Tartaglione: “El tabaquismo produce la misma adicción que la cocaína” y recomienda detección con tomografía
El cardiólogo Jorge Tartaglione advierte sobre la adicción al tabaco y propone la tomografía computarizada de baja intensidad para quienes tuvieron un historial prolongado de consumo.
En 1964, el Informe del Cirujano General de Estados Unidos marcó un antes y un después al establecer el vínculo entre tabaquismo y cáncer; tomando ese antecedente como marco, el cardiólogo Jorge Tartaglione afirmó en LN+: “el tabaquismo produce la misma adicción que la cocaína y es socialmente aceptado”. Con esa definición inició su intervención y además reveló el estudio médico que, según él, debería realizarse toda persona que haya fumado alguna vez o lo haga actualmente.
Según Tartaglione, las personas que fumaron durante veinte años y dejaron de hacerlo hace quince años —u otros perfiles con exposición prolongada— deberían evaluar la posibilidad de realizar una tomografía computarizada de baja intensidad. El especialista sostuvo que este estudio no solo facilita la detección temprana de tumores y nódulos, sino que puede ser determinante para salvar vidas mediante el diagnóstico precoz.

Para subrayar la necesidad de cortar con la adicción y acudir a controles oportunos, Tartaglione contó una experiencia personal: “Mi padre murió de un cáncer de pulmón por fumador”, lo que reforzó su llamado a la prevención y al seguimiento médico.
¿Qué pasa si no fumo?
El rol del fumador pasivo fue otro eje de su exposición. Tartaglione distinguió las formas habituales de exposición:
- La exposición directa, propia de quien fuma.
- La de segunda mano, que afecta a los convivientes del fumador.
- La de tercera mano, por ejemplo cuando se duerme en una habitación donde se fumó previamente: la sustancia del tabaco puede permanecer en las paredes durante nueve meses.

Los beneficios de dejar de fumar y los tiempos en que se manifiestan fueron el cierre de su intervención pública. Tartaglione repasó cómo el organismo se recupera tras abandonar el cigarrillo:
“A los veinte minutos de dejar de fumar, tu frecuencia cardíaca se normaliza. A los dos días mejora la capacidad pulmonar. A los tres años, el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio se equipara al de una persona que no fumó. Y entre los 10 y 15 años, disminuye el riesgo de padecer un cáncer de pulmón”, concluyó.
Dejar de fumar: la dificultad de dar el primer paso
“Todos saben que fumar es perjudicial. Pero lo más difícil es que la gente que fuma haga un ‘clic’”, explicó Tartaglione, al señalar que el primer cambio de actitud es la barrera más compleja para superar la adicción.
“A quienes están en ese proceso les propongo una reflexión: ¿Qué puedo hacer para cambiar?”, invitó el cardiólogo, subrayando la importancia de la voluntad acompañada de apoyo profesional.

Para ilustrar que la perseverancia tiene resultados, relató el caso de Clarisa, una paciente que tras varios intentos fallidos logró abandonar el hábito. “Cuantas más veces intentes dejar de fumar y no puedas, la última vas a poder”, dijo como mensaje de esperanza.
Análisis y proyecciones
La combinación de cesación y detección temprana puede reducir de manera notable la morbimortalidad atribuible al tabaco. Estudios clínicos previos, como los ensayos aleatorizados que evaluaron la eficacia de la tomografía computarizada de baja dosis, han mostrado una disminución en la mortalidad por cáncer de pulmón entre los grupos examinados. No obstante, la implementación generalizada de cribados acarrea desafíos: capacidad diagnóstica, coste para los sistemas de salud, necesidad de protocolos para minimizar sobrediagnóstico y manejos de resultados incidentales. En el corto plazo, aumentar la oferta de tratamientos para la dependencia nicotínica (terapias farmacológicas y apoyo conductual) y promover la incorporación selectiva de tomografías de baja dosis en poblaciones de alto riesgo es la estrategia con mayor potencial para reducir muertes evitables. A mediano y largo plazo, la combinación de políticas de control del tabaco, impuestos, ambientes libres de humo y programas de detección podría traducirse en una caída sostenida de la carga sanitaria del tabaquismo.
Evolución del tema y posturas hasta la fecha
La postura de la comunidad médica frente al tabaco ha cambiado radicalmente desde mediados del siglo XX: pasó de una aceptación social amplia a un consenso sanitario firme sobre sus riesgos, impulsado por informes oficiales (como el de 1964) y por evidencia acumulada que relaciona el consumo con múltiples enfermedades. En las últimas décadas se añadieron medidas públicas como convenciones y regulaciones internacionales para controlar el consumo, mayores impuestos y espacios libres de humo. Las recomendaciones sobre cribado con tomografía de baja dosis también se han ido ajustando, ampliando en algunos países los criterios de edad y exposición para captar a más personas en riesgo. Por su parte, la industria tabacalera ha adoptado tácticas para diversificar productos y enfrentar regulaciones; frente a ello, los organismos de salud y las sociedades científicas han intensificado campañas de prevención y tratamiento de la adicción. En este contexto, la voz de especialistas clínicos como Tartaglione insiste en priorizar tanto la cesación como el diagnóstico precoz para reducir el impacto del tabaquismo en la población.
























