Carambola: navegaciones, gastronomía y vida en el estero correntino

El portal Carambola ofrece recorridos íntimos y sostenibles que combinan naturaleza, gastronomía y tradiciones locales, impulsados por la conservación y la economía comunitaria.

'A comienzos del siglo XX el yaguareté estuvo al borde de desaparecer en Corrientes; hoy, su reintroducción forma parte de la restauración de un paisaje y de economías locales', resume el contexto que se respira en el Iberá mientras el caballo avanza lento pero firme y Mingo, el guía local, abre paso entre los pastizales del humedal. Sobre él se mantiene el silencio de quien conoce cada recodo: no habla español, solo guaraní, y arrastra el bote con el que cruzamos el estero.

A diferencia de otros accesos más transitados al parque Iberá, como Colonia Carlos Pellegrini, el portal Carambola muestra un ritmo distinto. Desde Concepción del Yaguareté Corá, uno de los pueblos históricos de Corrientes, a 190 kilómetros de la capital provincial, el humedal se revela a través de pobladores locales y recorridos que conservan una sensación de intimidad.

La jornada comenzó el día anterior en Concepción, un pueblo que sintetiza la hospitalidad correntina y el peso de su identidad. Lo deja en claro Juan Ramón Moreira, guardaparques local y guía del Centro de Interpretación del Iberá: “En Corrientes no les decimos turistas a la gente que viene a conocernos, les decimos visitas. Las visitas son benditas porque generan desarrollo local”, dice apenas entramos al museo.

En la muestra, que explica la historia regional y describe la flora y fauna, Juan detalla que Iberá ocupa 1.300.000 hectáreas de la provincia. De estas, casi 600 mil constituyen el parque provincial y 158 mil pertenecen al parque nacional, sobre tierras donadas por Tompkins Conservation y Rewilding Argentina.

Los ciervos reciben en el arroyo Carambola

Juan comenta además que el parque aloja más de cuatro mil especies de flora y fauna y es el hábitat de seis monumentos naturales, entre los que figuran el oso hormiguero, el aguará guazú y el ciervo de los pantanos. Sin embargo, vuelve una y otra vez al tema del felino emblemático: el yaguareté, que por el trabajo de reintroducción apoyado por Rewilding, ya suma unos 50 ejemplares en la provincia.

Antes de terminar la visita, Juan corrige una idea recurrente entre quienes llegan por primera vez: “Iberá no es un estero, es un humedal. Es estero, lago, río y laguna a la vez. Si lo llamo estero, lo minimizo”, aclara.

La relación entre paisaje e identidad atraviesa buena parte de las conversaciones. “Iberá es más que naturaleza, es identidad”, repiten en Concepción, donde esa idea aparece en la conversación, la gastronomía y la recepción a las visitas.

Horas más tarde, esa misma idea se materializó alrededor de una mesa. Nelson Zarza, uno de los cocineros del Iberá —un colectivo de chefs que organiza cenas regionales— nos recibe en una capilla alejada del pueblo, iluminada por velas.

Bajo la figura de Baltazar, uno de los reyes magos y santos populares más venerados de Corrientes, probamos un clásico local: el chipa so’o, una masa de almidón de mandioca rellena con carne vacuna, acompañada por una ensalada de repollo colorado encurtido. De postre, Nelson sorprende con un panqueque hecho con masa de yerba mate y relleno de dulce de leche.

Nelson explica que estas cenas intentan acercar a los visitantes a las festividades correntinas: mesas largas y platos para compartir. Tanto él como Agustina Vera, responsable del programa Comunidades de Rewilding, coinciden en que la hospitalidad es parte de la identidad local. “Siempre te vamos a hacer un lugar en la mesa. Para nosotros, si llegás a casa a la hora de la comida, no es de mala educación, sino ‘llegar a buen tiempo’, o sea, en el momento indicado”, dice Nelson.

Gracias al trabajo de reinserción, ya hay 50 yaguaretés en Corrientes

Antes de despedirnos, Nelson comenta que estos encuentros suelen prolongarse hasta altas horas de la madrugada. Los visitantes traen su vino y las conversaciones continúan alrededor de la mesa mientras las velas en la capilla siguen encendidas.

Arrastrados por caballos

A la mañana siguiente, el paisaje vuelve a transformarse. Nos dirigimos al portal Carambola, ubicado a 27 kilómetros de Concepción. Tras un tramo de ripio y tierra —por donde es frecuente cruzarse con carpinchos, venados o aves— aparece el acceso al humedal.

A la vera del estero nos recibe Mingo, un poblador que vive con su familia dentro de los esteros y guía a las visitas en un bote arrastrado por caballo. El paseo dura poco más de 20 minutos y avanza pausado entre juncos y vegetación flotante.

En el silencio, la travesía adquiere una dimensión casi cinematográfica: la vastedad del humedal, las aves posadas en las ramas y pequeñas flores que flotan junto al bote conforman la escena.

Para las familias que habitan el humedal, sin embargo, estas prácticas son parte de la cotidianeidad. Juan explicó el día anterior que estos recorridos se originaron en costumbres históricas de los menchos —gauchos correntinos—, que los usaban para moverse dentro de los esteros y transportar personas, animales y provisiones.

