Actividad en dos velocidades: agro, minería y energía frente a industria y construcción

El deterioro del crédito, la pérdida de poder adquisitivo y factores climáticos mantienen a la actividad en un patrón de “serrucho”, mientras sectores exportadores sostienen avances dispares.

Existe un fuerte contraste entre el comportamiento de la industria y la construcción y la evolución del agro, la minería y la energía (Imagen Ilustrativa Infobae)

"En 2002 el Producto Interno Bruto argentino se contrajo en torno al 10% en un solo año", recuerda la historia de crisis recurrentes del país y sirve de antecedente para entender la actual volatilidad: en el primer cuatrimestre de 2026 la actividad exhibió un vaivén marcado —creció en enero, cayó en febrero, rebotó en marzo y habría registrado una nueva contracción en abril—, según diversos informes de consultoras privadas y fuentes del sector. Aunque persiste la expectativa de crecimiento para 2026, la mayoría de los pronósticos redujo sus estimaciones por debajo del 3,5 por ciento.

Consultoras y analistas coinciden en que la economía atraviesa un ciclo de estancamiento con oscilaciones mes a mes: una recuperación fragmentada, condicionada por múltiples factores. Entre los desafíos más mencionados figuran la debilidad del consumo interno, los efectos persistentes del endurecimiento del crédito, la creciente presión de la competencia externa sobre la industria, la ausencia de reactivación de la obra pública, el impacto de las tarifas en el ingreso disponible y los fenómenos climáticos que afectan al agro.

Mientras sectores como energía y minería sostienen un ritmo de crecimiento, la actividad agregada se comporta "a dos velocidades": el agro, la minería y la energía muestran dinamismo, en tanto que la industria manufacturera y la construcción permanecen estancadas o en retroceso.

Entre los principales desafíos, se encuentran la debilidad del consumo interno, efectos persistentes del endurecimiento del crédito y presión de la competencia externa

El dato oficial del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de abril, cuya publicación estaba prevista para el 29 de junio, será clave para calibrar la profundidad del retroceso y confirmar si el patrón de “serrucho” se extiende en la segunda mitad del año o si existen señales de consolidación.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que la construcción y la industria manufacturera registraron en abril una caída interanual de 2,8%. En la comparación mensual, la construcción se contrajo 4% y la industria manufacturera 2,1%, indicadores que adelantaban una desaceleración de la actividad respecto de marzo.

 

 

La consultora LCG evaluó que, en el escenario actual, no hay elementos que permitan anticipar la consolidación de la recuperación en los dos segmentos clave para el empleo. “No prevemos que se consolide una recuperación en ninguno de los dos sectores en el corto plazo”, sostuvo en su último informe, y atribuyó el patrón de “serrucho” a la combinación de factores estructurales y coyunturales.

LCG subrayó que, en la industria, la demanda interna permanece acotada por la pérdida de poder adquisitivo, mientras que la mayor apertura comercial y el atraso cambiario incrementan las presiones competitivas. En construcción, aunque el sector está menos expuesto a la competencia externa, su recuperación se ve condicionada por la falta de reactivación de la actividad privada y de los salarios, además del freno en la obra pública.

Crédito, ingresos y clima: los factores detrás del subibaja

Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, compartió el diagnóstico y vinculó la volatilidad con la debilidad de la demanda interna: los sectores orientados al mercado doméstico alternan meses de recuperación y retrocesos, consolidando lo que Casas describió como “una larga trayectoria de estancamiento”.

El desempeño de los sectores vinculados al mercado doméstico alterna meses de rebotes y caídas, consolidando lo que describe como “una larga trayectoria de estancamiento (Casas)

Casas señaló que parte de la dinámica se explica por el deterioro del crédito, profundizado tras la fuerte suba de encajes bancarios implementada durante 2025. “El aumento de la morosidad, producto de la fuerte suba de encajes bancarios implementada durante 2025 que elevó las tasas de interés reales, frenó el crédito y la recuperación de la demanda interna”, remarcó. Si bien hubo alguna normalización posterior, los efectos del endurecimiento monetario continuaron incidiendo.

En la construcción, aunque el sector quedó más protegido frente a la competencia externa, su recuperación continúa condicionada por la ausencia de reactivación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, la erosión del ingreso disponible de los hogares agrava la situación: aunque la inflación mostró señales de desaceleración en meses recientes, una mayor proporción del ingreso familiar se destina a gastos fijos como servicios y transporte, reduciendo la capacidad de gasto en bienes transables y afectando con intensidad al consumo masivo, según EcoAnalytics.

Continuidad del patrón y estimaciones del EMAE

La consultora 1816 reforzó la idea de que el “serrucho” es una característica persistente de la coyuntura: “La caída de industria y construcción confirma que, por fuera de sectores como energía y minería que experimentan el lado positivo de la ‘recuperación en forma de K’, la actividad económica atraviesa una etapa de ‘serrucho’”, señaló el informe. La serie desestacionalizada del EMAE pasó, en pocos meses, de un máximo histórico en diciembre de 2025 a un mínimo en febrero de 2026 y a un nuevo máximo en marzo. Desde la consultora advirtieron que, pese a la probable contracción en abril, no sorprendería que el patrón de oscilaciones continúe en los meses siguientes.

La serie desestacionalizada del Estimador Mensual de Actividad Económica pasó en pocos meses de un máximo histórico en diciembre de 2025 a un mínimo de 14 meses en febrero de 2026

Para Equilibra, el comportamiento irregular queda más claro al observar la evolución mensual del EMAE: luego de la expansión de marzo (3,5% mensual), la actividad habría mantenido en abril la dinámica de “serrucho” que se registra desde febrero de 2025, cuando se contabilizaron 9 de 15 meses con caídas mensuales. El sector agropecuario, con mayor peso en abril, sufrió demoras en la cosecha de soja por lluvias excesivas, efecto que la consultora espera se revierta en mayo. Excluyendo al agro, el EMAE habría mostrado una caída mensual desestacionalizada de 0,3% en abril, tras crecer 2,8% en marzo.

