Inflación en mayo, ¿vuelta a la moderación tras el pico de marzo?

Tras episodios de hiperinflación en los años finales de la década de 1980, cuando la economía argentina llegó a tasas anuales de precios de miles por ciento, el país vuelve a buscar señales de estabilidad: luego de alcanzar un pico del año en marzo, con un 3,4%, y de moderarse en abril (2,6%), los relevamientos de consultoras privadas indican que la inflación de mayo habría vuelto a desacelerarse.

Históricamente marcada por episodios de alta inflación, la economía argentina busca ahora señales de consolidación: luego de haber alcanzado su pico del año en marzo, con un 3,4%, y de haber comenzado a moderarse en abril (2,6%), la inflación habría vuelto a desacelerarse en mayo. Al menos eso es lo que surge de los relevamientos de consultoras privadas, que estiman que el índice de precios al consumidor (IPC) del quinto mes del año se ubicará entre 2,1% y 2,5%.

El descenso mensual se explica, en gran medida, por una menor presión del rubro alimentos y bebidas, que, si bien mantuvo aumentos, no exhibió los saltos intermensuales observados en meses previos. También incidieron un menor impacto de los precios regulados –en buena parte por la estabilidad de los combustibles tras la decisión de YPF de mantener los valores sin cambios durante 45 días– y una estacionalidad más favorable.

En este escenario existe un amplio consenso entre los economistas consultados sobre la desaceleración en mayo, aunque el Indec publicará el dato oficial el jueves 11 de junio y todavía persisten diferencias sobre la posibilidad de que la inflación logre perforar el piso del 2% en los próximos meses.

La economista María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos, señaló que, si bien aún no cerraron el 100% de su relevamiento, la proyección actual de la consultora se ubica en torno al 2,2%. “Entre las claves de esta estimación, observamos que alimentos y bebidas siguen relativamente tranquilos; los combustibles aumentaron muy poco, sobre todo tras el anuncio de YPF de mantener los precios por 45 días, y además hubo rebajas vinculadas al Hot Sale. El dólar también se mantuvo estable y ya quedó atrás el impacto estacional de las subas en colegios e indumentaria. Los regulados suben, pero no con tanta fuerza”, explicó.

Lorenzo Sigaut Gravina, economista de la consultora Equilibra, estimó que la inflación de mayo habría rondado el 2,3%. “Aunque la suba mensual de precios descendería 0,3 puntos porcentuales respecto del registro de abril (2,6%), la medición interanual treparía a 33,4%, es decir, un punto porcentual por encima del dato de abril”, indicó el especialista.

Para Sigaut Gravina, una de las principales explicaciones de esta desaceleración está vinculada con el comportamiento de los precios regulados. “Pasaron de subir 4,7% en abril a 1,7% en mayo, impulsados principalmente por la estabilidad de las naftas, que apenas avanzaron 0,4%”, analizó.

El economista de Equilibra también señaló que la inflación núcleo –que no contempla precios estacionales y regulados– se habría mantenido en 2,3%, sin cambios respecto de abril. “No obstante, creemos que una mejor métrica para seguir la tendencia inflacionaria es la inflación subyacente, que excluye carnes, estacionales, nafta, servicios públicos, expensas y educación. Según nuestras estimaciones, esa medición se aceleró de 2,3% a 2,5% en mayo”, concluyó.

También Melisa Sala, economista de la consultora LCG, proyectó una desaceleración para el quinto mes del año. En su caso, la previsión es del 2,2%. “Hubo menos presión de los componentes estacionales y regulados. Alimentos siguió desacelerándose levemente”, sostuvo. Sin embargo, Sala advirtió que el proceso podría encontrar un límite en el corto plazo. “La inflación va a desacelerar en mayo, pero no creemos que pueda hacerlo mucho más. Es difícil que perfore el 2% en el corto plazo”, agregó.

