Motosierra 2: el ajuste perpetuo y el desgaste del experimento libertario
En su columna publicada en LA NACION, Jorge Fernández Díaz plantea que el gobierno de Javier Milei atraviesa un punto de inflexión político y social. El lanzamiento de una segunda etapa del ajuste —bautizada informalmente como “Motosierra 2”— ya no aparece, según el autor, como una épica refundacional sino como la señal de que el programa económico enfrenta límites concretos y costos crecientes.
La columna sostiene que, después de haber ejecutado “el mayor ajuste de la historia”, el Gobierno se ve obligado a profundizar los recortes debido a la caída de la recaudación producto de la propia recesión económica. Fernández Díaz describe una dinámica que considera peligrosa: el ajuste reduce actividad y consumo; la caída de la actividad reduce ingresos fiscales; y esa pérdida de recursos obliga a nuevos recortes. En otras palabras, una espiral que “se muerde la cola”.
Según el artículo, el nuevo paquete de reducción del gasto alcanzaría casi 2,5 billones de pesos y afectaría áreas particularmente sensibles para la sociedad. El texto menciona recortes en educación, salud, ciencia, infraestructura escolar, programas de medicamentos, prevención del cáncer, trasplantes y transferencias a provincias para rutas y asistencia social. También advierte sobre reducciones en áreas vinculadas a seguridad y defensa, mientras —subraya el autor— se mantienen elevados los recursos destinados a la SIDE.
Fernández Díaz utiliza un ejemplo concreto para ilustrar el impacto de la medida: el Banco Nacional de Datos Genéticos habría advertido a fiscales y jueces que no podría continuar realizando determinadas medidas judiciales vinculadas a muestras biológicas por falta de recursos. Para el columnista, este tipo de consecuencias transforma el ajuste en algo visible y tangible para la población.
El núcleo político del análisis está puesto en el humor social. El autor sostiene que el Gobierno enfrenta una sociedad agotada, golpeada por la caída del salario, el deterioro del consumo y la persistencia de la incertidumbre económica. Aunque reconoce que muchos ciudadanos todavía no abandonan electoralmente a Milei por ausencia de una alternativa clara, afirma que el oficialismo empieza a volverse “indefendible” incluso dentro de sectores de clase media que originalmente acompañaron el cambio libertario.
La nota introduce además una distinción importante dentro del electorado republicano y liberal. Fernández Díaz argumenta que una parte de quienes apoyaron a Milei imaginaban un reformismo moderado, institucional y moderno, similar al modelo europeo, mientras que otro sector impulsaba una transformación radical inspirada en corrientes ultraliberales y antiestatales cercanas al Tea Party estadounidense o a las ideas de Murray Rothbard. Según el periodista, el Presidente estaría perdiendo respaldo entre los primeros, que aceptaban disciplina fiscal pero no una demolición completa del Estado.
En ese marco, el artículo dedica especial atención al conflicto universitario y científico. Fernández Díaz considera que el recorte sobre universidades, investigación y ciencia representa “un misil bajo la línea de flotación del modelo sarmientino”. Menciona el caso de Sandra Pitta, quien habría tomado distancia del oficialismo al percibir desprecio hacia científicos y docentes universitarios. También cita al actor Marcelo Mazzarello, que expresó críticas al impacto del ajuste sobre el PAMI y los hospitales públicos.
Otro eje central del texto es la erosión de la autoridad moral del Gobierno. Fernández Díaz sostiene que la narrativa de austeridad libertaria se debilita cada semana por nuevos escándalos y contradicciones. Allí reaparece la figura del diputado Manuel Quintar y su Tesla Cybertruck, convertido en símbolo de ostentación en medio de un contexto social delicado. El autor recuerda además el pasado kirchnerista del legislador y su cercanía previa con Milagro Sala.
La columna también menciona a Alejandro Álvarez como ejemplo de dirigentes provenientes del peronismo tradicional que hoy buscan alinearse con el oficialismo libertario, reforzando la idea de que la “casta” denunciada por Milei continúa presente dentro de su propio espacio político.
En el tramo final, Fernández Díaz apunta contra el estilo comunicacional del Presidente. Cuestiona especialmente los insultos y descalificaciones pronunciados por Milei durante recientes apariciones en canales de streaming oficialistas y critica el silencio de antiguos referentes republicanos que antes defendían valores institucionales y hoy relativizan esas conductas.
La conclusión del artículo es contundente: el verdadero riesgo para el Gobierno no sería únicamente económico, sino político y cultural. Para Fernández Díaz, la combinación de ajuste permanente, desgaste moral, agresividad discursiva y pérdida de sensibilidad social puede terminar alejando a sectores moderados que inicialmente vieron en Milei una oportunidad de reconstrucción institucional y económica.
