Con el crecimiento del turismo, la consolidación del Parque Iberá y el impulso de organizaciones como Rewilding Argentina, muchas familias convirtieron esas prácticas en ofertas turísticas. La posibilidad de generar ingresos desde el humedal permitió a numerosos pobladores dejar la caza y hallar medios de vida compatibles con la conservación.

Al final del trayecto abandonamos el bote y llegamos al refugio Lechuza Cuá. Un rancho típico, con paredes de pirí y techo de paja colorada, y un enorme timbó nos dan la bienvenida.

El refugio Lechuza Cuá. construido con paredes de pirí

Natalia Mufato, bióloga y guía del parque, comenta que este timbó produce frutos llamados “oreja negra”, empleados como alimento de algunas especies y en la elaboración de shampoo orgánico. Su madera se utiliza también en la fabricación de muebles y botes, como el que atraviesa el estero.

El acceso al refugio se puede hacer en kayak, en canoa tirada por caballos o mediante una de las experiencias más singulares de la zona: el nado a caballo. La actividad empieza como una cabalgata tradicional y se transforma cuando el agua aumenta su profundidad: los caballos nadan y el jinete flota junto al animal sujetándose de las riendas.

Nuestra segunda parada es el Camping Carambolita, un espacio gratuito donde los visitantes se conectan plenamente con la naturaleza. Allí, Natalia y la guardaparques Camila Vallejos coordinan actividades como senderismo diurno y nocturno, navegación, astroturismo, kayak, safari fotográfico y observación de aves.

Antes de recorrer el predio, las guías nos invitan a un almuerzo para conocer dos platos correntinos: el mbeyú y el dulce de mamón. El mbeyú, hecho con harina de mandioca y queso, recuerda al chipá pero en versión más delgada y crocante. El dulce de mamón se sirve con queso fresco y es uno de los postres tradicionales de la región.

Durante la estadía en Carambolita, la convivencia con la fauna del humedal es constante: carpinchos descansan en las lagunas y dos zorros —apodados “Punga 1 y 2” por su costumbre de sustraer objetos— merodean cerca. Gran parte de la experiencia en Carambolita gira en torno a esa convivencia con los animales, explica Natalia.

Carpincho con sus crías en el Portal Carambola

Ciervos y carpinchos

Tras la comida, recorremos el camping que parece extenderse sin fin. “Durante las vacaciones de verano y de invierno, Carambolita se llena de visitantes”, comenta Natalia mientras avanzamos por una pasarela erigida sobre el estero para facilitar la observación de fauna.

En el tiempo que estuvimos en la pasarela, añadimos una nueva observación al álbum: un pequeño grupo de ciervos del pantano, dispersos entre los pastizales.

Uno de los atractivos del camping es un mirador desde el que se aprecia la vastedad del parque. Desde allí, los carpinchos parecen multiplicarse en el agua y los pastizales. Para Natalia son los favoritos de los niños: “Siempre van juntos, se adoptan entre ellos y forman grandes familias”, relata.

La tarde culmina en el muelle del camping, punto de partida de varias propuestas: navegaciones y travesías en kayak que pueden extenderse por varios días. Con el sol descendiendo sobre el agua, todo se mueve a otro ritmo.

Para cerrar la jornada, Manuel Balderiote nos recibe en la posada Mbareté con la cena casi lista. De entrada probamos el chipá guazú, una preparación emparentada con la sopa paraguaya pero hecha con choclo en lugar de harina de maíz.

Entre recorridos acuáticos, encuentros con la fauna y conversaciones que se prolongan hasta la noche, Carambola propone una forma distinta de conocer el Iberá: más cercana, silenciosa e íntimamente conectada con el humedal. Es un destino que combina naturaleza, navegación y gastronomía regional en contacto directo con el agua y las tradiciones correntinas.

Análisis y proyecciones

El modelo que se observa en Iberá combina conservación de áreas protegidas, reintroducción de especies y desarrollo de economías locales vinculadas al turismo sustentable. En términos teóricos, este enfoque responde a la idea de que la conservación efectiva se logra cuando las comunidades perciben beneficios directos y sostenibles. A futuro, si se mantienen esfuerzos coordinados entre el Estado, organizaciones y pobladores, es plausible prever un crecimiento del ecoturismo que potencie ingresos locales sin sacrificar la integridad ecológica. No obstante, la expansión turística exige planificación —capacidad de gestión, límites de visitantes y vías de transporte adecuadas— para evitar impactos negativos sobre hábitats sensibles y sobre la dinámica de especies reintroducidas.

Evolución de actores y posturas

En los últimos años la postura de actores clave cambió significativamente: organizaciones como Rewilding Argentina y fundaciones vinculadas a Tompkins Conservation pasaron de comprar y proteger grandes extensiones a promover procesos de restitución ecológica y a trabajar en conjunto con comunidades locales. Las familias de los esteros, que tradicionalmente dependieron de prácticas extractivas, han adoptado gradualmente roles de anfitriones y guías turísticos, transformando saberes tradicionales en experiencias valorizadas por visitantes. Por su parte, el entramado público provincial avanzó en la articulación de parques provinciales y nacionales, consolidando áreas protegidas y reconociendo la necesidad de integrar desarrollo local con objetivos de conservación.