Karina Milei consolida poder en la Casa Rosada mientras el Presidente redobla su apuesta frente al empresariado

En medio de un escenario internacional cargado de incertidumbre y con la economía local todavía en tensión, el gobierno de Javier Milei atraviesa una etapa marcada por dos movimientos simultáneos: una estrategia política cada vez más concentrada en la figura de su hermana, Karina Milei, y una confrontación abierta del Presidente con algunos de los empresarios más influyentes del país.

La escena más reciente ocurrió en Nueva York, durante el evento Argentina Week, donde Milei buscó seducir a inversores internacionales. Sin embargo, en el mismo foro en el que el Gobierno pretendía transmitir previsibilidad, el mandatario lanzó duras críticas contra dos pesos pesados de la industria local: Paolo Rocca, titular del grupo Techint, y Javier Madanes Quintanilla, dueño de Aluar y de la firma de neumáticos FATE.

El Presidente los acusó de actuar como “corruptos y extorsionadores”, en referencia a sus cuestionamientos a decisiones del Gobierno y al cierre de la planta de neumáticos. La declaración sorprendió a parte del auditorio compuesto por fondos de inversión y bancos internacionales. En la Casa Rosada, sin embargo, sostienen que el mensaje fue deliberado: el Gobierno quiere dejar claro que su política económica no estará condicionada por “los empresarios prebendarios”.

El ascenso de Karina

Mientras el Presidente desplegaba su ofensiva discursiva, en Buenos Aires se consolidaba otra dinámica: el crecimiento del poder interno de Karina Milei dentro del Gobierno.

La secretaria general de la Presidencia se convirtió en la principal arquitecta del armado político oficialista y, según diversas fuentes del oficialismo, su influencia continúa expandiéndose en detrimento del círculo del asesor presidencial Santiago Caputo.

La reciente designación de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia fue interpretada por algunos analistas como parte de esa disputa interna. Desde el entorno de Karina rechazaron esa lectura y aseguraron que la prioridad es “tener un ministro de Justicia, no un operador judicial”.

El nuevo funcionario llega en un momento clave: el Poder Ejecutivo busca avanzar con la cobertura de más de 200 vacantes en la justicia federal y nacional, lo que representa cerca del 36% de los cargos. En el oficialismo confían en que el proceso permita acelerar causas sensibles y asegurar respaldo judicial para reformas estructurales como la laboral.

Economía con señales mixtas

En paralelo, la economía muestra signos contradictorios.

Datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) indican que las ventas minoristas pyme cayeron 5,6% interanual en febrero, con retrocesos fuertes en rubros como bazar, perfumería y alimentos.

Al mismo tiempo, la inflación en la Ciudad de Buenos Aires marcó 2,6%, una leve baja respecto de enero. Sin embargo, el índice aún se mantiene cerca del 3%, un nivel que empieza a reactivar reclamos gremiales para reabrir paritarias y que complica la recuperación del consumo.

La interna libertaria en Buenos Aires

Las tensiones dentro del oficialismo también se trasladan al armado político en la provincia de Buenos Aires.

Mientras el sector cercano a Caputo impulsa al legislador bonaerense Agustín Romo como referente territorial, Karina Milei respalda al dirigente Sebastián Pareja.

Ese armado comenzará a dialogar con el ministro del Interior, Diego Santilli, para delinear la estrategia electoral hacia 2027. La incógnita principal sigue siendo quién encabezará la candidatura para disputar el bastión peronista.

En ese contexto también se inscribe el freno a la posible llegada de Diego Valenzuela al Ministerio de Seguridad, un movimiento que había sido anticipado meses atrás por Patricia Bullrich pero que quedó congelado por decisión de la secretaria general.

Un peronismo fragmentado

Del otro lado del tablero, el peronismo atraviesa una etapa de fuerte dispersión.

En distritos clave del conurbano, como San Miguel y Tigre, las disputas internas entre sectores vinculados a Gabriel Katopodis, Andrés Larroque y el espacio de Sergio Massa reflejan un escenario de fragmentación que dificulta la reconstrucción de una estrategia común.

En el frente sindical también se registran cambios: el histórico dirigente docente Roberto Baradel anunció que no buscará una nueva reelección al frente del sindicato docente bonaerense, abriendo paso a una renovación interna encabezada por María Laura Torre.

Villarruel, la incógnita política

Mientras tanto, la vicepresidenta Victoria Villarruel continúa recorriendo el país y marcando distancia del Presidente.

Durante una visita a Mendoza deslizó una crítica indirecta al Gobierno al afirmar que “es muy difícil gobernar un país si no lo conocés”. Sus recorridas provinciales alimentan especulaciones sobre una eventual candidatura propia en 2027.

El fútbol, otro frente de poder

Como si el tablero político no tuviera ya suficientes frentes abiertos, el fútbol argentino también suma tensión.

La conducción de la Asociación del Fútbol Argentino, liderada por Claudio “Chiqui” Tapia, quedó en el centro de disputas judiciales y políticas luego de un paro que paralizó la actividad.

El conflicto se profundizó tras la ruptura con River Plate, generando un nuevo capítulo en una puja donde confluyen intereses deportivos, económicos y políticos.

En ese escenario, el Gobierno intenta marcar distancia. Mahiques aseguró públicamente que no tiene intención de intervenir para favorecer a la AFA, aunque dentro del mundo del fútbol algunos dudan de que esa neutralidad se mantenga.

Conclusión

Entre la presión de un contexto internacional incierto, una economía que todavía busca estabilidad y una política interna cada vez más intensa, el Gobierno de Milei entra en una fase de consolidación de poder.

La creciente influencia de Karina Milei dentro del aparato estatal y la estrategia confrontativa del Presidente frente a sectores empresariales tradicionales anticipan un período donde el oficialismo parece dispuesto a profundizar su estilo disruptivo, aun a riesgo de sumar nuevos adversarios en el camino.