El Niño ya es un hecho: la NOAA lo confirmó y anticipa un evento muy fuerte hacia el verano austral

La Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos confirmó que el Pacífico ya alcanzó condiciones de El Niño. En Argentina, el impacto más marcado se espera recién desde la primavera, con diferencias según la región.

“El Niño” es una expresión que la meteorología convirtió en sinónimo de cambio climático regional mucho antes de que los modelos numéricos dominaran los pronósticos: el fenómeno fue identificado por pescadores del Pacífico hace siglos, y hoy la ciencia lo sigue con satélites, boyas y análisis oceánicos de alta precisión. En ese marco, la NOAA confirmó que el Pacífico ecuatorial ya ingresó formalmente en condiciones de El Niño, un paso que deja de lado la especulación y coloca al sistema ENSO en una fase activa.

En los últimos días, la NOAA, sigla en inglés de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, uno de los organismos de referencia mundial para el seguimiento del fenómeno ENSO, declaró que el evento ya está en marcha. En términos simples, esto significa que la temperatura del Pacífico en la franja ecuatorial alcanzó valores compatibles con el desarrollo de El Niño.

Este tipo de evento se considera instalado cuando la temperatura superficial del océano Pacífico se mantiene por encima de medio grado respecto del promedio durante un determinado período. Según explicó el meteorólogo Leonardo de Benedictis, esa condición ya se cumplió y por eso la entidad estadounidense hizo el anuncio oficial: “oficialmente ya estamos bajo condiciones de evento El Niño”.

En su comunicado, la NOAA sostuvo que la confianza en la persistencia del fenómeno se apoya en anomalías de elevado contenido calórico y en la expansión de los vientos sobre el Pacífico ecuatorial. Además, proyecta que el evento se fortalezca durante los meses de verano del hemisferio sur.

La agencia incluso estima que existe un 63% de probabilidades de que se desarrolle un El Niño muy fuerte entre noviembre y enero, con la posibilidad de ubicarse entre los episodios más relevantes del registro histórico que la institución releva desde 1950. De todos modos, aclara que ese escenario no implicará los mismos efectos en todas las regiones.

Invierno normal

Para la Argentina, los impactos tampoco serán inmediatos. De Benedictis remarcó que El Niño tendrá su incidencia más marcada a partir de la primavera. Durante el invierno, en todo caso, podría expresarse con temperaturas menos rigurosas y una menor frecuencia de heladas respecto del promedio, pero no necesariamente con un aumento anormal de las precipitaciones.

El efecto del fenómeno también se distribuirá de manera desigual con el avance de la estación. En el noreste argentino —Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa—, el especialista proyecta que el aumento de las lluvias podría comenzar a sentirse desde septiembre.

En cambio, en el sur del Litoral y en provincias como Buenos Aires, La Pampa y Córdoba, el impacto más fuerte podría hacerse visible recién entre octubre y noviembre. Cuanto más se avanza hacia el oeste y hacia el sur, añadió, menor sería la intensidad esperada.

Análisis y proyecciones: El Niño suele alterar el reparto habitual de lluvias y temperaturas en gran parte de Sudamérica, aunque su señal no es idéntica en todos los años ni en todas las provincias. En términos generales, los eventos intensos tienden a favorecer precipitaciones por encima de lo normal en el centro y norte de la Argentina, mientras que pueden reducir el riesgo de heladas tempranas. Sin embargo, cuando la anomalía oceánica se combina con otros factores atmosféricos, también pueden aparecer episodios de tormentas más persistentes o de lluvias concentradas en cortos períodos, con impacto en agricultura, infraestructura y cuencas urbanas.

Evolución reciente del fenómeno: En los últimos años, la discusión pública sobre El Niño ganó peso por la mayor frecuencia con que se lo asocia a extremos climáticos, sequías e inundaciones. En el país, la mirada de productores, gobiernos provinciales y organismos técnicos fue cambiando desde una lógica casi exclusivamente reactiva hacia una de mayor seguimiento preventivo. La combinación entre monitoreo satelital, modelos estacionales y alertas tempranas permitió mejorar la anticipación, aunque persiste un margen de incertidumbre: El Niño no “produce” el mismo clima en todos lados, sino que eleva la probabilidad de ciertos patrones. Por eso, la clave de los próximos meses será observar cómo interactúa el océano con la circulación atmosférica regional y si la señal se consolida como uno de los episodios más intensos del período reciente.