El informe de Orlando J. Ferreres & Asociados (OJF) aportó cifras sobre el primer cuatrimestre: según el índice IGA-OJF, el nivel general de actividad registró en abril una variación del 0,0% anual, acumulando una baja de 0,3% en los primeros cuatro meses del año. En términos desestacionalizados, la actividad habría caído 0,7% respecto a marzo.

En la consultora OJ Ferreres destacan:

OJF estimó que la marcha a dos velocidades no cambiaría en el corto plazo, aunque anticipó una paulatina mejora en los sectores más perjudicados si se consolidan señales macroeconómicas favorables: una desaceleración sostenida de la inflación podría recomponer ingresos reales y fomentar mayor confianza entre consumidores y empresas.

Gabriel Caamaño, economista de Outlier, señaló que los primeros indicadores oficiales de abril confirman el escenario sugerido por los datos preliminares: “Arrancaron a llegar los indicadores oficiales de actividad de abril de 2026, por ahora, sacando minería, todo dio caída mensual significativa para las series con ajuste estacional. Minería no, pero sí desaceleró”.

La estimación oficial es la única que proyecta un avance de esa magnitud, ya que el resto de los pronósticos se sitúa entre 2,8% y 3,6 por ciento

Desde esa perspectiva, abril fue un mes negativo para el EMAE, aunque menos adverso que febrero: “Sería un serrucho con tendencia aún positiva; no es caída/recesión, pero sí un dinamismo bastante por debajo de lo esperado”, resumió Caamaño.

Menos crecimiento en 2026

El Presupuesto 2026, aprobado por el Congreso a fines de 2025, prevé un crecimiento económico del 5% para el año. Esa estimación oficial se ubica por encima de la mayoría de las proyecciones privadas, que oscilaron entre 2,8% y 3,6%.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central anticipó que el PBI ajustado por estacionalidad aumentaría 1,2% en el segundo trimestre, una mejora marginal respecto del sondeo previo. Para el tercer trimestre, la proyección de crecimiento se mantuvo en 0,9%, y el promedio anual del REM situó el avance del PBI real en 2,9% respecto a 2025.

El Banco Mundial recortó a la baja las proyecciones de crecimiento y proyecta que la economía argentina crecería 3,6% en 2026 (Foto: Reuters)

La OCDE revisó a la baja sus previsiones y estimó que el PBI argentino crecería 2,8% en 2026 y 3,5% en 2027, señalando que el crecimiento estará impulsado principalmente por exportaciones de los sectores energético, minero y agropecuario.

Por su parte, el Banco Mundial recortó 0,4 puntos su pronóstico para 2026 y proyectó una expansión de 3,6% para la economía argentina en su informe Perspectivas Económicas Mundiales. El organismo mencionó que el conflicto en Medio Oriente aumentó la incertidumbre global, elevó precios de la energía y agregó presiones inflacionarias.

Las proyecciones actualizadas del BM quedaron por debajo de las difundidas en enero, en una revisión que abarcó a varias economías

Análisis y proyecciones

Desde una perspectiva analítica, el patrón de “serrucho” refleja la interacción entre choques de demanda y limitaciones estructurales. Las subidas de encajes y el aumento de tasas reales han encarecido el crédito, restringiendo la inversión y el consumo. En ausencia de una política fiscal y monetaria claramente orientada a recomponer ingresos reales y reactivar la obra pública, la recuperación corre el riesgo de permanecer parcial y desigual. Teorías económicas sobre recuperaciones en forma de K y sobre la heterogeneidad sectorial explican por qué sectores vinculados a recursos y exportaciones pueden crecer mientras ramas intensivas en mano de obra y mercado interno se estancan. A corto plazo, las probabilidades más plausibles son: 1) continuación del serrucho con crecimiento anual moderado (en el rango de las proyecciones privadas), 2) mejora gradual si la inflación desacelera y se activa el crédito y la obra pública, o 3) mayor estancamiento si persisten la pérdida de poder adquisitivo y la restricción financiera.

Evolución reciente y cambio de posturas

En los últimos años, la economía argentina transitó episodios de recuperación y correcciones: tras las caídas de la pandemia y la volatilidad cambiaria, sectores como energía y minería consolidaron ventajas crecientes por los precios internacionales y la demanda externa, mientras industria y construcción enfrentaron una lenta recuperación. La política económica mostró cambios relevantes: medidas de endurecimiento monetario y aumento de encajes en 2025 apuntaron a contener tensiones financieras, pero también encarecieron el crédito y elevaron la morosidad. Los pronosticadores privados han ido ajustando a la baja sus estimaciones para 2026 a medida que los datos mensuales registraron oscilaciones. Organismos internacionales, por su parte, moderaron sus proyecciones frente a un escenario global más incierto y choques externos que afectan precios de la energía.

En términos de postura, el sector público mantuvo proyecciones más optimistas en el presupuesto, mientras que analistas privados y multilaterales fueron rebajando expectativas ante señales concretas de desaceleración en industria y construcción y ante la persistencia de restricciones financieras y fiscales.

Conclusión

El cuadro que surge de los datos y los análisis es el de una recuperación incompleta y heterogénea: con motores ligados a las exportaciones que empujan hacia adelante y sectores orientados al mercado interno que aún arrastran la actividad. La clave para transitar hacia una recuperación más sostenida pasa por restablecer crédito accesible, recomponer ingresos reales y sostener la inversión en obra pública, en un contexto de menor volatilidad macroeconómica internacional.