¿Y si el derrame llega demasiado tarde?

Por Jagua Arandú para Identidad Correntina

Los argentinos tenemos muchos defectos, pero hay algo de lo que jamás dudamos: del potencial de nuestra tierra.

Desde chicos escuchamos que vivimos en uno de los países más ricos del mundo. Que tenemos clima privilegiado, suelos fértiles, agua dulce, ríos inmensos, ganadería, agricultura, pesca y una enorme capacidad para producir alimentos.

Con el tiempo se sumaron nuevas promesas. Primero fueron los grandes complejos industriales. Después llegaron las expectativas por el Mercosur. Más tarde la soja. Ahora aparecen la minería, el litio, el cobre y el petróleo y el gas de Vaca Muerta.

Y la verdad sea dicha: potencial no nos falta.

Las exportaciones crecen. Llegan inversiones. Los números de algunos sectores impresionan. Los economistas hablan de miles de millones de dólares que podrían ingresar durante los próximos años.

Ojalá sea así.

Porque ningún argentino de bien puede desear el fracaso de su país.

Pero hay una pregunta que no deja de dar vueltas en mi cabeza.

¿Qué pasará con los millones de niños argentinos mientras esperamos ese prometido derrame?

Porque los chicos no pueden ponerse en pausa.

No pueden esperar diez o quince años para alimentarse mejor.

No pueden esperar una década para recibir atención médica.

No pueden esperar al próximo ciclo económico para aprender a leer y comprender un texto.

La infancia pasa una sola vez.

Y cuando un niño crece con hambre, con problemas de salud o con una educación deficiente, muchas veces carga esas consecuencias durante toda su vida.

Resulta doloroso que en un país que durante generaciones fue conocido como el granero del mundo todavía existan chicos que no acceden a una alimentación adecuada.

Resulta doloroso que mientras discutimos miles de millones de dólares de inversiones futuras, haya escuelas que luchan todos los días contra la falta de recursos.

Resulta doloroso que en medio de tanta riqueza potencial todavía haya familias enteras peleando por sobrevivir.

No se trata de estar en contra de la minería.

No se trata de estar en contra del petróleo.

No se trata de estar en contra de las inversiones.

Todo lo contrario.

La Argentina necesita producir más, exportar más y generar más trabajo.

Pero también necesita recordar que el verdadero desarrollo no se mide solamente por los dólares que ingresan al Banco Central.

Se mide por los niños que pueden comer.

Por los chicos que permanecen en la escuela.

Por las familias que acceden a la salud.

Por las oportunidades reales que tiene cada argentino para construir un futuro mejor.

Quizás el desafío más grande de nuestra generación sea lograr que la riqueza de los recursos naturales no quede solamente en las estadísticas.

Que llegue a la mesa de la gente.

Que llegue a las escuelas.

Que llegue a los hospitales.

Que llegue a los barrios olvidados.

Porque si el derrame finalmente llega, pero encuentra una generación entera condenada por el hambre, la enfermedad o la falta de educación, entonces habremos llegado demasiado tarde.

Y ningún país puede darse el lujo de perder a sus niños mientras espera el futuro.

Jagua Arandú

Identidad Correntina