El riesgo del narcoterrorismo en América Latina: alertas sobre la presencia de Hezbollah
La presencia de redes vinculadas al terrorismo internacional en América Latina vuelve a ocupar un lugar central en el debate sobre seguridad regional. Según un análisis publicado por la periodista y analista política Pilar Rahola, el entramado del grupo libanés Hezbollah y de la fuerza especial iraní Fuerza Quds se ha expandido durante años en distintos países del continente, combinando actividades terroristas con economías criminales.
En su artículo, Rahola sostiene que esta red se ha consolidado especialmente a través de alianzas con organizaciones del narcotráfico y del crimen organizado, lo que le ha permitido construir una estructura financiera y logística de gran escala en la región.
Los primeros indicios y el Proyecto Casandra
De acuerdo con el texto, una de las primeras confirmaciones documentadas de la actividad de Hezbollah en América Latina surgió en 2008, cuando agentes de la Drug Enforcement Administration (DEA) detectaron el contacto entre un narcotraficante colombiano bajo vigilancia y un dirigente del grupo libanés.
Ese hallazgo impulsó una investigación conocida como Proyecto Casandra, que se extendió durante ocho años y analizó las redes financieras y criminales del movimiento. Según Rahola, las conclusiones indicaban que Hezbollah había evolucionado hacia una organización con características de cártel criminal global, capaz de generar cerca de mil millones de dólares anuales a través de actividades ilícitas vinculadas al narcotráfico.
La periodista también menciona que la investigación se frenó durante el gobierno de Barack Obama debido a las negociaciones del acuerdo nuclear con Irán de 2015, una decisión que fue cuestionada por algunos exagentes de la DEA.
Expansión en el continente
El artículo describe un entramado regional amplio. Según Rahola, durante años el eje político conocido como “bolivariano” —con Nicolás Maduro en Venezuela— habría facilitado la instalación de estructuras operativas vinculadas a la Fuerza Quds.
En ese esquema, Venezuela habría funcionado como un centro de operaciones, mientras que otras zonas estratégicas se consolidaron como nodos logísticos o financieros. Entre ellas destaca la llamada Triple Frontera entre Argentina, Paraguay y Brazil, señalada durante años por organismos internacionales como área sensible para el contrabando y el lavado de dinero.
El análisis también menciona vínculos con grupos criminales regionales, entre ellos el Primer Comando da Capital en Brasil, así como contactos con organizaciones del narcotráfico en países como México, Colombia o Ecuador.
En este último país, el presidente Daniel Noboa ha llegado a designar formalmente a Hezbollah, Hamas y a la Guardia Revolucionaria iraní como organizaciones terroristas, en el marco de la crisis de seguridad que atraviesa esa nación.
Financiamiento y actividades ilícitas
Rahola sostiene que las redes vinculadas a Hezbollah en América Latina participan en múltiples economías ilegales. Entre ellas menciona el narcotráfico, la minería ilegal, el lavado de dinero, el secuestro y el tráfico de materiales estratégicos.
Según el artículo, estas operaciones aportarían hasta el 30% del presupuesto anual de Hezbollah, lo que muestra la importancia financiera del continente para la organización.
Además del aspecto económico, la autora advierte sobre la actividad propagandística en redes sociales y medios digitales, donde se difunden discursos antioccidentales y antisemitismo como parte de la estrategia de influencia política.
El antecedente del atentado a la AMIA
El riesgo de ataques terroristas en la región suele analizarse a la luz de uno de los episodios más graves de la historia latinoamericana reciente: el Atentado a la AMIA ocurrido en 1994 en Buenos Aires, donde murieron 85 personas.
Rahola señala que un atentado de esa magnitud requeriría una infraestructura logística compleja, algo que en el contexto actual podría verse limitado por las tensiones que enfrenta el régimen iraní en Medio Oriente.
Sin embargo, advierte que el escenario internacional podría favorecer otro tipo de acciones más pequeñas o improvisadas.
Nuevas alertas de seguridad
Tanto Israel como Estados Unidos han advertido sobre la posibilidad de ataques de menor escala contra objetivos sensibles, entre ellos embajadas, instituciones judías o eventos masivos.
En ese contexto, países como Argentina han reforzado sus sistemas de alerta antiterrorista, especialmente ante el aumento de tensiones en Medio Oriente.
Un escenario incierto
La autora concluye que el futuro de estas redes depende en gran medida del destino del régimen iraní. Si el sistema político surgido tras la Revolución iraní de 1979 se debilita, las estructuras que dependen de él podrían perder coordinación.
Pero también advierte que un escenario de crisis podría generar reacciones violentas por parte de organizaciones que buscan demostrar su capacidad operativa.
“Mientras el régimen iraní perdure, será un riesgo global”, afirma Rahola en su artículo, y agrega que para América Latina se trata de una amenaza “inminente y cercana, aunque muchas veces invisible”.






















