Regreso al depredador: un símbolo que faltaba hace casi siete décadas

Un yaguareté apareció en un sendero turístico de Carlos Pellegrini y confirma el avance de un plan de reintroducción que lleva más de 20 años; el avistaje se viralizó y evidencia cambios culturales, biológicos y económicos en la región.

"A mediados del siglo XX la caza y la expansión ganadera empujaron al yaguareté hacia la extinción local; hoy, ese dato histórico sirve para medir la magnitud de lo que ocurre en el Iberá", recuerda la memoria de la conservación mientras un joven ejemplar aparece en un sendero turístico. El domingo 10 de mayo, en Carlos Pellegrini, tres grupos de familias vivieron lo que esperaba cualquier visitante de los Esteros del Iberá: observar aves. Pero el Global Big Day ofreció algo inesperado: Ombú, un yaguareté, cruzó el sendero y avanzó sin apuro hacia el monte; lo filmaron y el video se viralizó en horas.

Douglas Tompkins y Tobuna

El grupo de trabajo de la Fundación Rewilding Argentina explotó de emoción. “Era todo festejo”, rememora Gustavo Solís, veterinario correntino y coordinador del Proyecto Iberá. “Llevamos más de 20 años trabajando para esto, fue una alegría total”, asegura, subrayando que el encuentro fue la concreción visible de procesos largos y planificados.

Ombú tiene un año y ocho meses. Nació libre en los esteros, es hijo de Porã y nieto de Mariua, la primera hembra liberada en Corrientes en 2021. Pertenece a la genealogía que arrancó con Tania, una hembra que llegó al proyecto con una amputación y pocas expectativas de éxito como reproductora; esa línea inesperada hoy fundamenta parte del milagro del Iberá.

Tania con sus cachorros

El patio trasero

Gustavo Solís se formó como veterinario en la Universidad del Nordeste y sus primeros años los dedicó a la Dirección de Fauna de Corrientes. En los 90 el Iberá era un territorio golpeado: acopiadores clandestinos de cueros, cazadores furtivos y fauna reducida. “Yo pasé de ver la cantidad de cueros que se acopiaban a ver yaguaretés en libertad”, dice, y resume en su carrera la transformación del paisaje. Hoy tiene 57 años y su trayectoria refleja, en pequeño, el arco de recuperación de los Esteros.

En 2005 Gustavo se acercó por primera vez a la entonces poco conocida Rewilding Argentina para discutir una idea que sonaba ambiciosa: restaurar el ecosistema del Iberá y devolver especies desaparecidas. El retorno del yaguareté parecía un horizonte lejano y casi irreal.

Mariua y cachorros

Al principio la propuesta chocó con incredulidad: en una provincia fuertemente ganadera, la idea de reintroducir un gran depredador costaba comprenderse. “La gente te miraba como si fueras un loco”, recuerda Gustavo.

Las preguntas económicas eran legítimas: ¿quién se beneficiaría de conservar el ecosistema? Corrientes estaba organizada sobre la base de la producción agropecuaria, y la noción de que la conservación podía generar ingresos era todavía abstracta.

La estrategia fue gradual y tangible. Se empezó reintroduciendo especies menos polémicas: osos hormigueros gigantes, venados de las pampas, pecaríes de collar. Cada especie que se establecía validaba el modelo: llegaron turistas, los animales se multiplicaron y las comunidades comenzaron a percibir nuevos ingresos. “Después de un par de años, tanto la sociedad como los funcionarios dijeron: parece que esto avanza en serio”, recuerda Gustavo; el sueño empezó a materializarse.

Cachorros de Tania

La pregunta que nadie sabía responder

La reintroducción del yaguareté planteaba un problema que Argentina aún debía resolver: cómo conseguir ejemplares aptos para reproducirse y, eventualmente, volver a la vida libre.

El plan del proyecto trabaja en dos tiempos: primero incorporar adultos de zoológicos y centros de rescate —animales criados en cautiverio que no pueden sobrevivir en estado silvestre— para que se reproduzcan en semicautiverio; sus crías, nacidas y entrenadas en corrales que imitan el estero, aprenden a cazar sin contacto humano y son candidatas a la libertad. En la teoría era sencillo; en la práctica faltaba una cultura institucional para sostenerlo.

