Arandú IMICott: la apuesta local para recuperar la competitividad algodonera

El nuevo material, fruto de más de siete años de trabajo conjunto entre el sector público y privado, promete mejorar el control de malezas y la calidad de fibra para impulsar la recuperación del algodón en el norte argentino.

«El algodón fue columna vertebral del agro chaqueño durante gran parte del siglo XX», recuerda la memoria productiva de la región, y esa historia es la que buscan recuperar hoy con nuevas herramientas genéticas. Con ese telón de fondo, en AVIA TERAI, Chaco la empresa Gensus y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentaron este miércoles a Arandú IMICott, la primera variedad de algodón desarrollada en el país resistente a herbicidas de la familia de las imidazolinonas. El lanzamiento representa el cierre de más de siete años de trabajo entre investigadores y el sector privado y el inicio de un plan para facilitar el manejo de malezas, elevar la productividad, mejorar la calidad de la fibra y ayudar a recuperar un cultivo estratégico para el norte argentino.

La ceremonia se realizó en la planta que la empresa posee en Avia Terai, con la presencia del gobernador provincial, Leandro Zdero, autoridades del INTA, del Instituto Nacional de Semillas (Inase), la Secretaría de Agricultura, la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), productores y representantes de la cadena algodonera. Para los promotores del proyecto, este lanzamiento constituye el punto de partida de una estrategia tecnológica más amplia orientada a incrementar la superficie sembrada, mejorar la competitividad y potenciar el perfil exportador del sector hacia 2030.

“Introducir esta semilla se tiene que traducir en 700 millones de dólares más para toda la cadena tecnológica”, aseguró Pablo Vaquero, presidente de Gensus. Según explicó, ese cálculo forma parte de un plan de innovación que contempla la incorporación de distintas tecnologías para el cultivo, como resistencia a herbicidas, protección frente a insectos, tolerancia frente a la deriva de herbicidas hormonales y mejoras en la calidad de la fibra.

Según los ensayos realizados por Gensus y el INTA, Arandú IMICott muestra un potencial de rendimiento superior a los materiales disponibles actualmente, con una estimación de mejora del 12% en la producción, además de una mayor homogeneidad en los lotes cosechados y parámetros de fibra más favorables. La tecnología surgió en los equipos de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Sáenz Peña y luego fue incorporada al programa de mejoramiento genético de Gensus.

La tecnología fue desarrollada por equipos de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Sáenz Peña y posteriormente incorporada al programa de mejoramiento genético de Gensus

El anuncio llega en un momento en que la cadena algodonera enfrenta desafíos por la competencia internacional, la proliferación de malezas resistentes y los efectos de la deriva de herbicidas hormonales que en años recientes llevaron a muchos productores a abandonar cultivos. Vaquero indicó que una de las próximas líneas de desarrollo apunta a ofrecer tolerancia al 2,4-D, una tecnología clave para mitigar los daños transfronterizos por aplicaciones en fincas vecinas.

La iniciativa forma parte del programa Sembra Evolución, el sistema privado que reconoce la propiedad intelectual impulsado por semilleros y obtentores. Los responsables del proyecto sostienen que garantizar mecanismos que retribuyan la innovación será fundamental para acelerar la llegada de nuevas tecnologías. “El principal desafío es que el productor encuentre valor y respete la propiedad intelectual. Cuando eso no ocurre, las tecnologías llegan más tarde y el país pierde competitividad”, advirtió Vaquero.

El empresario también señaló que la Argentina aún debe avanzar en el reconocimiento efectivo de la propiedad intelectual sobre semillas, condición que considera central para atraer inversiones y acelerar el ritmo de innovación. “Cuando no existe ese reconocimiento, las empresas desinvierten o avanzan mucho más lento. Las tecnologías llegan, pero llegan tarde, cuando ya perdieron competitividad frente al resto del mundo”, agregó.

El gobernador Leandro Zdero recorrió las instalaciones de la planta y el invernáculo

Según la empresa, la inversión destinada al desarrollo de estas tecnologías superó los US$2 millones en los últimos diez años, recursos que se volcaron a investigación y desarrollo, ampliación de la planta de procesamiento, incorporación de equipamiento para tratamiento de semillas, construcción de invernáculos y aumento de la superficie dedicada a ensayos.

