¿Y la casta fluvial sigue…? El Jagua Arandú ventea el río revuelto de la Hidrovía


Por el Jagua Arandú
¡Qué tal, chamigos! Les habla el Jagua Arandú. Me acomodé abajo de la enramada a mirar el Paraná, pero les confieso que hoy me desperté con el pulso inquieto y las orejas bien paradas. El Jagua tiene el olfato entrenado en el barro de nuestra historia y les aseguro que el río nos está queriendo decir algo.
Muchos piensan que el tema de la Hidrovía es una discusión de porteños, ingenieros de traje o una simple preocupación por si un barquito granelero se queda varado en un banco de arena cerca de Empedrado o Paso de la Patria. ¡Mire si va a ser tan fácil, don! No se dejen meter el perro. Acá no estamos hablando de lanchas pesqueras ni de chalanas. Estamos hablando de una de las tortas de plata, poder político y geopolítica global más grandes del planeta. Una ruta por donde sale el morfi que alimenta al mundo y que hoy tiene los pliegues de licitación abiertos sobre la mesa, salpicados de quejas, impugnaciones y denuncias de que la cancha está demasiado "inclinada". Por eso la pregunta muerde sola: ¿y la casta fluvial sigue?
El Jagua, que es bicho viejo y curtido, ya vio esta película. El río revuelto viene con olor a "déjà vu". Por un lado, pica en punta el consorcio de la empresa belga Jan de Nul junto a la local Servimagnus, de la conocida familia Román. Por el otro lado, se planta la también belga DEME, aliada con pesos pesados norteamericanos como Great Lakes y fondos monstruos como KKR. Hasta la Fiscalía Anticorrupción de la Nación metió un grito de alerta advirtiendo que los pliegos tienen "serias irregularidades" y huelen a direccionamiento a medida.
Y claro, si uno rasca un poco el rastro, la memoria te pega el guadañazo. ¿Cómo no va a estar alerta el Jagua si se acuerda de Gabriel Romero? Ese mismo empresario que arrancó fuerte en las épocas de Alfonsín, que después metió la uña con Ferrovías en el Belgrano Norte y que en los 90 se asoció, mirá vos qué coincidencia, con los mismos belgas de Jan de Nul para manejar la Hidrovía por más de 25 años. El mismo Romero que en la Causa Cuadernos tuvo que ir a cantar como arrepentido ante la Justicia. El tipo confesó clarito, sin ponerse colorado, que le pagó 600.000 dólares de coima a Cristina Fernández de Kirchner para que le firme un decreto y le prorrogue la concesión del río a dedo. Y encima admitió que le dejaba retornos de entre el 10% y el 15% de los subsidios ferroviarios a Ricardo Jaime, sumado a un "abono fijo" anual de medio millón de verdes para que no le pongan trabas. Con esos antecedentes en el agua, ¿cómo quieren que el Jagua se duerma una siesta? Pareciera que cambian los gobiernos, pero los muchachos de la casta del río siempre se las ingenian para quedar flotando.
Pero el asunto va mucho más allá de los retornos y las coimas locales, chamigo. El Jagua mira el mapa grande y ve que en este bendito Paraná se está jugando un partido de truco a nivel mundial. No es timba de boliche. En la cabecera de la mesa están sentados, mirándose de reojo, nada menos que Estados Unidos y China.
Los norteamericanos meten presión con sus empresas y sus agencias de seguridad porque no quieren perder pisada en Sudamérica, y los chinos —que tienen las terminales y compran casi todas las proteínas vegetales que bajan en las barcazas— juegan su propio lobby callados la boca, porque saben que quien controle el dragado del Paraná, controla la canilla del comercio mundial. Están jugando al ajedrez en nuestro patio y usan el río como tablero.
Por eso les digo, paisanos, abran los ojos. La Hidrovía no es un tema de ingenieros; es el corazón estratégico de la región y nos pertenece. El Jagua se queda acá, orejeando las cartas y venteando el aire. Por hoy la dejamos acá, pero quédense cerca, porque para la próxima nota nos vamos a meter a revisar cómo está el tema del control aduanero y quién vigila lo que realmente entra y sale por esta autopista de agua. ¡Un abrazo chamamecero y hasta la próxima!