Karina Milei consolida su poder y marca el rumbo de la nueva etapa del Gobierno

La reorganización del Ministerio de Justicia terminó de confirmar algo que desde hace meses se percibía en la Casa Rosada: Karina Milei se convirtió en la figura central del gobierno de su hermano. Con la designación de Juan Bautista Mahiques al frente de esa cartera, la secretaria general de la Presidencia terminó de definir una nueva etapa política en la administración de Javier Milei.

El movimiento no sólo implicó un cambio de nombres. También expuso el desplazamiento relativo del asesor presidencial Santiago Caputo, hasta ahora considerado uno de los integrantes del llamado “triángulo de hierro” del poder libertario.

Del bajo perfil al control político

Durante el primer tramo del gobierno libertario, Karina Milei se movió con discreción. Su rol principal era proteger al Presidente, filtrar el acceso al entorno más cercano y ofrecer consejos en privado.

Mientras tanto, Caputo avanzaba sobre la estructura del Estado y se consolidaba como el estratega político del oficialismo tras la salida del exjefe de Gabinete Nicolás Posse. Su influencia se extendía desde la comunicación hasta las relaciones con jueces, empresarios y sindicalistas.

Ese equilibrio empezó a modificarse el año pasado, cuando Karina asumió un papel más visible al conducir la expansión territorial de La Libertad Avanza y liderar la estrategia electoral. Desde entonces comenzaron a evidenciarse diferencias con Caputo sobre el rumbo político del oficialismo: ella impulsaba candidatos propios en todo el país, mientras el asesor prefería sellar acuerdos con gobernadores.

El golpe interno en Justicia

El nombramiento de Mahiques terminó de sellar ese cambio de poder interno. La decisión se tomó sin participación de Caputo y dejó fuera de juego a su principal referente en el área, Sebastián Amerio.

La sorpresa fue total. Según versiones del propio oficialismo, el asesor presidencial se enteró de la designación al mismo tiempo que el resto del Gobierno, a través de las redes sociales. Para muchos en la Casa Rosada, fue la primera señal pública de que el poder interno se estaba reconfigurando.

La designación también incluyó el desembarco del abogado Santiago Viola como operador judicial del nuevo esquema.

Las causas judiciales como detonante

Detrás del movimiento hubo una motivación concreta: la preocupación de Karina Milei por el avance de las investigaciones que la involucran, entre ellas las vinculadas al caso Libra Gate y a irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad.

En ese contexto, la hermana del Presidente empezó a seguir de cerca el funcionamiento del sistema judicial. Analizó pliegos de magistrados, se interesó por el trabajo del Consejo de la Magistratura de la Nación Argentina y promovió nuevos aliados políticos dentro de ese organismo.

El objetivo era claro: contar con interlocutores confiables en los tribunales federales.

Un giro en la relación con la Corte

La llegada de Mahiques también generó una mejora en el vínculo entre el Gobierno y la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, encabezada por Horacio Rosatti.

En el máximo tribunal consideran prioritario cubrir las más de 200 vacantes de jueces federales y nacionales, que hoy representan más de un tercio del sistema judicial. Ese atraso era uno de los principales reproches hacia la gestión anterior.

El nuevo ministro ya anticipó que buscará avanzar en ese proceso y abrir una etapa de diálogo con la Corte sobre reformas legales, entre ellas una eventual actualización del Código Penal.

El fin del impulso antisistema

El avance de Karina Milei no sólo reorganiza el equilibrio interno del Gobierno. También refleja una transformación más profunda en el proyecto político libertario.

La retórica antisistema que dominó la campaña presidencial —impulsada por el núcleo militante conocido como las “Fuerzas del Cielo”— empieza a convivir con una práctica política más tradicional: acuerdos con gobernadores, construcción partidaria territorial y vínculos con el sistema judicial.

Ese cambio también se ve en el armado de una nueva estructura militante dentro de La Libertad Avanza, impulsada por dirigentes cercanos a Karina como Martín Menem y Sebastián Pareja.

Un oficialismo en transición

La consolidación del poder de Karina Milei marca así un punto de inflexión en el gobierno libertario. La lógica disruptiva que llevó a Milei al poder comienza a ceder lugar a una estrategia más institucional y pragmática.

Para algunos dirigentes libertarios, ese proceso representa una adaptación inevitable al ejercicio del poder. Para otros, implica el abandono gradual del espíritu original que impulsó al movimiento.

En cualquier caso, el resultado es claro: el centro de gravedad del Gobierno se desplazó. Y hoy, más que nunca, la dinámica del oficialismo gira alrededor de la figura de Karina Milei.

Esta nota se elaboró a partir de información y análisis publicados por Jorge Liotti en LA NACION.