En la misma línea, Elisabet Bacigalupo, responsable de Análisis Macro de la consultora Abeceb, señaló que la estimación de la firma también arroja un 2,2% para mayo. “Este sesgo bajista de la inflación responde, en gran medida, a una menor presión de alimentos, sobre todo en la primera quincena del mes, cuando los precios estuvieron muy tranquilos. Aunque hubo una leve suba de carnes y verduras en la segunda parte de mayo, el comportamiento general sigue siendo bastante moderado. También ayudaron los combustibles contenidos y una estacionalidad más favorable que en meses anteriores”, analizó.

Asimismo, Bacigalupo consideró poco probable que la inflación logre quebrar el piso del 2%, al menos en un contexto en el que los servicios –que, según remarcó, mantienen una fuerte inercia– seguirán funcionando como un ancla al proceso de desaceleración. “Esto incluye alquileres, telecomunicaciones, prepagas y otros rubros que continúan mostrando una dinámica mucho más inercial que la de los bienes”, afirmó.

Julian Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, fue el que refirió la estimación más baja, al prever una cifra de 2,1% mensual. “El dato marca una desaceleración frente al 2,6% que relevó el Indec en abril, y continúa el sendero de desinflación comenzado el mes pasado luego del pico de marzo”, destacó.

En el relevamiento de Libertad y Progreso, el rubro de mayor incidencia es alimentos y bebidas no alcohólicas, que aceleró respecto a marzo y corrió al 3,4% mensual, aportando 0,8 puntos porcentuales al nivel general. “En ritmo de desaceleración le siguieron comunicaciones, con 4%, y transporte, con 2,4%. Este último rubro estuvo especialmente presionado por la actualización de las tarifas en términos reales del transporte público y la suba de los combustibles una vez finalizado el buffer de YPF”, explicó Neufeld.

El cálculo de Sebastián Menescaldi, economista de la consultora EcoGo, arroja un resultado apenas superior al del resto de los analistas consultados. “Nuestra previsión para la inflación de mayo se ubica en torno al 2,4%, con alimentos como el factor de mayor incidencia en el mes y sin un aporte significativo de los precios regulados. Luego de varios meses de relativa tranquilidad, los alimentos comenzaron a mostrar cierta aceleración, principalmente por una fuerte suba en verduras, afectadas por el inicio del frío”, argumentó.

También contempló una cifra más elevada Rosario Vidaurreta, economista de Analytica. En este caso, su proyección asciende al 2,5%. “Nuestro relevamiento de alimentos y bebidas muestra una aceleración en las últimas semanas, alcanzando un 2,5% en el promedio de cuatro semanas. Se observaron aumentos marcados en verdulería, lo que podría implicar que los precios estacionales no contribuyan de manera tan favorable como ocurrió en abril”, concluyó.

Análisis y Proyecciones: Si los datos de mayo confirman estas estimaciones, la economía habría consolidado una tendencia de moderación de la inflación mensual tras el choque de marzo. No obstante, la persistencia de una inflación interanual elevada —como la proyectada por algunas consultoras— y la inercia en los precios de servicios y alquileres limitan las expectativas de una caída pronunciada a corto plazo. En escenarios habituales de economía abierta y con alta indexación, la desaceleración mensual requiere sustentabilidad en la política cambiaria, disciplina fiscal y señales creíbles de control de tarifas; sin esos elementos, la desinflación puede ser frágil y reversible.

Evolución en los últimos años: En los últimos ejercicios hasta octubre de 2023, la inflación argentina mostró episodios de fuertes aceleraciones seguidos por períodos de moderación parcial. Las políticas de controles temporales de precios, ajustes regulatorios y variaciones en el tipo de cambio han sido utilizadas intermitentemente para contener subas, pero la consolidación de una senda decreciente ha dependido de medidas macroeconómicas sostenidas. A su vez, la composición de la inflación fue variando: en determinados tramos predominó la incidencia de regulados y combustibles, mientras que en otros se destacó el arrastre de los servicios y la suba de alimentos estacionales. Los actores económicos han alternado entre pronósticos optimistas y alertas sobre riesgos de rebote, reflejando la volatilidad estructural que caracteriza al periodo reciente.