En el PRO observan con inquietud los movimientos de Bullrich mientras Macri busca reconstruir poder territorial
La pulseada silenciosa que atraviesa a la oposición
Mientras el oficialismo enfrenta tensiones internas y desafíos legislativos, en el PRO también se desarrolla una disputa de poder que podría definir el futuro del espacio. Los recientes movimientos de Patricia Bullrich y la reunión de Mauricio Macri con dos gobernadores antes del Mundial de Clubes fueron leídos dentro del partido como señales de una batalla política que ya está en marcha.
La ministra de Seguridad se ha consolidado como una de las figuras con mejor relación con el presidente Javier Milei y mantiene una creciente influencia dentro del universo libertario. Su alineamiento con la Casa Rosada es interpretado por numerosos dirigentes del PRO como una estrategia destinada a acelerar la convergencia entre sectores del macrismo y La Libertad Avanza, incluso a costa de la estructura partidaria que alguna vez lideró.
En ese contexto, la fotografía política más observada de los últimos días fue la que protagonizó Mauricio Macri junto a los gobernadores Ignacio Torres, de Chubut, y Rogelio Frigerio, de Entre Ríos. El encuentro, realizado antes de la partida del expresidente hacia el Mundial de Clubes, fue interpretado como una demostración de que el fundador del PRO sigue conservando capacidad de articulación territorial y respaldo entre los mandatarios provinciales.
Dentro del macrismo aseguran que la reunión tuvo un mensaje claro: el PRO no está dispuesto a diluirse automáticamente dentro del proyecto libertario. Por el contrario, Macri busca preservar una identidad propia y mantener una estructura política que le permita negociar desde una posición de fortaleza con el Gobierno nacional.
La preocupación en algunos sectores partidarios pasa precisamente por el avance de Bullrich sobre dirigentes, legisladores e intendentes que comienzan a ver en Milei un liderazgo más competitivo electoralmente que el del propio PRO. La ministra se ha transformado en una referencia para aquellos que consideran inevitable una integración más profunda con La Libertad Avanza.
"Patricia juega dentro del Gobierno y Mauricio intenta sostener al partido", resume un dirigente cercano a la conducción nacional del PRO. La definición refleja la existencia de dos estrategias distintas frente al fenómeno Milei.
Por un lado, Bullrich apuesta a consolidar una alianza política que eventualmente desemboque en una fuerza unificada de centroderecha. Por otro, Macri pretende evitar que el PRO desaparezca absorbido por el oficialismo y busca conservar gobernadores, intendentes y dirigentes propios como base de negociación para el futuro.
La discusión también tiene un fuerte componente electoral. De cara a las elecciones legislativas y, especialmente, a la construcción del escenario presidencial de 2027, el control del aparato territorial será un factor decisivo. Los gobernadores representan hoy uno de los principales activos políticos que conserva el expresidente.
En el entorno de Macri sostienen que la relación con Milei continúa siendo buena, pero admiten que existen diferencias sobre la forma en que debe estructurarse el espacio político que representa al electorado de centroderecha. La tensión se volvió más visible después de varios episodios en los que funcionarios libertarios y referentes del PRO cruzaron críticas por candidaturas, alianzas provinciales y estrategias parlamentarias.
Mientras tanto, Bullrich continúa acumulando protagonismo dentro del Gobierno y fortaleciendo su vínculo con el núcleo duro libertario. Cada uno de sus movimientos es seguido con atención por una dirigencia amarilla que observa cómo una de sus principales figuras históricas parece construir un camino político cada vez más integrado al proyecto de Milei.
La reunión de Macri con los gobernadores y la creciente cercanía de Bullrich con la Casa Rosada son dos caras de una misma discusión: quién conducirá a la centroderecha argentina en los próximos años y bajo qué bandera política se organizará ese espacio.
Por ahora, la disputa permanece contenida y sin rupturas formales. Pero en el PRO nadie ignora que detrás de cada gesto, cada encuentro y cada fotografía se libra una batalla por el liderazgo del futuro.
























