Cuando la confianza se rompe
Desde este rincón correntino donde el río sigue su curso sin preguntarle permiso a nadie, el Jagua Arandú mira la política nacional con una mezcla de asombro y preocupación.
Porque más allá de los nombres, los partidos y las peleas del momento, hay algo mucho más importante que está en juego.
La confianza.
Y la confianza es una de esas cosas que tardan años en construirse y apenas minutos en destruirse.
El problema no es solamente Adorni
Durante los últimos días gran parte de la discusión pública giró alrededor de las explicaciones brindadas por el jefe de Gabinete sobre su patrimonio.
Los abogados hablarán de leyes.
Los jueces hablarán de pruebas.
Los contadores hablarán de balances.
Pero la gente común habla de otra cosa.
Habla de credibilidad.
Porque cuando un funcionario primero afirma una cosa y después reconoce otra, la sociedad empieza a hacerse preguntas.
Y cuando las preguntas superan a las respuestas, aparece la desconfianza.
No hace falta ser abogado para entenderlo.
Lo entiende perfectamente cualquier jubilado que cobra la mínima.
Lo entiende el comerciante que paga impuestos.
Lo entiende el productor rural que presenta cada papel que le exige el Estado.
Una vara distinta
Javier Milei llegó al gobierno prometiendo algo que millones de argentinos querían escuchar.
Que terminarían los privilegios.
Que se acabarían las viejas prácticas.
Que la política dejaría de jugar con reglas diferentes a las del resto de la sociedad.
Esa promesa fue una de las razones centrales de su triunfo.
Por eso la situación actual tiene una dimensión especial.
No porque involucre una cifra determinada.
No porque exista una denuncia.
Sino porque toca el corazón mismo del discurso que llevó al Presidente al poder.
Cuando alguien construye su liderazgo sobre la ética pública, la exigencia social se vuelve mucho más alta.
La Argentina que espera
Mientras en Buenos Aires se discuten declaraciones juradas, criptomonedas, jueces y estrategias políticas, existe otra Argentina.
La que se levanta temprano.
La que trabaja.
La que produce.
La que sigue esperando que el esfuerzo cotidiano tenga recompensa.
En Goya, en Curuzú, en Mercedes, en Esquina o en Paso de los Libres, la principal preocupación no es una pelea de dirigentes.
La preocupación es el precio de los alimentos.
La caída del consumo.
La situación de los jubilados.
Las dificultades de las pequeñas empresas.
La incertidumbre sobre el futuro.
Y justamente por eso los escándalos políticos generan tanto enojo.
Porque parecen ocurrir en un país diferente al que vive la mayoría.
Los "ñoños republicanos"
Durante mucho tiempo se creyó que las instituciones eran una preocupación exclusiva de académicos, periodistas o dirigentes políticos.
Sin embargo, la experiencia argentina demuestra lo contrario.
La gente puede tolerar errores.
Puede tolerar medidas difíciles.
Puede incluso tolerar sacrificios económicos.
Lo que tolera mucho menos es la sensación de engaño.
Existe una parte importante de la sociedad que sigue valorando la honestidad pública, la transparencia y el respeto por las instituciones.
No desapareció.
No se extinguió.
Y probablemente siga siendo decisiva en las próximas elecciones.
Una lección antigua
Los correntinos solemos aprender muchas cosas observando el campo.
Cuando un alambrado se corta, al principio parece un problema pequeño.
Un hilo roto.
Un poste flojo.
Nada grave.
Pero si nadie lo arregla a tiempo, después cuesta mucho volver a ordenar todo.
La confianza funciona de la misma manera.
Se deteriora lentamente.
Y cuando finalmente se rompe, reconstruirla resulta muchísimo más difícil.
Lo que viene
La Justicia deberá hacer su trabajo.
El Congreso deberá hacer el suyo.
Y el Gobierno deberá tomar las decisiones que considere necesarias.
Pero más allá de las cuestiones legales o políticas, hay una realidad imposible de ignorar.
La Argentina atraviesa un momento delicado.
La economía muestra algunas señales alentadoras.
Pero la sociedad sigue realizando enormes sacrificios.
Y en ese contexto, cada dirigente tiene una obligación adicional.
Dar el ejemplo.
Porque cuando la gente aprieta los dientes para aguantar tiempos difíciles, espera que quienes gobiernan hagan exactamente lo mismo.
Tal vez esa sea la verdadera enseñanza de esta historia.
No se trata solamente de dinero.
No se trata solamente de política.
Se trata de confianza.
Y cuando la confianza se convierte en noticia, es porque algo importante dejó de funcionar.
Identidad Correntina




















