La otra cara de la estabilización: más de cinco millones de argentinos están en mora y los jóvenes encabezan la crisis crediticia
Mientras el Gobierno celebra la desaceleración de la inflación, el superávit fiscal y la recuperación gradual de algunas variables macroeconómicas, una realidad menos visible comienza a encender luces de alarma en el sistema financiero: más de cinco millones de argentinos tienen atrasos superiores a 90 días en el pago de sus deudas.
Los datos muestran una fotografía inquietante. Sobre un universo cercano a los 20 millones de personas con algún tipo de crédito, el 26,9% registra incumplimientos significativos. En otras palabras, casi tres de cada diez deudores se encuentran actualmente en situación de mora.
Detrás de esa cifra aparece una problemática que combina empleo precario, caída de ingresos reales en determinados sectores y un fuerte crecimiento del financiamiento no bancario que durante los últimos años permitió sostener el consumo de millones de hogares.
El crédito que ayudó a consumir hoy genera dificultades para pagar
Durante gran parte de 2024 y 2025, las billeteras virtuales, fintech, cooperativas y entidades no bancarias ampliaron el acceso al crédito de sectores que históricamente tenían dificultades para ingresar al sistema financiero tradicional.
Ese fenómeno permitió financiar compras, afrontar gastos cotidianos e incluso compensar la pérdida de poder adquisitivo generada por la inflación.
Sin embargo, el mismo mecanismo comienza ahora a mostrar sus límites.
La morosidad entre quienes operan exclusivamente con bancos ronda el 19%, mientras que entre usuarios de fintech supera el 28%. En entidades no financieras el porcentaje llega a superar el 32%.
La diferencia no es casual.
Los créditos alternativos suelen ofrecer acceso más rápido y menos requisitos, pero también aplican tasas considerablemente más elevadas que las del sistema bancario tradicional.
En algunos casos, los préstamos personales ofrecidos por proveedores no financieros superan ampliamente el 140% nominal anual.
Los jóvenes, los más golpeados
La situación adquiere una dimensión especialmente preocupante cuando se analiza el comportamiento por edades.
Entre los argentinos de 18 a 30 años, casi cuatro de cada diez presentan atrasos superiores a tres meses en sus obligaciones financieras.
Es el peor indicador de todas las franjas etarias.
La explicación combina varios factores.
Por un lado, los jóvenes concentran los mayores niveles de desempleo y subempleo. Por otro, suelen tener ingresos más bajos, menor estabilidad laboral y menor capacidad de ahorro.
La consecuencia es un círculo complejo: quienes más necesitan crédito para desarrollarse son precisamente quienes enfrentan mayores dificultades para acceder a él una vez deteriorado su historial financiero.
Economistas especializados en inclusión financiera advierten que este fenómeno puede generar efectos duraderos sobre toda una generación que recién comienza su vida económica.
Una geografía desigual
La distribución territorial de la mora también revela las profundas diferencias económicas que atraviesan al país.
Las provincias del norte argentino muestran los mayores niveles de incumplimiento, mientras que la Ciudad de Buenos Aires registra los indicadores más bajos.
La situación incluso cambia dentro de una misma provincia.
En Buenos Aires, por ejemplo, los niveles de mora son significativamente más altos en el conurbano que en el interior provincial, reflejando diferencias en empleo formal, ingresos y acceso al sistema financiero.
El desafío para el Gobierno
La expansión del crédito constituye una pieza importante dentro de la estrategia económica oficial.
La lógica es sencilla: con inflación descendente y tasas de interés más bajas, el financiamiento debería impulsar el consumo, la inversión y la actividad económica.
Pero la creciente morosidad introduce un problema adicional.
A medida que aumentan los incumplimientos, las entidades financieras se vuelven más cautelosas, endurecen los criterios de aprobación y restringen la oferta de nuevos préstamos.
Esto genera una contradicción evidente.
El crédito es necesario para acelerar la recuperación económica, pero el deterioro de la capacidad de pago limita justamente la expansión del financiamiento.
El problema de fondo: empleo e ingresos
Más allá de las estadísticas financieras, la mora suele ser el síntoma de una dificultad más profunda.
Cuando una familia deja de pagar una cuota generalmente no se trata de una decisión voluntaria sino de una señal de tensión sobre sus ingresos.
Los datos laborales muestran que los segmentos jóvenes fueron los más afectados por el aumento de la desocupación durante el último año.
A ello se suma la persistencia de empleos informales, salarios que aún no recuperaron plenamente el terreno perdido durante la aceleración inflacionaria y mayores costos financieros acumulados.
En ese contexto, miles de hogares utilizan una deuda para cancelar otra, generando una cadena de refinanciaciones que termina agravando la situación.
La advertencia que dejan los números
La economía argentina atraviesa una etapa de transición singular.
Por un lado, los indicadores macroeconómicos muestran una mejora respecto de los niveles críticos observados durante la crisis inflacionaria.
Por otro, una parte importante de la sociedad continúa enfrentando dificultades concretas para llegar a fin de mes y cumplir con sus compromisos financieros.
Los más de cinco millones de morosos representan justamente esa tensión entre la estabilización macroeconómica y la realidad cotidiana de los hogares.
La evolución de esos indicadores durante los próximos meses será una prueba importante para evaluar si la recuperación económica logra extenderse más allá de las estadísticas generales y alcanzar efectivamente a los sectores que hoy siguen mostrando mayores niveles de vulnerabilidad.























