El Gobierno se inclina por no darle una PASO al PRO y endurece su estrategia de negociación electoral

En la Casa Rosada creen que La Libertad Avanza ya no necesita compartir el liderazgo opositor y buscan imponer sus condiciones en los acuerdos provinciales

La relación entre el Gobierno y el PRO atraviesa una nueva etapa. Atrás parecen haber quedado los meses en los que la administración de Javier Milei dependía casi exclusivamente del respaldo parlamentario del macrismo para sostener su agenda legislativa. Hoy, fortalecida por los indicadores económicos y por la consolidación de su identidad política, la Casa Rosada muestra cada vez menos disposición a conceder espacios de poder electoral a sus aliados.

En ese contexto, cerca del Presidente aseguran que la estrategia oficial apunta a evitar la realización de internas abiertas con el PRO en los distritos donde La Libertad Avanza considera que tiene posibilidades de imponerse por sí sola. La decisión trasciende incluso el debate que continúa abierto en el Congreso sobre el futuro de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

La lógica libertaria es clara: si Milei sigue encabezando las encuestas dentro del universo opositor, no existe incentivo para habilitar mecanismos que permitan al PRO disputar el liderazgo político de la coalición antikirchnerista.

En los despachos oficiales consideran que la elección presidencial de 2023 modificó definitivamente la relación de fuerzas entre ambos espacios. Mientras el PRO aportó estructura territorial y experiencia parlamentaria durante los primeros meses de gestión, La Libertad Avanza aportó los votos y el liderazgo que llevaron al actual Presidente a la Casa Rosada.

Por eso, en el oficialismo sostienen que cualquier acuerdo electoral debe partir de un reconocimiento explícito de esa nueva realidad política. Traducido al lenguaje de las negociaciones: quienes quieran integrarse a una alianza deberán aceptar que el control de las listas y la conducción de la estrategia corresponden al espacio presidencial.

La posición genera incomodidad entre numerosos dirigentes del PRO, especialmente entre aquellos que todavía responden a Mauricio Macri. En ese sector consideran que una eventual competencia interna sería la herramienta más transparente para definir candidaturas y evitar una absorción política por parte del oficialismo.

Sin embargo, en Balcarce 50 creen que abrir una PASO implicaría otorgarle al macrismo una oportunidad para conservar centralidad política cuando las encuestas muestran que el liderazgo electoral está claramente concentrado en Milei.

La tensión es particularmente visible en provincias donde ambos espacios cuentan con dirigentes competitivos y aspiran a encabezar las listas legislativas. Allí aparecen los principales focos de conflicto entre libertarios y referentes amarillos.

Karina Milei y los armadores territoriales de La Libertad Avanza vienen transmitiendo un mensaje consistente: los acuerdos son posibles, pero bajo las condiciones del oficialismo. La prioridad es fortalecer la marca libertaria y evitar que la construcción electoral termine diluyendo la identidad que permitió la llegada al poder.

En el PRO observan con preocupación esa postura. Algunos dirigentes advierten que una estrategia demasiado rígida podría terminar favoreciendo divisiones innecesarias dentro del electorado de centroderecha. Otros creen que el partido debe prepararse para competir en aquellos distritos donde conserve fortaleza propia.

La discusión también refleja una diferencia más profunda. Mientras el PRO imagina una coalición de socios con representación equilibrada, La Libertad Avanza aspira a convertirse en la fuerza dominante del espacio político y absorber gradualmente a sus aliados.

En la Casa Rosada están convencidos de que el tiempo juega a su favor. Si la economía mantiene señales de recuperación y la inflación continúa descendiendo, creen que la capacidad de negociación del PRO será cada vez menor.

Por eso, más allá de lo que finalmente ocurra con las PASO en el Congreso, el mensaje político que emerge desde el Gobierno es inequívoco: la etapa de las concesiones terminó y la construcción electoral de los próximos años se realizará bajo las reglas que imponga el oficialismo.

La pregunta que queda abierta es si el PRO aceptará ese nuevo esquema de subordinación o si buscará preservar autonomía política aun a costa de aumentar las tensiones con el Gobierno. La respuesta comenzará a definirse cuando se acerre el calendario electoral y las candidaturas dejen de ser una discusión teórica para transformarse en una disputa concreta por el poder.