En paralelo al mercado doméstico, Gensus avanza en la proyección internacional de la variedad: realiza evaluaciones en España junto con la firma semillera Guadalsem y proyecta su introducción en mercados como Grecia y Turquía, donde existe demanda por variedades no transgénicas desarrolladas mediante mutagénesis, una técnica aceptada por la normativa europea.

El gobernador Leandro Zdero celebró la presentación y la vinculó con la recuperación del protagonismo histórico del algodón en la provincia: “un hito desde el Chaco para el mundo”, afirmó, y destacó que la nueva variedad aporta herramientas para mejorar producción y calidad de fibra, resaltando el trabajo conjunto entre INTA y Gensus. “Va a significar una mejor semilla para una mejor producción y una mejor calidad de fibra. Tiene ventajas increíbles porque ofrece protección frente a insectos y también frente a determinados herbicidas”, sostuvo.

Pablo Vaquero, presidente de Gensus al momento de dar su discurso

Durante su recorrida por invernáculos e instalaciones de investigación, el gobernador remarcó que la innovación será clave para que el algodón recupere terreno en la matriz productiva provincial. “Creo en la diversificación productiva y creo que el algodón fue una parte importante de nuestra historia, es importante para el presente y será fundamental para el futuro”, afirmó.

Para Alejandro Fried, director de Gensus, el lanzamiento constituye un punto de inflexión: “Hace 20 años que no se lanzaba un evento biotecnológico”, dijo, y aclaró que en este caso se trata de una mutagénesis y no de una biotecnología transgénica, aunque estima que su impacto puede ser comparable al que supuso la introducción del BGRR en su momento. Según Fried, la nueva variedad combina resistencias conocidas frente a insectos y herbicidas con una herramienta adicional para el manejo de malezas, lo que amplía las posibilidades productivas del cultivo.

Alejandro Fried, director de Gensus

Fried vinculó la llegada de nuevas tecnologías con la necesidad de robustecer los mecanismos de reconocimiento de la propiedad intelectual: “Tenemos un marco regulatorio que está muy bueno, pero que puede ser mucho mejor”, comentó. Propuso avanzar hacia esquemas más previsibles que incentiven inversiones en mejoramiento genético y brinden mayor seguridad a los desarrolladores. “UPOV 91 es un camino posible porque abre la puerta a discutir el fondo de la cuestión, que es el uso propio de la semilla”, añadió.

El vicepresidente del INTA, Carlos Vera, destacó que la investigación pública gana valor cuando se transfiere al productor: valoró el trabajo de los equipos de genética de la Estación Experimental Sáenz Peña y la posterior transferencia tecnológica a través de Gensus. “Cuando el Estado aporta la investigación adaptada y el sector privado la industrialización, la fiscalización y la comercialización, el resultado es un modelo de trabajo que genera valor para toda la cadena”, afirmó.

Análisis y proyecciones: La incorporación de una variedad local resistente a imidazolinonas puede mejorar el control de malezas y reducir costos operativos, lo que suele traducirse en mayor rentabilidad por hectárea y potencial retorno de superficie sembrada. Desde una perspectiva agronómica y de mercado, una mejora de rendimiento estimada en torno al 12% podría dinamizar la cadena y aumentar la oferta exportable si se acompaña de estándares de calidad y logística. No obstante, la realización de esos beneficios depende de factores complementarios: adopción por parte de productores, políticas que garanticen acceso a insumos y créditos, y un marco de respeto a la propiedad intelectual que permita sostener inversiones en mejoramiento genético. En términos de riesgos, la expansión de una sola estrategia de manejo exige programas de monitoreo para evitar la aparición de resistencias y preservar la sustentabilidad agronómica.

Evolución en los últimos años: En la última década la cadena algodonera argentina transitó por una fuerte retracción de superficie, impulsada por problemas de manejo de malezas, efectos de la deriva de herbicidas hormonales y competencia internacional. Al mismo tiempo, se han fortalecido las alianzas entre centros públicos de investigación como el INTA y empresas semilleras privadas, que han permitido acelerar la adaptación de germoplasma local. La postura de actores clave también mostró cambios: los productores, que en años previos abandonaron cultivos por riesgos agronómicos, hoy muestran interés por tecnologías que reduzcan incertidumbres; los semilleros privados presionan por marcos regulatorios más claros y protecciones de la propiedad intelectual para asegurar retornos a la innovación; y el Estado busca combinar investigación pública con herramientas de transferencia para recuperar competitividad regional.