Entre el discurso moral y la práctica del poder: la “ficción consentida” en el gobierno de Milei
En la política argentina existe una regla no escrita: los discursos suelen prometer una realidad que luego se vuelve más compleja cuando llega el momento de gobernar. Esa tensión entre palabras y hechos fue señalada por el analista político Carlos Pagni en una columna reciente publicada en La Nación, donde describe el fenómeno como una forma de “ficción consentida” dentro del poder.
La expresión remite al historiador Tulio Halperín Donghi, quien sostenía que todo sistema político necesita algún grado de relato compartido para sostener su legitimidad. Según Pagni, ese mecanismo también atraviesa el presente gobierno de Javier Milei.
La moral como política de Estado
Durante sus recientes intervenciones en el Congreso argentino y en un encuentro con inversores en la sede de JPMorgan Chase en Nueva York, Milei afirmó que la moral será una política de Estado de su administración.
El mensaje estuvo dirigido principalmente al mundo empresarial internacional. En esos foros, el Presidente volvió a defender su visión de una economía basada en la apertura comercial, la mínima intervención estatal y la confianza en el funcionamiento del mercado.
Sin embargo, Pagni plantea que el desafío del Gobierno aparece cuando el discurso se enfrenta con situaciones concretas de la economía real. El columnista recuerda una frase atribuida a Néstor Kirchner en 2004, cuando buscaba atraer inversiones: “No miren lo que digo. Miren lo que hago”. Según el analista, en el caso de Milei la lógica parecería invertirse: el mensaje político pide confiar en lo que se dice, más que en lo que se hace.
El caso Fate y la tensión entre teoría y política
Uno de los ejemplos mencionados en el análisis es el conflicto en la empresa de neumáticos vinculada al empresario Javier Madanes Quintanilla, donde cientos de trabajadores fueron despedidos en medio de un proceso de crisis empresarial.
Desde la perspectiva económica que defiende el Gobierno, este tipo de situaciones puede interpretarse como parte del proceso de “destrucción creativa”, un concepto asociado al economista Joseph Schumpeter, según el cual las empresas menos competitivas desaparecen para dar lugar a nuevas actividades más eficientes.
Pero, en la práctica, el conflicto obligó al Estado a intervenir para gestionar las consecuencias sociales del cierre y los despidos. Para Pagni, ese episodio refleja una tensión central: la diferencia entre predicar el funcionamiento puro del mercado y enfrentar los costos políticos de sus efectos.
Las contradicciones del poder
La columna también menciona otras polémicas dentro del oficialismo, como las críticas dirigidas por Milei a empresarios influyentes, entre ellos el titular del grupo Techint, Paolo Rocca.
Pagni señala que estas confrontaciones públicas pueden generar incertidumbre entre los inversores, especialmente en un contexto en el que el Gobierno busca atraer capital externo para impulsar la economía.
Al mismo tiempo, el análisis recuerda que dentro del propio ecosistema político y empresarial que rodea al oficialismo conviven actores con trayectorias diversas, lo que vuelve aún más complejo sostener un relato coherente entre discurso y práctica.
El desafío institucional
Otro punto que destaca el artículo es la relación del Gobierno con el sistema judicial, especialmente tras la designación de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia.
Según Pagni, la interacción entre política, justicia y poder económico en la Argentina suele desarrollarse en un entramado complejo de vínculos personales, alianzas y disputas internas que muchas veces contradicen los principios proclamados públicamente.
En ese contexto, la promesa de convertir la moral en política de Estado enfrenta una prueba constante: la dinámica real del poder.
La política entre relato y realidad
La conclusión del análisis apunta a una idea clásica de la ciencia política: gobernar implica administrar tensiones entre ideales y pragmatismo.
En ese marco, el concepto de “ficción consentida” funciona como una metáfora del acuerdo tácito entre gobernantes y sociedad. Los discursos ofrecen una narrativa que ordena la política, mientras la práctica cotidiana del poder revela inevitablemente contradicciones.
Para Pagni, el interrogante central es cuánto tiempo puede sostenerse ese equilibrio sin que la distancia entre palabras y hechos termine erosionando la credibilidad del proyecto político.
Porque, como sugiere su columna, la política puede vivir de relatos, pero la confianza —especialmente la económica— suele depender de los hechos.






















