Tregua frágil y conversaciones: Washington busca mediar entre Hizbolá e Israel mientras aumentan ataques en el Golfo y el sur del Líbano.
El presidente Trump dijo que le gustaría encontrarse con el líder supremo iraní y afirmó que Irán habría aceptado no desarrollar armas nucleares, en declaraciones que se producen en medio de intercambios de ataques en el Golfo y un conflicto abierto con Hezbollah en Líbano.
WASHINGTON.– "Desde la Revolución Islámica de 1979 ningún presidente estadounidense se ha reunido con el líder supremo de Irán", recuerdan historiadores de las relaciones entre Washington y Teherán; esa anomalía diplomática sirve hoy como telón de fondo de una declaración que puede redefinir la estrategia estadounidense en la región.
“Me gustaría reunirme con él, y probablemente nos encontremos en algún momento, depende de cómo vaya todo”, declaró Trump en una entrevista publicada este miércoles por el sitio web del New York Post. El mandatario añadió que, según su versión, Irán ya aceptó no desarrollar armas nucleares, uno de los requisitos clave de Washington para avanzar hacia una salida negociada.
“Ya han acordado que no van a tener armas nucleares”, afirmó Trump, según la agencia Reuters. El presidente sostuvo además que Khamenei participa en las conversaciones de paz para poner fin a la guerra y que conserva influencia dentro del régimen iraní, pese a los problemas de salud que, según él, arrastra desde un ataque aéreo.
“Le tienen mucho respeto”, afirmó Trump al referirse al líder iraní. “Dicen que está dando aprobación porque así ha sido durante mucho, mucho tiempo”, añadió, subrayando la continuidad de estructuras de poder dentro de Teherán.
Las declaraciones siguieron a una afirmación oficial del jefe de la diplomacia estadounidense, que sostuvo que Washington considera a Khamenei “vivo” y “cada vez más implicado” en la conducción de la República Islámica. Trump sostuvo que el dirigente habría sucedido a su padre tras los ataques aéreos lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán a fines de marzo.
El gesto de apertura diplomática ocurre en un contexto regional volátil. Ese mismo miércoles Irán y Estados Unidos se acusaron mutuamente de violar la tregua con ataques cruzados en el Golfo, donde proyectiles iraníes impactaron en el aeropuerto de Kuwait y dejaron al menos un muerto. Además, el estrecho de Ormuz —arteria clave para el comercio mundial de petróleo y gas— continúa en una situación de bloqueo parcial, con efectos directos sobre los precios de la energía y la economía global.
Terminal One at Kuwait International Airport suffered significant damage, with multiple civilians being injured, in last night’s retaliatory drone and missile attack by Iran, which reports initial claimed had only failed to target Ali Al Salem Air Base. pic.twitter.com/m2g4NaIt4f
— OSINTdefender (@sentdefender) June 3, 2026
Consultado sobre un posible cierre prolongado del estrecho hasta el Día del Trabajo en Estados Unidos, el 7 de septiembre, Trump evitó fijar plazos. “No lo sé. Creo que podría ser, pero creo que es poco probable. Creo que lo tendremos. Creo que esto se resolverá bastante rápido”, dijo con cautela.
La Casa Blanca enfrenta además presiones por el frente israelí. En la entrevista, Trump confirmó un reporte previo según el cual llamó “loco” a Netanyahu durante una conversación telefónica el lunes, molesto porque la ofensiva israelí contra Hezbollah en el Líbano podría complicar las negociaciones con Irán.
El mandatario reconoció estar “un poco perturbado” por la situación, si bien buscó relativizar la tensión bilateral: “Hemos trabajado muy bien juntos. Me gusta mucho Bibi. Y trabajo muy bien con él”, sostuvo, usando el apodo del primer ministro israelí.

El reconocimiento público de esa llamada tensó aún más la agenda exterior de la Casa Blanca: Trump busca simultáneamente preservar la alianza con Israel, impulsar conversaciones con Irán y estabilizar una región cuya inestabilidad ya presiona al alza los precios energéticos. Internamente, la situación adquiere un matiz político delicado para la administración en un momento de creciente incertidumbre económica antes de las elecciones de medio término.
Ataques en el Líbano
En el frente libanés la violencia no cedió. Este miércoles un ataque israelí alcanzó un automóvil en una autopista muy transitada al sur de Beirut, horas antes del segundo día de conversaciones entre Líbano e Israel en Washington. El bombardeo, ocurrido en Khaldeh sin advertencia previa, no permitió confirmar de inmediato si el ocupante del vehículo murió. Israel suele afirmar que este tipo de ataques con drones apunta a miembros de Hezbollah.
