El nuevo mapa productivo argentino: quiénes ganan y quiénes enfrentan mayores desafíos en la era Milei

La transformación económica que atraviesa la Argentina comienza a mostrar ganadores y perdedores. Mientras sectores como la energía, la minería, el agro y los servicios financieros avanzan impulsados por la apertura económica y las nuevas inversiones, otras actividades vinculadas a la industria, el comercio y parte de la construcción enfrentan un escenario más complejo.

Esa realidad quedó reflejada en un reciente informe elaborado por la consultora Empiria, dirigida por el ex ministro de Economía Hernán Lacunza, que elaboró un ranking de competitividad productiva de las 24 jurisdicciones argentinas.

El estudio intenta responder una pregunta clave: ¿qué provincias están mejor preparadas para aprovechar el nuevo modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei?

Los resultados muestran una Argentina dividida entre regiones que logran adaptarse rápidamente a los cambios y otras que todavía dependen fuertemente del empleo público, la asistencia estatal y mercados internos de menor dinamismo.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires encabeza el ranking nacional, seguida por Neuquén y la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, detrás de estos números aparecen fenómenos económicos mucho más profundos.

Neuquén representa probablemente el caso más emblemático del nuevo ciclo económico argentino. El desarrollo de Vaca Muerta convirtió a la provincia en uno de los principales destinos de inversión del país. Miles de millones de dólares comprometidos en proyectos energéticos posicionan a la región como uno de los motores del crecimiento nacional durante la próxima década.

Junto a Neuquén aparecen otras provincias patagónicas y cordilleranas como Chubut, Santa Cruz, San Juan y Río Negro, beneficiadas por proyectos vinculados a hidrocarburos, minería, energías renovables y exportaciones.

La lógica es sencilla: el mundo demanda energía, minerales estratégicos y alimentos, tres áreas donde Argentina posee ventajas naturales significativas.

Por el contrario, las provincias que dependen en mayor medida del gasto público, del consumo interno o de estructuras productivas menos diversificadas enfrentan mayores dificultades para adaptarse al nuevo contexto.

En el fondo de la tabla aparecen La Rioja y Formosa, dos distritos donde el empleo estatal tiene un peso determinante en la economía local y donde la inversión privada continúa siendo limitada.

Pero quizás el dato más interesante no sea quién ocupa el primer o el último lugar.

Lo verdaderamente relevante es que el informe confirma un cambio estructural que varios economistas vienen observando desde hace tiempo: la economía argentina está modificando su eje productivo.

Durante décadas, gran parte del crecimiento estuvo asociado al consumo interno protegido por altos niveles de regulación y barreras comerciales. Hoy la dinámica parece orientarse hacia sectores capaces de generar dólares mediante exportaciones.

Ese proceso beneficia al agro, la minería y la energía, pero al mismo tiempo genera tensiones en actividades que históricamente fueron grandes generadoras de empleo urbano.

Los datos laborales muestran esa realidad. Diversos estudios privados señalan que numerosas ramas industriales registraron caídas de empleo durante los últimos dos años, mientras que las inversiones se concentran en sectores intensivos en capital pero menos demandantes de mano de obra.

La situación plantea un desafío para los gobiernos provinciales.

Las provincias que logren mejorar infraestructura, capacitar recursos humanos y atraer inversiones tendrán mayores posibilidades de insertarse en el nuevo escenario económico.

Las que mantengan estructuras dependientes exclusivamente del gasto público podrían enfrentar dificultades crecientes para sostener sus niveles de actividad.

¿Y dónde queda Corrientes en este mapa?

La provincia aparece en el puesto 18 del ranking nacional. No se encuentra entre las jurisdicciones más favorecidas por el nuevo ciclo económico, pero tampoco entre las más comprometidas.

Corrientes posee fortalezas importantes en producción forestal, ganadería, arroz, citricultura, energía renovable y logística regional. Además, su ubicación estratégica dentro del corredor bioceánico y su cercanía con Brasil y Paraguay representan oportunidades que todavía tienen margen para desarrollarse.

El desafío correntino consiste en transformar esas ventajas naturales en inversiones concretas, empleo privado y mayor valor agregado industrial.

La discusión de fondo va mucho más allá de un simple ranking.

Lo que está en juego es cómo cada provincia se adaptará a una economía más abierta, más competitiva y cada vez más vinculada a los mercados internacionales.

Algunas regiones ya están aprovechando ese cambio. Otras deberán acelerar reformas y buscar nuevas estrategias productivas para no quedar rezagadas.

La gran incógnita es si este proceso logrará traducirse en crecimiento sostenido, empleo de calidad y desarrollo federal o si, por el contrario, profundizará las diferencias económicas entre las distintas regiones del país.

La respuesta comenzará a verse en los próximos años, cuando las inversiones anunciadas se transformen —o no— en producción, trabajo y oportunidades para millones de argentinos.