Verdún en el Golfo: Entre el satélite y el "Chaque"

Por: Don Insólito
(Desde el Paraná Medio, donde la verdad no se saca con GPS)


¡Qué lo parió! Me tildé con los cables de la memoria. Yo les decía Dunkerque, pero no... lo que está pasando en esa Isla de Kharg tiene más pinta de ser un Verdún moderno. Como en las películas viejas: meses y meses de bombas, todos amontonados y nadie se mueve un milímetro, pero el desparramo de fierros es infernal.
Pero lo que me hace ruido no es el bumbum de los misiles, sino quién nos cuenta el cuento. Ahora me dicen que Reuters y el New York Times son la palabra santa. ¡Pero por favor! Esos son la élite del poder, los patrones de la noticia que juegan al ajedrez con los negocios del mundo.
Acá en Corrientes ya hicimos el curso acelerado. ¿Se acuerdan cuando abríamos el diario y teníamos tres provincias distintas? El Pocho y el Tato en El Litoral te pintaban una; Don Cho-Ju (como le decía el genial Chaque en sus caricaturas) en el Época te contaba otra; y Rodolfo desde El Libertador te remataba con una tercera versión. ¡Tres tapas, tres realidades! Y uno en el medio, como perro en cancha de bochas, tratando de adivinar si llovía o si era un invento del jefe de redacción.
Esos diarios no eran solo papel, eran instrumentos de la política y los negocios. Y allá, en el "primer mundo", es la mismísima cosa pero con más brillo. Esas imágenes satelitales que nos tiran por la cabeza son el "tapa a tapa" de hoy. El New York Times te muestra un cráter y te dice que EE. UU. perdió los estribos; YouTube te pone un video de Irán festejando y después otro que dice que los borraron del mapa.
Al final, Don Insólito se queda pensando: si acá nos hacían bailar un chamamé distinto según quién pagaba la imprenta, ¿por qué les vamos a creer a estos gringos así de una?
La Isla de Kharg será muy importante para el aceite negro, pero la verdad sigue siendo como el surubí en el barro: hay que saber dónde tirar el anzuelo y no comerse cualquier carnada que brille en la pantalla. Yo, por las dudas, sigo confiando más en el viento que viene del sur que en lo que me diga un satélite mandado por los patrones del mundo.