligó a suspender por momentos algunas operaciones de rescate. Los movimientos posteriores al sismo principal mantienen en alerta permanente tanto a rescatistas como a vecinos, un fenómeno habitual en terremotos de gran magnitud y que suele complicar la evaluación de daños en las primeras jornadas.

Las autoridades también confirmaron que 189 edificios sufrieron colapsos totales, mientras que cientos de estructuras presentan daños que todavía deben ser examinados por especialistas. En emergencias de este tipo, el colapso de inmuebles no solo eleva la cantidad de víctimas, sino que también deja fuera de servicio hospitales, centros de abastecimiento y corredores clave para la ayuda.

Voluntarios trabajan con sus propios recursos ante la falta de organización

Durante las primeras horas posteriores a la tragedia, miles de venezolanos se acercaron de manera espontánea a las zonas más castigadas para colaborar en la remoción de escombros. Con picos, palas, linternas, herramientas eléctricas e incluso pequeños generadores, muchos intentan suplir la falta de recursos disponibles en los operativos oficiales.

La solidaridad se convirtió en uno de los principales motores de la emergencia, aunque sobre el terreno también comenzaron a hacerse visibles problemas de coordinación. Según testimonios de personas que participan de los operativos, el ingreso masivo de vehículos cargados con donaciones terminó congestionando accesos y dificultando el paso de ambulancias y equipos especializados.

Los especialistas recuerdan que las primeras 48 a 72 horas posteriores a un terremoto son decisivas para hallar personas con vida bajo los escombros, aunque ese margen puede extenderse si las víctimas logran acceder a agua o alimentos. Esa ventana crítica explica por qué, en sismos de gran escala, cada hora de coordinación puede ser determinante.

Con el paso de los años, este tipo de tragedias también dejó una enseñanza conocida en la gestión de riesgos: la ayuda no solo debe llegar rápido, sino con orden, logística y mando unificado. En caso contrario, la abundancia de donaciones puede convertirse en un obstáculo adicional para el rescate.

Equipos internacionales se suman a las tareas de emergencia

En las últimas horas comenzaron a arribar brigadas especializadas procedentes de distintos países para reforzar las tareas de rescate.

Funcionarios venezolanos informaron que 17 vuelos transportaron a más de 1600 integrantes de equipos internacionales, entre ellos especialistas de México y Francia entrenados para intervenir en catástrofes de gran magnitud. La llegada de este tipo de equipos suele acelerar la localización de sobrevivientes en estructuras colapsadas, especialmente cuando se requiere tecnología de detección y experiencia en apuntalamiento.

Miles de personas permanecen sin hogar

La destrucción dejó barrios enteros inhabitables. Muchas familias pasaron las últimas noches en la calle, en canchas deportivas o debajo de refugios improvisados con lonas, mientras esperan asistencia y soluciones más estables para resguardar a niños, adultos mayores y personas heridas.

En paralelo, comenzaron a registrarse algunos episodios de saqueos, una situación que agrega tensión a un contexto ya marcado por la escasez de recursos y la incertidumbre. En desastres de esta escala, la pérdida de servicios básicos y la falta de abastecimiento suelen agravar los riesgos de conflictividad social.

A medida que avanzan las horas, las tareas de búsqueda de sobrevivientes empiezan a convivir con la recuperación de cuerpos, una de las etapas más dolorosas para familiares y rescatistas. Ese tránsito, frecuente en catástrofes con alto número de víctimas, marca también el momento en que la emergencia pasa de la esperanza del rescate a la administración del duelo.

Análisis y proyecciones

La magnitud del daño en Venezuela deja varias conclusiones previsibles. En el corto plazo, el principal desafío será sostener la coordinación entre fuerzas locales, voluntarios y equipos extranjeros para evitar que la ayuda se disperse. Si la logística no mejora, la recuperación podría volverse más lenta y el impacto humanitario, más profundo. En el mediano plazo, el foco estará en la evaluación estructural de miles de edificios y en la eventual reubicación de familias que no puedan volver a sus viviendas. Como ha ocurrido en otros terremotos de gran intensidad en América Latina, la reconstrucción no dependerá solo de recursos económicos: también exigirá normas claras, controles efectivos y una revisión de los estándares de construcción en zonas sísmicas.

El aeropuerto opera de manera limitada

El aeropuerto internacional de Maiquetía, ubicado en La Guaira y considerado la principal puerta de entrada aérea del país, reabrió parcialmente para recibir vuelos con ayuda humanitaria internacional.

Sin embargo, distintas evaluaciones técnicas advierten que varias de sus pistas presentan fracturas y deformaciones provocadas por los terremotos, por lo que las operaciones continúan con restricciones, especialmente para aeronaves de gran porte.

Las autoridades estiman que la normalización completa podría producirse en los próximos días, aunque todavía restan inspecciones para determinar el alcance de los daños estructurales.

Por qué Venezuela registra terremotos de gran magnitud

Expertos explican que Venezuela se encuentra atravesada por importantes sistemas de fallas geológicas, entre ellas El Pilar, San Sebastián y Boconó, cuya interacción aumenta la probabilidad de registrar terremotos de elevada magnitud.

Desde una perspectiva histórica, el sismo de Caracas de 1967 marcó un antes y un después en la ingeniería sísmica del país: a partir de entonces se incorporaron normas de construcción antisísmicas para nuevas edificaciones. Sin embargo, gran parte de los edificios levantados con anterioridad nunca fue adaptada, ya que la legislación no obligó a realizar refuerzos estructurales.

Ingenieros especializados sostienen que esa situación, sumada a deficiencias en los controles de construcción y mantenimiento, podría explicar parte del elevado número de estructuras colapsadas durante esta tragedia. En los últimos años, además, el debate sobre la prevención sísmica en la región volvió a subrayar una idea central: la vulnerabilidad de una ciudad no depende solo del temblor, sino también de cómo se construyó y de cuánto se invirtió en reforzarla.

Cómo evolucionó la respuesta ante sismos de gran escala

Con el paso del tiempo, la respuesta ante emergencias de este tipo fue ganando protocolos más sofisticados: mejor despliegue de urban search and rescue, mayor uso de equipos de geolocalización de víctimas y protocolos internacionales de cooperación. Sin embargo, la experiencia también muestra que, cuando la infraestructura colapsa y la coordinación falla, los primeros días siguen dependiendo en gran medida de la capacidad de organización local. En ese marco, la situación venezolana refleja una tensión conocida entre la urgencia del rescate, la necesidad de asistencia ordenada y la posterior tarea de reconstrucción.