Casas impresas: ahorro y velocidad

La tecnología de impresión de estructuras de hormigón promete acelerar plazos, reducir desperdicio y cambiar tareas en obra, según emprendedores locales que ya operan en la región.

"En 2016 Dubái presentó la primera oficina impresa en 3D y desde entonces la idea de acelerar la construcción dejó de ser utopía." Con un costo de construcción que no baja, los desarrolladores buscan alternativas que les permitan ganar eficiencia. Una de las variables clave, y en la que todavía hay margen para optimizar, es la duración de las obras.

En ese marco, se impone con fuerza un método que promete transformar la industria: estructuras de cemento construidas con impresoras 3D.

Lo que años atrás se veía limitado a prototipos y objetos pequeños de plástico hoy avanza en obras de mayor escala. En 2025, por ejemplo, se inauguró en Texas un local de Starbucks construido con esta metodología. Ese mismo año, en Japón, se imprimió una estación ferroviaria en apenas seis horas. Y en Estados Unidos ya avanzan desarrollos de barrios cerrados donde todas las viviendas son realizadas mediante este método.

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Así se ve el Starbucks de Texas construido con esta metodología

La tendencia ya tiene presencia en Asia, Europa y Norteamérica, y en la Argentina también comienza a sumarse a ese proceso. “Una vivienda de 120 m² puede tener la obra gris lista en 48 horas”, declara Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, empresa especializada en impresión 3D de hormigón aplicada a la construcción, en el podcast Experiencia que construye.

La startup que creó Salvatto junto a tres socios ofrece servicios que van desde el desarrollo urbano y rural hasta estaciones modulares, residencias y soluciones integrales para la construcción corporativa.

¿Cómo funciona la máquina?

El proceso difiere claramente de la albañilería tradicional. Según Salvatto, la impresora con la que trabajan mide aproximadamente 11 metros por 11 metros y 7 metros de altura e imprime en concreto: cemento combinado con un 2% de aditivos.

La impresora 3D tiene aproximadamente 11 metros por 11metros y 7 metros de altura

El sistema incorpora una planta mezcladora compacta que alimenta una bomba y una manguera especial hasta el cabezal impresor. De este modo, la estructura se construye “capa por capa a una velocidad sorprendente”.

Lejos de cualquier noción de fragilidad, Salvatto afirma que las viviendas resultantes son antisísmicas y cuentan con doble pared con cámara de aire. “No la rompes con nada”, sintetiza.

“Imaginate una casa que pueda bajar el 30% de su costo de mercado, terminada en una semana, y podés sacar una casa atrás de la otra”, explica Salvatto. Además, subraya otra ventaja: la reducción del desperdicio de materiales, porque la bomba suministra al cabezal únicamente la cantidad de concreto necesaria en cada etapa.

Las casas impresas son antisísmica y tienen doble pared con cámara de aire

“Son casas de buena calidad, con diseño disruptivo, curva y contracurva para aprovechar mejor el espacio, recontra aislante ergo con mejor eficiencia energética”, añade.

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Otro punto a favor es la disponibilidad de insumos. “Es hormigón, nada muy místico”, subraya Salvatto.

Incluso los aditivos —como plastificantes y acelerantes— se consiguen en el mercado local. La mezcla se regula según variables como la temperatura y las condiciones de la máquina, pero sin requisitos extraordinarios.

Durante la impresión se ejecutan cortes entre capas para permitir el fragüe del material, es decir, el endurecimiento y pérdida de plasticidad del cemento o mortero.

Es preciso aclarar que la impresora realiza únicamente la denominada “obra gris”: toda la parte de hormigón —estructura, paredes, escaleras, canteros e incluso mesadas—. Luego corresponde completar las terminaciones, las instalaciones y los detalles finales.

Ese trabajo final requiere mano de obra. La tecnología no busca reemplazar a los trabajadores, sino redefinir sus tareas y minimizar las labores de levantamiento de cargas pesadas. “Las terminaciones, la operación y la supervisión de la máquina necesitan intervención humana”, remarca.

La impresora construye solamente la denominada “obra gris”. Después es necesario agregar las terminaciones, instalaciones y detalles finales

Más allá de viviendas: el uso industrial

La aplicación no se limita a la vivienda. Salvatto explica que también puede emplearse en proyectos de ingeniería civil y minería. “Funciona como una fábrica de premoldeados portátil: la trasladás, la nivelás sobre el terreno y empieza a imprimir”, describe.

Una de las restricciones actuales es la altura: el modelo que utiliza Grondplek permite edificar hasta tres plantas. No obstante, la tecnología avanza con rapidez.

Según el emprendedor, ya emergen máquinas con guías horizontales que permiten la impresión en serie. “Podés hacer cinco lotes adosados e imprimir uno atrás del otro”, señala.

El origen del proyecto

“Es mi primera incursión como emprendedor en el mundo de la construcción”, afirma Salvatto, conocido también por su rol como cofundador de Asteroid, una compañía de tecnología inclusiva.

La iniciativa nació cuando un amigo mostró un video de una impresora 3D aplicada a la construcción y el grupo se preguntó si aquello era factible a escala comercial. A partir de ahí, comenzaron a diseñar un negocio y recorrieron Europa en busca de fabricantes.

En Copenhague encontraron la máquina que buscaban. “Hacen las Ferrari de las impresoras 3D de hormigón”, comenta Salvatto sobre el fabricante Cobod, empresa con la que terminaron asociándose.

Tras evaluar el equipo, Salvatto y sus socios se convirtieron en distribuidores oficiales de esas máquinas para Argentina, Uruguay y Paraguay.

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Aunque la iniciativa arrancó en 2021, fue recién en 2025 cuando encontraron “una empresa lo suficientemente innovadora como para apostar por esta locura”: Techint. “La que trajimos es la primera máquina de la región”, afirma Salvatto.

Hoy, según la información de la empresa, imprimieron más de 500 m² de hormigón, produjeron más de 1400 piezas, lo que implicó una reducción del 35% en el tiempo de obra gris.

Su decisión de introducir la tecnología en el país responde a una estrategia: “Quienes estamos en el sector privado tenemos que apostar por el país, hacer crecer a la Argentina y generar empleo”, concluye Salvatto.

Análisis y proyecciones

La impresión 3D de hormigón tiene el potencial de alterar la ecuación costo-tiempo en la construcción. Basado en teorías de adopción tecnológica y economías de escala observadas en otras industrias, es razonable prever que la reducción sostenida de costos y la estandarización de piezas premoldeadas favorecerán proyectos de vivienda masiva y soluciones de emergencia habitacional. A mediano plazo, los desafíos regulatorios, la certificación estructural y la logística de insumos serán factores determinantes para que la tecnología pase de pilotos a producción masiva. También es probable que surjan nichos industriales —prefabricados, obras civiles remotas, minería— donde la movilidad de la impresora y la reducción de mano de obra en tareas pesadas sean ventajas comparativas claras.

Evolución en los últimos años y cambios de postura

Desde los primeros prototipos y demostraciones a mediados de la década de 2010 hasta los proyectos comerciales de finales de la década, la actitud de actores públicos y privados cambió de escepticismo a interés pragmático. Grandes constructoras y consorcios tecnológicos comenzaron a financiar pilotos y a incorporar impresoras 3D en demostraciones, mientras que reguladores en varios países impulsaron normas técnicas para garantizar seguridad y durabilidad. En el ámbito local, startups como la de Salvatto pasaron de explorar la tecnología a establecer alianzas con empresas tradicionales (mencionada aquí la participación de Techint), lo que refleja una transición hacia modelos de colaboración público-privada y la búsqueda de escalabilidad.