El lunes pasado, Israel y Líbano habían alcanzado un acuerdo mediado por Estados Unidos. Según el pacto, Israel se comprometía a no atacar los suburbios del sur de Beirut y Hezbollah debía poner fin a sus ataques contra el norte israelí. El entendimiento surgió poco después de que Israel anunciara preparativos para operaciones en los amplios barrios urbanos en las proximidades de la capital libanesa, que habrían constituido la ofensiva más intensa desde el alto el fuego teórico del 17 de abril.
El Departamento de Estado informó avances en la primera jornada de conversaciones celebradas el martes. Líbano busca que el alto el fuego cubra todo el país; Israel, por su parte, reclama el desarme inmediato de Hezbollah antes de cesar sus operaciones y retirar tropas de decenas de aldeas y localidades libanesas.
La tensión se concentra en el sur del Líbano, especialmente en las zonas de Tiro y Nabatiyeh, golpeadas por los bombardeos. En un episodio nocturno, dos ataques cerca de Tiro mataron a cuatro sirios y dos palestinos. Además, Israel advirtió que había miembros de Hezbollah entre barrios cristianos de esa ciudad costera, lo que encendió el temor de nuevos bombardeos en áreas que habían acogido desplazados chiíes que huían de la violencia en la costa mediterránea.
Tras esa advertencia, el ejército libanés se desplazó al distrito cristiano de Tiro para tratar de evitar un ataque israelí y demostrar que Hezbollah no mantiene presencia armada en esa zona.
La guerra más reciente entre Israel y Hezbollah estalló el 2 de marzo, cuando el grupo libanés, con respaldo iraní, lanzó cohetes contra el norte de Israel en solidaridad con Teherán. Días después, Israel inició una invasión del sur del Líbano. En la última semana, las tropas israelíes avanzaron más en territorio libanés, mientras Hezbollah continuó adjudicándose ataques con cohetes y drones.
Según las cifras disponibles, la nueva ronda de combates dejó 3468 muertos en Líbano y desplazó a 1,2 millones de personas. Del lado israelí, al menos 27 soldados y un contratista de defensa murieron en el sur del Líbano o en sus inmediaciones, además de dos civiles en el norte de Israel. El ejército israelí informó el lunes por la noche de la muerte de otro soldado y dijo que siete más resultaron heridos, tres de ellos de gravedad.
Una de las principales preocupaciones de Israel es el uso de drones de fibra óptica por parte de Hezbollah. Difíciles de detectar y resistentes a muchas interferencias, estos aparatos se han convertido en una amenaza letal para las fuerzas israelíes y complican las operaciones terrestres.
Análisis y Proyecciones
El escenario descrito presenta varias líneas de riesgo y posibles trayectorias. Si Washington avanza hacia un diálogo directo con Teherán, como sugiere la declaración presidencial, existe la posibilidad de que se logren acuerdos tácticos que reduzcan enfrentamientos puntuales —por ejemplo, mecanismos para evitar ataques en las rutas marítimas o protocolos de desescalada local—, pero también es factible que cualquier acercamiento enfrente resistencia interna en ambos países y en aliados regionales, especialmente Israel y grupos iraquíes proiraníes. Históricamente, procesos de negociación entre Estados Unidos e Irán han sido frágiles: tras el acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) hubo retrocesos notables luego de la retirada estadounidense en 2018. La presión internacional sobre el comercio de energía, el uso de canales multilaterales de mediación y la capacidad de controlar actores no estatales en la región serán determinantes para evitar una expansión del conflicto. Además, la presencia de nuevas tecnologías de guerra —como los drones de fibra óptica— altera la ecuación militar y puede encarecer el costo de operaciones convencionales, lo que a su vez condiciona las decisiones políticas de Tel Aviv y Washington.
Evolución de las posturas hasta la fecha
En los últimos años, la postura de los actores clave ha oscilado entre la confrontación y la negociación: tras el acuerdo nuclear de 2015, la administración estadounidense que lo impulsó buscó integrar a Irán en un marco de inspecciones y límites; la retirada de Estados Unidos en 2018 marcó un retorno a la máxima presión. Desde entonces, Teherán ha fortalecido redes regionales y capacidades asimétricas, mientras que Israel ha mantenido una política de contención activa frente a las capacidades militares iraníes y sus proxies. Hezbollah, por su parte, ha ido escalando su sofisticación bélica, incorporando drones y sistemas de precisión que complican la respuesta israelí. Hasta la fecha de la noticia, esos cambios han convertido cualquier tregua en un equilibrio frágil: las diplomacias han alternado gestos y sanciones, y la interlocución directa entre Washington y Teherán sigue siendo una variable política sensible, condicionada por salud política interna, percepciones de legitimidad y la dinámica entre aliados regionales.
Agencias AFP, AP y Reuters
























