Las furias de Milei, Adorni en la cuerda floja y Caputo con el cuchillo entre los dientes
La crisis política que atraviesa el Gobierno ya dejó de ser un episodio aislado y se convirtió en un test sobre la capacidad de Javier Milei para sostener a sus funcionarios más cercanos sin que se resienta el núcleo de poder.
En el centro de la tormenta vuelve a quedar Manuel Adorni, cuya situación judicial y política sigue agregando capítulos incómodos. En la Casa Rosada admiten, por lo bajo, que la continuidad del jefe de Gabinete y vocero dejó de ser un tema cerrado. Lo que hace apenas una semana era un respaldo sin fisuras hoy aparece condicionado por el avance de expedientes, nuevas revelaciones sobre su patrimonio y la persistencia de un tema que el oficialismo no logra sacar de la agenda pública.
El problema no es sólo Adorni.
Lo que inquieta al círculo presidencial es el desgaste que el caso produce sobre la figura de Milei, acostumbrado a un esquema de control total del relato. La sucesión de denuncias, las derivaciones judiciales y las filtraciones sobre viajes, inmuebles y movimientos financieros perforaron ese blindaje y abrieron un frente de irritación en el Presidente.
En ese clima crecieron las “furias” de Milei: reuniones tensas, cuestionamientos internos y una ofensiva cada vez más agresiva contra el periodismo y la oposición, a quienes en el oficialismo responsabilizan de mantener viva la crisis. Clarín reflejó en los últimos días la acumulación de posteos presidenciales contra la prensa y el malestar por la persistencia del tema Adorni en la conversación pública.
Mientras tanto, Luis “Toto” Caputo juega otro partido, aunque no menos decisivo.
El ministro de Economía aparece con “el cuchillo entre los dientes” porque sabe que el único modo de amortiguar el ruido político es sostener resultados en la macro. La compra de casi US$ 4.500 millones por parte del Banco Central en unas 60 ruedas, el superávit y la desaceleración de algunos indicadores sociales funcionan hoy como el principal escudo del Gobierno frente al desgaste institucional.
Caputo se transformó, así, en el sostén más sólido del gabinete. No sólo por el manejo económico, sino porque en la mesa chica entienden que una señal de fragilidad en Hacienda podría multiplicar el nerviosismo financiero y convertir la crisis política en un problema cambiario.
Por eso la pulseada ya no es sólo sobre el futuro de Adorni, sino sobre cuánto costo político está dispuesto a pagar Milei para no mostrar una derrota interna.
En la Rosada saben que desplazar al funcionario sería leído como una concesión ante la presión mediática y judicial. Pero también comprenden que sostenerlo indefinidamente puede seguir erosionando el activo más valioso del Presidente: su narrativa de pureza frente a “la casta”.
Ese equilibrio precario explica la tensión de estas horas.
Milei se enfurece, Adorni resiste y Caputo acelera. Tres movimientos de una misma partida donde no sólo está en juego un nombre propio, sino la autoridad del poder presidencial en su momento más sensible.























