Tensión en el Senado por homenaje a víctimas de violencia de género
El Senado rindió un minuto de silencio por las víctimas de la violencia de género, en un contexto marcado por la movilización de Ni Una Menos y el femicidio de Agostina Vega, mientras el debate derivó en un cruce político entre oficialismo y oposición.
“En junio de 2015, la movilización Ni Una Menos puso bajo la lupa pública los femicidios y convirtió una causa ignorada en política de Estado”; con esa referencia histórica arrancó el Senado su homenaje a las víctimas de la violencia de género, convocado este jueves tras una nueva marcha y en el marco del femicidio de Agostina Vega. La Cámara guardó un minuto de silencio que, pese al gesto institucional, derivó pronto en un cruce entre bloques.
Desde el kirchnerismo sostuvieron que la protesta social y la consigna Ni Una Menos también expresaron respaldo a la exvicepresidenta Cristina Kirchner, situación que encendió el debate político en el recinto. En contrapunto, el oficialismo puso énfasis en los indicadores de criminalidad para relativizar la lectura partidaria de la movilización.
La primera oradora fue la rionegrina Ana Marks (Unión por la Patria), quien reivindicó la marcha realizada el día anterior y describió la lucha feminista como “una causa que hace once años nos hermana más allá de las diferencias políticas”. Marks recordó a las víctimas de femicidio y añadió que la movilización también había mostrado acompañamiento hacia Cristina Kirchner, a quien definió como una dirigente “injustamente detenida” y víctima, sostuvo, de un Poder Judicial que intenta impedir que una “mujer poderosa” compita electoralmente.
La réplica la dio la presidenta del bloque oficialista, Patricia Bullrich, quien reconoció la gravedad del fenómeno de los femicidios y el dolor que generan, pero cuestionó lo que definió como una apropiación partidaria de la agenda de género. Bullrich subrayó cifras que, afirmó, muestran una baja del 25% en los femicidios durante los últimos dos años.
“Esto no es casualidad”, enfatizó la senadora oficialista, atribuyendo la caída a un endurecimiento de las leyes penales y a políticas implementadas en diversas provincias. En su intervención valoró iniciativas como registros de agresores sexuales, el aumento de penas y medidas de lucha contra el delito organizado. “No hay dueños de esta realidad. La verdadera política es la que se ve en los números”, afirmó.
Ante esa postura, Juliana Di Tullio (Unión por la Patria) respondió de inmediato celebrando que Bullrich hablara específicamente de femicidios, pero reprochando el uso del debate para relativizar el sentido de la movilización social. “Demos una señal concreta. No podemos bastardear lo que ayer sucedió en la plaza. A las mujeres nos matan y por eso hemos pedido un minuto de silencio”, planteó Di Tullio.

Mientras el intercambio escalaba, otros senadores buscaron llevar la discusión a un terreno de consenso. El jefe del PJ, José Mayans, promovió formalmente el homenaje y fue acompañado por el catamarqueño Guillermo Andrada, que sostuvo que la Cámara debía manifestarse de manera unánime en respaldo a las víctimas y a sus familiares.
El radical Eduardo Vischi pidió evitar la utilización partidaria del tema y llamó a la “madurez” en la respuesta institucional. “La sociedad argentina está esperando de nosotros madurez”, dijo, y añadió que la lucha contra la violencia de género exige coordinación entre niveles del Estado y el trabajo de las organizaciones que abordan la problemática.
Desde el bloque de Unión por la Patria, el chubutense Carlos Linares reivindicó el origen de la consigna Ni Una Menos y resaltó el papel de la movilización social. “Es un grito de justicia, no un grito de estadística”, subrayó, y recordó que la visibilidad lograda por la presencia femenina en las calles fue clave para sacar de la invisibilidad una problemática que durante años fue relegada.

Análisis y proyecciones: El episodio en el Senado muestra la tensión entre la agenda simbólica de la lucha contra la violencia de género y su instrumentalización en la disputa política. Teorías comparadas sobre políticas públicas indican que cuando un tema social se convierte en eje de polarización partidaria, las medidas pueden acelerarse —por búsqueda de rédito político— pero también volverse inconsistentes si carecen de continuidad técnica y financiamiento sostenido. Si la reducción del 25% en el número de femicidios señalada por el oficialismo se confirma con estadísticas oficiales robustas, podría reforzarse la inversión en medidas penales y de control; sin embargo, la literatura sobre prevención apunta a que la disminución sostenida requiere programas integrales: prevención social, educación en igualdad, acceso efectivo a medidas de protección y políticas de atención a víctimas. En el corto y mediano plazo, la politización del tema puede traducirse en iniciativas legislativas de alto impacto simbólico, pero su eficacia dependerá de la articulación entre Nación, provincias y sociedad civil.
Evolución del tema hasta la fecha de la noticia: Desde la aparición de Ni Una Menos en 2015, la problemática de la violencia de género pasó de ser mayoritariamente invisibilizada a ocupar un lugar central en la agenda pública argentina y de la región. En los años posteriores se sancionaron normativas, se crearon registros y políticas de protección, y se amplió la presencia de organismos especializados. Al mismo tiempo, la cuestión se ha vuelto un terreno de disputa política: sectores del oficialismo y la oposición han alternado entre adoptar medidas y disputar su autoría, mientras agrupaciones feministas han mantenido presión social constante. Hasta octubre de 2023 se observa una doble dinámica: avances en visibilidad y legislación, y creciente polarización que condiciona la implementación sostenida de políticas públicas.
























