La Corte envió una señal en tiempos de tensión: libertad de prensa, poder y límites en la Argentina de Milei

En política, los gestos suelen decir aquello que los discursos prefieren callar.

La presencia de los jueces de la Corte Suprema, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, en el acto de la Academia Nacional de Periodismo que distinguió al exministro del máximo tribunal Juan Carlos Maqueda no fue un acontecimiento protocolar más. Ocurrió en un contexto especialmente sensible, marcado por una creciente confrontación entre el Gobierno nacional y sectores del periodismo, pero también por una discusión más amplia sobre el funcionamiento de las instituciones republicanas.

La coincidencia temporal convirtió aquella imagen en un mensaje político imposible de ignorar.

Durante los últimos meses, Javier Milei profundizó su enfrentamiento verbal con numerosos periodistas y medios de comunicación. Las críticas presidenciales dejaron de ser episodios aislados para convertirse en una estrategia permanente de confrontación política. Paralelamente, distintas organizaciones profesionales y sectores de la oposición denunciaron restricciones al trabajo periodístico y un clima de creciente hostilidad hacia la prensa.

Pero la tensión alcanzó una dimensión superior esta semana.

Por un lado, el juez de Casación Carlos Mahiques promovió una iniciativa para que se considerara una falta grave el intercambio de información entre magistrados y periodistas, argumentando que determinadas filtraciones afectan la credibilidad del Poder Judicial. La propuesta abrió una fuerte polémica dentro del mundo jurídico y periodístico porque toca un aspecto central del funcionamiento de las democracias modernas: la relación entre la prensa y las fuentes judiciales.

Por otro lado, la decisión presidencial de retirar el pliego de María Verónica Michelli debido a su parentesco con el periodista Hugo Alconada Mon provocó críticas de juristas, asociaciones profesionales y sectores políticos que interpretaron la medida como un precedente preocupante respecto de la libertad de prensa.

En ese escenario apareció la Corte.

Un mensaje sin declaraciones

Los jueces del máximo tribunal no emitieron comunicados. No hubo discursos institucionales ni pronunciamientos extraordinarios.

Sin embargo, la presencia conjunta de Rosatti y Rosenkrantz junto a Maqueda adquirió inevitablemente un valor simbólico.

La Corte Suprema argentina tiene una larga tradición de expresarse principalmente a través de sus sentencias. Pero también existe una dimensión menos visible de su autoridad: la capacidad de marcar posición institucional mediante gestos cuidadosamente elegidos.

No sería la primera vez que ocurre.

En distintos momentos de la historia democrática reciente, los miembros del máximo tribunal utilizaron actos académicos, conferencias o actividades institucionales para transmitir señales sobre cuestiones sensibles vinculadas al funcionamiento republicano.

La diferencia es que esta vez el mensaje se produce en medio de una creciente discusión sobre los límites del poder presidencial frente a la prensa y frente a otras instituciones del Estado.

El recordatorio republicano

La cuestión de fondo trasciende la coyuntura.

Las democracias liberales funcionan sobre una premisa básica: el poder debe convivir con mecanismos permanentes de control.

La prensa cumple precisamente esa función. No porque los periodistas sean infalibles ni porque los medios estén exentos de errores o intereses, sino porque una sociedad abierta necesita información, investigación y debate público para controlar a quienes gobiernan.

La jurisprudencia argentina ha reconocido históricamente ese principio.

El propio Maqueda recordó durante el acto la doctrina establecida por la Corte en materia de libertad de expresión y protección reforzada del debate público. Esa tradición jurídica sostiene que los funcionarios y las figuras públicas deben tolerar un nivel de escrutinio más intenso que los ciudadanos comunes porque ejercen funciones de interés colectivo.

No se trata de un privilegio periodístico.

Se trata de una garantía para la sociedad.

Un conflicto que excede a Milei

La discusión tampoco debería reducirse a la figura presidencial.

La relación conflictiva entre los gobiernos argentinos y la prensa tiene una larga historia. La mantuvieron administraciones peronistas, radicales y también gobiernos de otros signos políticos.

Sin embargo, la actual administración ha llevado esa confrontación a un nivel particularmente elevado, utilizando las redes sociales como escenario principal de disputa política y comunicacional.

Ese clima termina generando una pregunta institucional relevante: ¿qué sucede cuando la crítica periodística comienza a ser percibida por el poder como una amenaza que debe ser neutralizada?

Allí es donde aparecen los contrapesos republicanos.

El Congreso, la Justicia, las organizaciones civiles y los medios de comunicación forman parte de una red de equilibrios destinada precisamente a evitar que una sola visión del poder se imponga sin límites.

La importancia de los símbolos

Quizás la fotografía de Rosatti, Rosenkrantz y Maqueda no cambie ninguna decisión gubernamental.

Tampoco resolverá las tensiones entre el oficialismo y el periodismo.

Pero los símbolos tienen importancia en la vida democrática.

Sobre todo cuando provienen de instituciones cuya principal responsabilidad consiste en preservar las reglas del sistema.

La Corte no habló mediante un fallo. Habló mediante una presencia.

Y en un momento en que se discuten los alcances de la libertad de prensa, el acceso a la información pública y el derecho de los ciudadanos a conocer cómo actúan quienes ejercen el poder, esa presencia pareció recordar algo elemental: una democracia fuerte necesita gobiernos fuertes, pero también necesita periodistas libres, jueces independientes y ciudadanos informados.

Sin ese equilibrio, la república deja de ser un sistema de controles recíprocos para convertirse en una estructura donde el poder comienza a hablar demasiado y las instituciones demasiado poco.