“Yo iba a instituciones zoológicas y pedía reproductores para nuestro proyecto y la respuesta era: ¿pero yo qué voy a tener a cambio?”, cuenta Gustavo. Los zoológicos estaban habituados al intercambio formal de ejemplares; la idea de integrarse a un esfuerzo colaborativo sin una retribución inmediata costó. “Explicar que todos nos íbamos a beneficiar conservando al predador tope, en peligro crítico, fue muy complejo”, añade.

Carpincho en los Esteros del Iberá, Isla San Alonso.

En 2012 la fundación inició la construcción del Centro de Reintroducción del Yaguareté en la Isla San Alonso, dentro del Parque Nacional Iberá. Los corrales son enormes: el corral de presuelta —la etapa final antes de la libertad— ocupa 30 hectáreas. Pero la burocracia demoró permisos y trámites, y los primeros animales tardaron en llegar.

“Fíjate cómo nos fue: empezamos la planificación en 2010, la primera hembra llegó en 2015, el primer macho en 2016. Ya llegaron viejos, ya pasada la edad reproductiva óptima”, lamenta Gustavo.

Arami y sus cachorros, los primeros en nacer en libertad

Tania

Tania llegó en 2017 proveniente del zoológico de Batán. Cuando era pequeña sufrió el ataque de un tigre y perdió una pata; por esa limitación nunca podría ser liberada, y su función prevista era la de reproductora en cautiverio. Nadie apostaba demasiado por ella.

La historia dio un giro: Tania resultó ser una madre excepcional. A pesar de su discapacidad, enseñó a sus crías a cazar con una eficacia que sorprendió al equipo. En 2018 nacieron en los corrales del Iberá los primeros yaguaretés correntinos en décadas: Mbarete y Arami, fruto de la unión de Tania con Chiqui, un macho cedido por Paraguay. Una hembra descartada en apariencia se convirtió en pieza clave del proyecto.

Tania tuvo tres camadas; sus crías fueron liberadas y sus nietos nacieron ya en libertad. Hoy, con 13 años, vive en el Ecoparque de Buenos Aires recibiendo cuidados y es bisabuela: una de sus nietas es la madre de Ombú.

La primera familia libre

En enero de 2021 Mariua, hija de Tania, cruzó la frontera del corral con sus dos cachorros, Karai y Porã. Fue la primera vez en la historia argentina que un gran felino reintroducido fue liberado en un territorio donde la especie había desaparecido. El Iberá recuperó a su depredador tope 70 años después de que la caza lo borrara del mapa.

El resultado superó expectativas: encontraron un ecosistema con abundancia de presas y sin persecución humana. “El yaguareté se expresó totalmente”, explica Gustavo. La reproducción fue notable y la población creció: 21 ejemplares, luego 33 y más de 40. A principios de 2026 la Fundación confirmó la existencia de 50 yaguaretés en libertad en los esteros, cifra que representa el 25% de la población nacional estimada —menos de 200 individuos en fragmentos aislados— concentrada ahora en un territorio donde hace cinco años no había ninguno.

El yaguareté (Panthera onca) es el felino más grande de América y el tercero en el mundo. Predador tope en los ecosistemas que habita, tiene poblaciones en las Selva Paranaense, las Yungas y el Chaco Argentino

Por qué Ombú no corrió

El avistaje de Ombú no fue fortuito: el equipo llevaba años esperando la dispersión de ejemplares jóvenes. En todos los procesos de reintroducción en el Iberá se repite un patrón: la población se consolida y los jóvenes empiezan a buscar territorios propios. “Les pasó a los osos hormigueros y al venado de las pampas”, señala Gustavo. “Ahora lo vivimos con los yaguaretés”.

Lo que convirtió la escena en noticia fue el lugar: no un rinconcito remoto del estero, sino el sendero turístico más transitado del parque, donde la presencia humana es cotidiana. Ombú caminó como si los visitantes formaran parte del paisaje, porque en buena medida así es: son animales que han aprendido que el humano ya no les representa una amenaza.

Ombú, un joven yaguareté, fue visto por residente de San Alonso, en los esteros del Iberá

Gustavo plantea la pregunta inversa para explicar ese comportamiento: “¿Por qué en el Iberá los carpinchos no huyen, los yacarés se dejan observar desde pocos metros, los ciervos siguen pastando cuando se acerca una embarcación?”. La respuesta es colectiva: resultados de una política de cuidado construida entre municipios, el gobierno provincial y Parques Nacionales. “La gente tomó un nivel de conciencia ambiental que dice: tenemos que cuidar esto”, afirma. El yaguareté era, previsiblemente, el último en sumarse a esa confianza.

La reacción pública fue inmediata: el municipio de Carlos Pellegrini lo celebró en redes, el gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés, también, y Parques Nacionales emitió comunicados. Una provincia que veinte años atrás desconfiaba de la restauración ecológica festejó la aparición de Ombú como suya.

Gustavo sintetiza el efecto simbólico: "El yaguareté es el Messi de la fauna. Hay animales muy atractivos, pero el yaguareté genera una atracción única, comparable a la llegada de una figura emblemática del deporte", dice con una sonrisa que condensa orgullo y asombro.

Magali Longo, coordinadora de conservación en los Estéros del Iberá en Corrientes

La grieta que se cerró

El proyecto del Iberá es fruto de una alianza sostenida durante dos décadas entre la Fundación Rewilding Argentina, el Gobierno de Corrientes y la Administración de Parques Nacionales. “Acá nadie solo puede restaurar un ecosistema: se han juntado municipios, gobierno provincial, parques nacionales y ONG. Una gran alianza estratégica”, asegura Gustavo.

El resultado fue un cambio cultural profundo. Durante años la discusión sobre conservación en Argentina se planteó como dicotomía entre conservar y producir; el Iberá demostró que esa división puede disolverse. “Con este proyecto se mostró que lo más sustentable es ser productores de naturaleza: cuidar el ecosistema y generar ingresos locales mediante la observación de fauna”, resume Gustavo. Corrientes, que en los 90 estuvo asociada a prácticas extractivas, hoy figura entre los destinos de ecoturismo más relevantes de la región.

Gustavo Solís

La clave fue abandonar la lógica excluyente que dominó la conservación durante décadas y convertir el cuidado en una actividad rentable. Eso requirió tiempo, presencia territorial y trabajo cotidiano con las comunidades: en palabras de Gustavo, los 20 años que tardó en madurar fueron determinantes.

Evolución del proyecto y cambio de posturas

En los últimos años la postura de los actores principales evolucionó desde el escepticismo hasta el compromiso activo. A comienzos del siglo XXI, la idea de traer de vuelta al yaguareté encontraba resistencia en sectores institucionales y locales; con el tiempo las pruebas de concepto —nacimientos en cautiverio, reintroducciones iniciales y la llegada de turistas— transformaron percepciones. Instituciones zoológicas que inicialmente veían con recelo la cesión de ejemplares pasaron a participar en esquemas cooperativos; gobiernos provinciales y nacionales integraron el proyecto en sus agendas; comunidades locales reconocieron beneficios económicos y culturales. Este recorrido también refleja tendencias globales: el aumento del interés por la reintroducción y la conservación basada en paisajes, la colaboración entre ONG y estados, y la valorización del capital natural como motor de desarrollo regional.

Análisis y proyecciones

Desde la ecología de la restauración y la biología de la reintroducción pueden anticiparse efectos y desafíos. La presencia sostenida del yaguareté puede inducir cascadas tróficas beneficiosas: regular poblaciones de herbívoros y mesopredadores, lo que a su vez favorece la recuperación de la vegetación y la diversidad. En lo económico, el fortalecimiento del ecoturismo puede consolidar fuentes de ingreso locales y dar continuidad financiera al proyecto. Sin embargo, hay riesgos que requieren gestión: la conectividad genética y la salud poblacional demandan monitoreo para evitar cuellos de botella; la expansión de la población puede aumentar episodios puntuales de conflicto humano-fauna que deberán resolverse con mitigación, compensaciones y educación; y la sostenibilidad a largo plazo dependerá de financiamiento estable y de políticas públicas coherentes. Teorías como el análisis de viabilidad poblacional (PVA), la planificación de corredores y la gestión adaptativa ofrecen marcos útiles para prever escenarios y diseñar respuestas.

Lo que sigue

Días después del avistaje en Carlos Pellegrini, Ombú fue visto nuevamente en la misma zona. Técnicos pudieron capturarlo temporalmente y le colocaron un collar satelital. El examen veterinario arrojó: 85 kilos, en perfectas condiciones. Hoy lo monitorean mientras explora y define el territorio donde se instalará.

“La capacidad de recuperación del ecosistema no deja de sorprendernos: le das un poco de respiro, lo ayudás un poco, y explota”, comenta Gustavo. Para el equipo de Rewilding la satisfacción es proporcional al trabajo sostenido: “Valió la pena el esfuerzo, por esto hacemos lo que hacemos”, concluye.

Esteros del Iberá. Colonia Carlos Pellegrini, Corrientes.

Cr: Santiago Greene